Tamara Falcó ante la inminente visita del Santo Padre: "Huyo de la etiqueta de 'influencer de Dios', no soy ejemplo de nada perfecto"

Tamara Falcó ante la inminente visita del Santo Padre: "Huyo de la etiqueta de 'influencer de Dios', no soy ejemplo de nada perfecto"

Huye despavorida de la etiqueta de “influencer de Dios” aunque, durante años, su fe pareciera una antorcha en un la inmensidad del negro océano, fuera motivo de chanza por ser usuaria de una app de Misas que no de citas, y sus frases como que el papa fuera la pera suscitaran estupor y ternura a partes iguales. Y sin embargo, con una sinceridad aplastante, Tamara ha conseguido que nadie se ría y eso que tampoco se siente concernida con ese apelativo porque, bajo ningún concepto, se considera un ejemplo de perfección. Para Tamara Falcó, la fe no es una pose, ni ética ni estética, ni tampoco una armadura que la evite el sufrimiento, ni siquiera un manual de comportamiento. 

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Tamara Falcó ante la inminente visita del Santo Padre© Getty Images

Para la marquesa de Griñón y estrella televisiva, la fe es una “compañía” que le otorga paz y dirección en un mundo que gira a mil por hora. Que ni hablamos ya del metaverso… Ha aprendido a encontrar en la oración esa manta con la que se arropa en el frío de la incomprensión y los juicios digitales o ese aire fresco en los momentos de asfixia y ruido y foco. Y lo logra acudiendo a la Virgen como a una madre y descubriendo que su verdadero valor como persona no se mide jamás por el impacto de una portada, un titular o el ruido ensordecedor de la fama. Tamara reivindica el goce terrenal: disfruta apasionadamente de la moda, de los viajes y de las celebraciones con su círculo íntimo, demostrando que la espiritualidad no está reñida con pasarlo bien, sino que le da sentido. 

Sabe perfectamente lo que es sentir un vacío incomprensible cuando, aparentemente, se tiene todo materialmente, y por eso invita a quienes huyen de sí mismos a apagar todo eso que ensordece para atreverse a hacer una petición sencilla al cielo. Ahora, a las puertas de la inminente visita del Papa León XIV a España —a quien, asegura, le daría las gracias por su entrega y le prometería rezar mucho por él—, la hija de Isabel Preysler hace un break para hablar de Dios con nosotros. O lo que es lo mismo, de de la urgencia de la empatía y el perdón en la era de la cancelación, de la importancia de ser coherente con lo que uno cree y con lo que uno hace, elige y trabaja, de su rechazo a los falsos perfeccionismos cuando son imposibles y de por qué, a veces, basta con un poco de curiosidad para dejarse sorprender. También, alzando la mirada y escuchando unos segundo al Santo Padre.

Tamara Falcó a las puertas de la inminente visita del Papa León XIV a España © Getty Images

Si tuvieras que definir tu fe a alguien que jamás ha oído hablar de Dios, ¿cómo le explicarías lo que sientes?

Para mi la fe es vivir con la certeza de que hay algo más grande que uno mismo. No lo siento como una idea abstracta, sino como una compañía muy real en mi vida. La fe me ayuda a confiar cuando las cosas no salen como esperaba y también a agradecer lo bueno. Y en un mundo en el que vamos tan deprisa, para mí es un regalo enorme.

En un mundo que va a mil por hora y donde reina la inmediatez, ¿qué te aporta tu relación con Cristo en tu día a día?

Me aporta, sobre todo, paz y dirección. Creo que vivimos muy deprisa, con muchísimos estímulos y con la sensación de que todo tiene que resolverse en el ahora. Y mi relación con Cristo me ayuda a confiar, a relativizar lo que no es tan importante y a intentar vivir el día con más amor, con más paciencia y con más sentido. Aunque, evidentemente, no siempre lo consigo.

¿Cómo es tu diálogo diario con Dios?

Intento que sea algo muy sencillo, pero constante. La oración me ayuda a empezar el día poniéndome en sus manos, y también acudo mucho a la Virgen. Para mí, la Virgen es una madre. Pero intento que ese diálogo esté siempre ahí para dar gracias, pedir ayuda y También para pedir perdón.

 Tamara Falcó: © Getty Images

¿Te has sentido alguna vez un "bicho raro" por defender públicamente tu fe?

Creo que eso está cambiando mucho. La realidad es que estamos viendo un auge muy bonito del catolicismo, especialmente entre los jóvenes. Cada vez hay más personas que hablan de su fe con naturalidad. Creo que se ha normalizado bastante más decir ‘yo creo’, ‘yo rezo’, y vivirlo desde la libertad. Asi que la verdad es que me parece un avance porque la fe no debería esconderse ni vivirse como algo raro.

Al ser una figura pública, ¿el ser reconocido como cristiano, como creyente… estigmatiza? Porque tiene gracia que ser “famoso” y “católico” implique también “ser noticia”

Creo que durante mucho tiempo ha habido muchos prejuicios alrededor de la fe, como si por decir que eres creyente ya te pusieran una etiqueta. Y yo no lo vivo así. Para mí ser católica no significa ser mejor que nadie, ni más perfecta, ni tenerlo todo claro. Simplemente forma parte de quién soy y de cómo entiendo la vida. También creo que eso está cambiando. Cada vez se habla de la fe con más naturalidad, y me parece muy sano que no tenga que ser algo excepcional ni polémico. Ojalá llegue un momento en el que decir que eres católico no sea noticia, sino una parte más de ti.

¿Cómo uno se mantiene firme en tus convicciones sin dejarte arrastrar por la corriente?

Creo que, al final, tienes que tener claro quién eres y qué cosas son importantes para ti. Porque, si no, es muy fácil dejarte llevar por lo que se lleva en cada momento o por lo que opina todo el mundo. A mí la fe me ayuda mucho en eso, a ordenar, a tener más paz y a recodar cómo quiero vivir. Y también la familia, los amigos, la gente que te quiere de verdad… todo eso te sostiene muchísimo. No creo que se trate de ir dando lecciones a nadie. Cada uno tiene su camino. Pero sí de intentar vivir con coherencia, con naturalidad, sin imponer nada y sin esconder tampoco quién eres.

"En mi caso, la fe forma parte de mi vida, entonces tampoco tendría mucho sentido esconderla o hablar de ella como si fuera algo ajeno"

Tienes miles de seguidores en redes, eres protagonista de noticias en HOLA…. ¿Sientes la responsabilidad de ser un referente, una especie de "influencer de Dios"?

Lo de ‘influencer de Dios’ me da un poco de pudor, la verdad. Yo no me veo así. Me parece una responsabilidad enorme y tampoco creo que yo sea ejemplo de nada perfecto. Pero sí creo que, si tienes una vida pública y hay gente que te escucha, tienes cierta responsabilidad con lo que dices y con cómo lo dices. En mi caso, la fe forma parte de mi vida, entonces tampoco tendría mucho sentido esconderla o hablar de ella como si fuera algo ajeno. Intento vivirla con naturalidad. Sin dar lecciones, sin imponer nada, pero tampoco con miedo. Ojalá mi manera de vivir, con mis fallos también, pueda acercar a alguien a hacerse preguntas o a mirar la fe de otra manera, más cercana y más real.

¿Qué le dirías a una persona de tu edad que siente un vacío enorme, que lo tiene todo materialmente pero confía que no le encuentra sentido a la vida?

Le diría que eso le puede pasar a cualquiera; de hecho, a mí me pasó. A veces tienes planes, cosas, gente alrededor… y aun así sientes que hay algo que no termina de llenarte. Yo le diría que no intente taparlo con más ruido o con más planes. Que pare un poco, que se escuche y que no tenga miedo a hacerse preguntas importantes. Y, desde mi experiencia, que pruebe a acercarse a Dios de una forma muy sencilla, sin grandes discursos. A veces basta con decir: “Señor, si estás ahí, ayúdame”. Y también que se rodee de gente buena, que le quiera bien y le ayude a poner un poco de orden. Porque muchas veces el sentido no aparece de golpe, pero empieza cuando dejas de huir de esas preguntas.

Hay también un cliché que asocia a las personas religiosas como “mojigatas” o ajenas a la realidad o la diversión “normal”...

Yo creo que ese tópico está muy pasado de moda. Ser católico no significa vivir triste, ni ser aburrido, ni estar fuera del mundo. Al contrario, cuando vives la fe con naturalidad, creo que te ayuda a disfrutar más y mejor. A mí me encanta la moda, estar con mis amigos, viajar, celebrar, reírme… y no veo ninguna contradicción. La clave, quizá, está en vivir todo eso con sentido, sabiendo qué cosas te hacen bien y cuáles no.

Tamara Falcó, expectante ante la visita del Papa León © GTRES

La fama es super atractiva y el éxito, mucho más… pero a veces, uno, en la cumbre, se puede sentir muy solo o muy vacío. ¿Cómo te ayuda tu fe a mantener los pies en la tierra y no creerte tu propio personaje?

Yo creo que, en mi caso, la fama ha sido algo que me ha venido un poco dado, así que no lo he vivido como algo que llegara de repente y me cambiara la vida. Siempre ha formado parte de mi realidad, de una manera u otra. Pero aun así, hay que tener cuidado para no confundirse. Porque una cosa es lo que se ve desde fuera, o la imagen que la gente puede tener de ti, y otra muy distinta es quién eres tú de verdad. De hecho, a mí la fe me recuerda que mi valor no está en una portada, ni en un titular. Y luego está mi familia, en casa siempre se ha vivido todo con bastante naturalidad, y creo que eso me ha ayudado a no darle más importancia de la que tiene.

¿De qué manera influyen tus valores cristianos a la hora de tomar decisiones en tu trabajo o de elegir tus proyectos?

Yo creo que influyen bastante, aunque muchas veces de una forma muy sencilla. Al final, cuando tienes fe, intentas que lo que crees y cómo vives no vayan por caminos completamente separados. También en el trabajo. A mí me ayuda a preguntarme si un proyecto va conmigo, si me siento tranquila haciéndolo y si es coherente con la persona que quiero ser. No significa que todo tenga que tener un mensaje religioso, ni muchísimo menos. Pero sí intento elegir cosas que pueda defender con naturalidad y con las que me sienta en paz.

¿Cómo aplicas el perdón en un mundo que juzga tan rápido a través de una pantalla?

Yo creo que hoy todos opinamos demasiado rápido, ¿no? Y en redes es muy fácil juzgar a alguien por una frase, por un titular o por un error, sin saber realmente qué hay detrás. Para mí, perdonar no significa justificarlo todo ni hacer como si no hubiera pasado nada. Pero sí intentar mirar al otro con un poco más de humanidad. Todos nos equivocamos, todos metemos la pata, y a ninguno nos gustaría que nos definieran solo por nuestro peor momento. Antes de señalar tan rápido, tenemos que parar un segundo y pensar: “yo también podría equivocarme”.

"Al Papa le daría las gracias por su entrega, por haber dicho que sí y por asumir una responsabilidad tan grande"

¿Qué crees que tiene este Papa para que los jóvenes se sientan llamados a llenar estadios y calles para escucharle?

Yo creo que los jóvenes, aunque a veces parezca que no, buscan algo de verdad. No solo planes, ruido o cosas rápidas, sino algo que les llegue de verdad y les dé sentido. Y quizá el Papa consigue eso: hablar de temas profundos, pero de una forma cercana, que conecta. Les recuerda que la fe no es algo antiguo ni aburrido, sino algo vivo, que puede darte alegría y una manera distinta de mirar la vida. También creo que ver a tantos jóvenes juntos por lo mismo ayuda mucho. Te das cuenta de que no estás solo, de que no eres el único que se hace preguntas o que busca algo más.

Si tuvieras un minuto a solas con el Papa, ¿qué le dirías?

Le daría las gracias por su entrega, por haber dicho que sí y por asumir una responsabilidad tan grande. Y, si pudiera pedirle algo, le pediría su bendición. También le diría que rezamos por él, porque creo que lo necesita muchísimo.

Para terminar, lanza un mensaje a ese chaval o chavala que nos está leyendo, que está dudando si acercarse o no a los eventos del Papa este verano

Le diría que vaya, que no le dé tantas vueltas y que se permita vivirlo, aunque vaya con dudas, con pereza o incluso con un poco de vergüenza. A veces pensamos que para acercarnos a algo así tenemos que tener una fe perfecta o tenerlo todo clarísimo, y no es así. Puedes ir simplemente con curiosidad, con ganas de escuchar algo distinto o de ver qué pasa. Estos encuentros tienen algo especial porque ves a muchísima gente joven, normal, con ganas de vivir la fe con alegría, y eso te cambia un poco la mirada. Así que le diría que vaya, que se deje sorprender y que no tenga miedo a hacerse preguntas.