El Tío Lolo en la reforma electoral
La mascarada previa a la reforma electoral todavía inconclusa, con fuerte intención de hegemonía, le permite a Morena aparentar legitimidad en un interminable juego de espejos, simulaciones y trampas a la ley, y le ha dado también oportunidad de ver cómo los opositores —paradójicamente— juegan a colectivizar al Tío Lolo, quien antes se entretenía sólo y se hacía pendejo en solitario. Ahora es epidemia.
Morena (desde antes de serlo) ha ido de vuelo en vuelo en los trapecios de la simulación democrática. Así comenzó Andrés López su carrera formal, sobre la pista de la legitimidad para recibir el visto bueno de Zedillo y derrotar —sin residencia— a Santiago Creel en la jefatura del entonces Distrito Federal. En aquellos años, el PRI veía en el PAN a un aliado y simultáneamente a un opositor con quien, en ejercicio tiololista, pervertir la democracia con las “concertacesiones”, menos en la capital.
Al estilo de Lolo, Morena ha inventado consultas y revocaciones; ha truqueado mayorías imbatibles mediante la sobrerrepresentación; ha podrido gobiernos estatales (Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Campeche); inflado a rémoras (PT, Verde) y simulado Parlamentos Abiertos, donde el verbo escuchar no produce atención, ni menos respeto o incorporación de cualquier propuesta contraria a la orden más conocida: no tocarles ni una coma a las iniciativas superiores.
Luego de participar en el onanismo (enanismo), los opositores se cobijan en la comodidad del sacrificio infructuoso: nosotros cumplimos nuestra parte.
Es muy triste el ridículo obsequioso, cuando se juega —a ciencia cierta— contra fulleros y tahúres de la política, cuyas cartas están marcadas y todos sus dados brincan cargados. ¿Para qué? Para ayudarlos, a fin de cuentas.
Morena cumple su cometido: avasallar todo para impedir el acceso de cualquier otra fuerza. Su sueño es un reino de mil años. No lo va a conseguir, pero quizá cubra dos o tres sexenios más. Para eso cuenta con varios elementos en su favor: el poder completo y la inexistencia de una oposición vertebrada y eficiente.
La izquierda en México tomó el poder subsidiada, tolerada y estimulada por los gobiernos postrevolucionarios embriagados por su invencible autosuficiencia. Alimentaron a sus adversarios en lugar de tratarlos como enemigos.
Morena no es tan ingenua. Simula en una pista del circo y en la otra abre la jaula y saca a los leones.
Ha dicho la Presidenta (con A): ya leí las iniciativas de Claudio X, Lorenzo y Ugalde; son muy malas. No sirven. A otra cosa.
—¿De veras esos señores esperaban otra cosa?
Los Lolos no sorprenden. Se prestaron a un proceso inútil, como si no supieran el resultado. Son comparsas —quizá involuntariamente— en la simulación. Eso es peor.
POR RAFAEL CARDONA
COLABORADOR
@CARDONARAFAEL
MAAZ