Ana Utrilla, interiorista, sobre las tendencias en decoración: “Las casas que más recuerdo no son las más espectaculares, son las que transmiten calma”
Ana Utrilla, interiorista, sobre las tendencias en decoración: “Las casas que más recuerdo no son las más espectaculares, son las que transmiten calma”
Decorar tu casa parece fácil. Basta con abrir redes sociales o revistas de decoración para encontrar interiores perfectos, bien iluminados y sin margen de error. Todo invita a pensar que solo tienes que replicar esa fórmula en tu propia vivienda. Pero cuando lo haces, algo falla. “El problema empieza cuando dejamos de preguntarnos qué necesitamos nosotros y nos ponemos a copiar la casa de otra persona”, nos explica la interiorista Ana Utrilla (anautrilla.com). Ahí está el punto de partida. Las tendencias en decoración pueden ayudarte a descubrir ideas, materiales o combinaciones, pero no pueden sustituir tu forma de vivir. Porque una casa no es una imagen fija. Es un espacio en movimiento, lleno de rutinas, cambios y necesidades reales.
Durante años se ha asociado una casa bonita con una casa impecable. Pero esa idea se queda corta. “Nos han vendido que una casa ‘bonita’ es la que aguanta bien una visita de cinco minutos”, dice la experta. Sin embargo, la decoración no debería pensarse para ese momento puntual. “Yo prefiero pensar en quien la vive los otros 364 días del año”. Cuando cambias esa perspectiva, cambian también tus decisiones. Empiezas a priorizar lo que te facilita la vida. Lo que te hace sentir bien. Y eso es lo que realmente construye un hogar con personalidad.
Copiar tendencias desconecta tu casa de tu vida real
Las tendencias en decoración tienen algo en común: no están pensadas para ti. Funcionan como referencia general, pero no como solución concreta. “Las tendencias inspiran, y está bien que lo hagan”. El problema aparece cuando las conviertes en norma. “Dejamos de preguntarnos qué necesitamos nosotros”.
Y eso tiene consecuencias. Empiezas a tomar decisiones basadas en lo que ves, no en lo que vives. Copias distribuciones, colores o muebles sin analizar si encajan contigo. “Una casa responde a cómo vives de verdad o se queda en un decorado”. Y vivir en un decorado, a largo plazo, resulta incómodo. Porque no responde a tu ritmo, ni a tus hábitos, ni a tus prioridades.
Existe la idea de que una casa con personalidad necesita piezas únicas o grandes inversiones. Pero no es así. “No son las piezas especiales. Es que la casa cuente algo de quien vive en ella”, dice Ana. Esto cambia el enfoque por completo.
No se trata de acumular objetos llamativos. Se trata de tomar decisiones coherentes. De construir un espacio que tenga sentido contigo. “Me interesan las casas donde todo está donde tiene que estar”, explica. No por estética, sino por funcionalidad. Porque responde a una forma de vivir concreta. “Hay hogares que impresionan nada más entrar… y otros que te hacen bajar el ritmo”, nos dice Ana. Y esos últimos suelen ser los que mejor funcionan en el día a día.
Integrar tendencias sin perder identidad es posible
No necesitas ignorar lo que está de moda para tener una casa con carácter. Pero sí necesitas cambiar el orden de prioridades. “No hace falta renunciar a nada”, dice la interiorista. De hecho, lo importante es el papel que le das a la tendencia: “Hay que quitarle el papel protagonista”. Es decir, no empezar por ella.
Primero analizas tu casa. Después decides qué sumar. “Una tendencia da ideas, no debería tomar decisiones por ti”, nos cuenta Ana. Cuando haces esto, el resultado deja de depender de lo que se lleva ese año. “Responde a una persona, no a una moda”, añade. Y eso hace que el espacio tenga más recorrido en el tiempo.
Las redes sociales muestran solo una parte de la historia
Uno de los errores más frecuentes al decorar es “olvidar que una foto es un instante y una casa es todos los días”, dice la experta. Las redes sociales enseñan el resultado final, pero no el proceso ni el uso real. “Una imagen no te enseña dónde se dejan las mochilas al volver del cole”, dice Ana. Tampoco te enseña el caos de una mañana cualquiera o la improvisación de una cena rápida.
“Las casas reales tienen prisas, ruido y también silencios”, explica. Si no tienes en cuenta esa dimensión, acabas diseñando un espacio poco funcional. “Acabas viviendo para mantener la casa en lugar de que la casa te cuide a ti”, añade. Y ese desgaste se nota.
Antes de elegir cualquier elemento decorativo, necesitas entender cómo usas tu casa. “Para mí es el punto de partida, antes que cualquier color o material”. Esto implica observar. Detectar patrones. Identificar problemas. Según Ana, debes fijarte en cosas como “ese momento del día en el que disfrutas más en casa, qué es lo que te genera estrés o qué rincón no usas nunca”. Son preguntas simples, pero muy reveladoras.
“Muchas veces el problema no es estético: es la relación que tenemos con la casa”, sentencia. Cuando mejoras esa relación, todo cambia. El espacio deja de ser un obstáculo y se convierte en un aliado.
La autenticidad se refleja en las decisiones pequeñas
Una casa auténtica no se define por un gran gesto, sino por muchos pequeños aciertos. “Tiene más que ver con decisiones tomadas con calma”. Con elegir lo que necesitas, no lo que se espera. “Una casa se vuelve única cuando deja de intentar parecerse a otra”. Esto implica renunciar a la comparación constante. Apostar por lo que tiene sentido para ti. “No hace falta una gran inversión ni muebles exclusivos”. De hecho, muchas veces la clave está en reutilizar, adaptar o simplificar. “Las casas que más recuerdo no son las más espectaculares, son las que transmiten calma”, nos cuenta.
Puedes acertar con el estilo y fallar en la base. La distribución es lo que realmente define cómo se vive un espacio. “Una distribución que hace que el día fluya” tiene más impacto que cualquier tendencia. No se trata solo de colocar muebles de una u otra manera, sino de facilitar movimientos, evitar obstáculos y optimizar el uso. “¿Cómo quiero vivir aquí?”. Esa pregunta debería guiar todo el proceso. Porque cuando la distribución funciona, la casa acompaña. Y cuando no, genera fricción constante.
El orden no es solo una cuestión estética. Es una cuestión de bienestar. “Muchas veces el problema no es estético: es la relación que tenemos con la casa”, dice la interiorista. Si no tienes suficiente espacio para guardar, el desorden aparece. Y con él, la sensación de caos. “Cuando el espacio te acompaña, todo se vuelve más fácil”, explica. Por eso, el almacenaje debe pensarse desde el inicio: integrado, accesible y adaptado a tu rutina. No como un añadido de última hora. Porque una casa práctica no solo se ve mejor… se vive mejor.
Durante mucho tiempo se ha decorado pensando en los demás. En la visita, en la foto, en la aprobación externa. Pero eso está cambiando. “Un hogar no debería ser el sitio donde gastas toda tu energía”, dice Ana. Debería ser justo lo contrario. Un espacio que te recarga. “Cuando el espacio te acompaña, todo se vuelve más fácil”, dice Ana. Esto implica priorizar el bienestar sobre la estética. Elegir lo cómodo frente a lo perfecto. Y entender que una casa vivida no es una casa descuidada. Es una casa real.
Las tendencias cambian rápido. Tu casa, no tanto. Por eso, es importante tomar decisiones con perspectiva. Ana nos invita a que nos hagamos “una pregunta muy sencilla: ¿cómo quiero vivir aquí?”. Esa respuesta te ayuda a filtrar. A elegir mejor. A evitar cambios constantes.
“Si esa respuesta guía la distribución, la luz o el almacenaje, la casa sigue teniendo sentido con el tiempo”, continúa. Porque ya no depende de lo que se lleva. Depende de ti. “Las tendencias cambian y los gustos también, pero una casa que te facilita la vida, que te deja descansar, que no te exige estar perfecta para disfrutarla, esa rara vez deja de gustarte”, finaliza.