¿Para qué quiero que venga el Mundial a mi ciudad?

¿Para qué quiero que venga el Mundial a mi ciudad?

En Ciudad de México hay un buen número de canchas, albercas, auditorios, campos de tiro y de entrenamiento, edificios de oficinas y hasta viviendas que heredamos de los Juegos Olímpicos de 1968 y del Mundial de Futbol que se dio dos años después.

El mismo estadio que será sede para la inauguración de este Mundial es muestra de eso.
En muchos sentidos, la ciudad se revitalizó y se modernizó a partir de esos eventos multitudinarios que hospedó en esa década.

Pero esta vez las obras son un poco más… sutiles. Para poner un término generoso.

El gobierno de Clara Brugada apostó por una serie de remodelaciones y ¿mantenimiento? de infraestructura que ya existía en la ciudad.

Es así como tuvimos algunas remodelaciones —programadas desde antes, pero empacadas como nuevas— en líneas del metro. También algunas rutas de tren ligero y metrobús y algunos tranvías en la zona centro que buscan aliviar la carga que implica el incremento de turistas en la ciudad a propósito de los partidos.

La ciudad incluso había calculado algo de inversión en infraestructura del agua. Poner a punto algo del sistema para que las lluvias no colapsen el sistema si es que en las fechas que siguen tenemos lluvias atípicas que ya son costumbre en esta temporada.

La diferencia entre lo que obtuvo la ciudad en una temporada quizá no es una comparación justa. Los entornos económicos y la posibilidad de crecimiento en la década de 1960 y los tiempos actuales tienen mucho que ver, sin embargo, no podemos dejar de remarcar una falta de propósito.

El problema no es que no haya una obra gigantesca, el problema creo es que tampoco tenemos una visión de ciudad que pueda hacer frente a un evento tan masivo como el que viene.

La ciudad simplemente se concentra en tratar de sobrevivir a la ola y no desbordarse entre problemas de movilidad, aglomeraciones, protestas sociales e incluso de vivienda.

Los efectos del Mundial los vemos ahora, pero también apunta a que tendremos efectos permanentes como el incremento de precios y la dinámica de las plataformas de hospedaje que han transformado barrios enteros.

Es por eso que la duda genuina persiste. Yo como ciudadana de a pie, ¿para qué quiero que un evento tan enorme venga a la ciudad?

Hasta ahora, solo nos ha costado colapsos en el metro con las labores de remodelación, que además no nos han dejado muy claros sus efectos. Las escaleras siguen sin servir, las goteras permanecen y en el caso de algunas estaciones, como Viaducto y General Anaya, los usuarios en las redes sociales reclamaron que algunos vitrales se retiraron sin que quede claro si van a volver a instalarse.

Para ser justos, quizá debamos mencionar la aportación que podríamos llamar como de largo plazo en la calzada de Tlalpan. La ciclovía podría marcar un cambio en el sistema de transporte de algunas personas aunque todavía tiene cosas por mejorar. La derrama turística puede ser otra luz, pero hará falta ver las cifras finales.

Mientras rueda el balón ojalá podamos encontrar los beneficios que traerá a la ciudad que nos hayamos llenado de fiebre mundialista.

    @Micmoya