Andy Burnham o cómo un alcalde metropolitano ha acabado en Downing Street
Fue el verano de 2016. Jeremy Corbyn era líder de la oposición y su gabinete en la sombra caía a pedazos, desangrado por una oleada de dimisiones tras el referéndum del Brexit. En mitad de aquel caos, Andy Burnham, que el año anterior había perdido por segunda vez la carrera por el liderazgo laborista, anunció su candidatura a la recién creada Alcaldía de Gran Mánchester, dotada de amplias competencias en materias hasta entonces reservadas a Westminster. Acabaría imponiéndose con el 63% de los votos y mayoría en los 10 distritos de la región.
"Hoy amanece una nueva era, no sólo para esta ciudad-región, sino para todo el país. Vamos a cambiar la política para ponerla al servicio de la gente", proclamó Burnham en su discurso de victoria. Era el germen de lo que se acabaría conociendo como "Manchesterism", un modelo político que combina un socialismo "business-friendly" con la cultura como vehículo de identidad cívica y que nueve años más tarde lo ha impulsado hasta Downing Street.
Nunca fue una vuelta al municipalismo clásico. Burnham actualizó una tradición profundamente arraigada en Mánchester: la de combinar el libre mercado con un fuerte compromiso social. En la misma ciudad en la que los comerciantes algodoneros defendían el libre comercio al tiempo que surgían los sindicatos y el movimiento sufragista, el ya ex alcalde apostó por atraer inversión, reclamar una mayor autonomía frente al Gobierno central y utilizar ese crecimiento para reforzar los servicios públicos y reducir la desigualdad.
Los resultados son visibles. Gran Mánchester registró el mayor crecimiento económico de cualquiera de las 46 subregiones británicas entre 2017 y 2023, con un 17,4%, y mantiene un ritmo anual del 3,1%, el doble de la media nacional, según un informe publicado por la Administración metropolitana en enero. La región también ha registrado la mayor reducción de la pobreza urbana del Reino Unido, con una caída de 17 puntos porcentuales entre 2010 y 2025, según los datos publicados en mayo por el think tank Centre for Cities.
Ese crecimiento también ha transformado el rostro de la región y, especialmente, el de la ciudad de Mánchester. Por primera vez en décadas, el flujo de población entre las dos mayores urbes británicas se ha invertido. Las últimas cifras sobre migración interna muestran que más personas se trasladan de Londres a Mánchester (13.000) que en sentido contrario (11.800), atraídas por un coste de vida más asequible y un mercado laboral en expansión. La mayor autonomía que goza la región también ha permitido acelerar la construcción de vivienda asequible y social, con 18.433 nuevos hogares levantados entre 2017 y 2025. Además, proyectos de regeneración urbana han revitalizado municipios históricamente industriales como Stockport gracias a importantes inversiones -66.2 millones de euros, en su caso- destinadas a vivienda, comercio y espacios públicos.
El legado más visible de Burnham, no obstante, es de color amarillo canario y lleva estampada una abeja negra. "Siempre nos acordaremos de él por los autobuses. No hay manera de no verlos", se ríe Maureen, viuda de 88 años que reside en Stockport, en conversación con EL MUNDO. En 2021, el político anunció que devolvería los autobuses al control público por primera vez en tres décadas, con el objetivo de crear un sistema de transporte plenamente integrado, con tarifas más bajas y una mayor frecuencia de paso. La nueva red fue bautizada como "Bee Network", en alusión a la abeja, símbolo histórico de la tradición industrial de Mánchester, que se convirtió en un emblema de unidad y resiliencia tras el atentado terrorista de 2017.
"Ahora nos movemos mucho más", cuenta Maureen. "Con el tope al precio diario y el fin de las restricciones en hora punta para los mayores, salir resulta mucho más fácil. Ha sido un chaleco salvavidas para la salud mental y física de las personas mayores, que ahora salen con más frecuencia, y también para la economía local, porque la gente sale a comprar más".
Pero el rasgo más distintivo del mandato de Burnham fue convertir la cultura en una herramienta de identidad cívica. "Mánchester nunca ha carecido de confianza en su cultura y su prestigio internacional existía mucho antes de Burnham. Pero, en lugar de tratarla como un simple atractivo turístico, él la situó en el centro del crecimiento económico -con la apertura de Aviva Studios, que alberga la Festival Internacional de Mánchester-, la educación, la regeneración urbana y la construcción de identidad. La cultura dejó de ser un complemento para convertirse en una política pública", explica Kirsty Fairclough, profesora de Estudios Cinematográficos de la Universidad Metropolitana de Mánchester. "Al entender la cultura como un patrimonio compartido por los 10 municipios, ha ayudado a construir una identidad más cohesionada para Gran Mánchester".
Es cierto que no todo salió como había prometido. Cuando llegó a la Alcaldía, Burnham se comprometió a erradicar el sinhogarismo antes de 2020, un objetivo que nuncó llegó a cumplir. Aunque el lanzamiento del programa A Bed Every Night -ofrece una cama y apoyo personal para los más necesitados- redujo en torno a un 45% el número de personas que dormían al raso, las cifras han vuelto a aumentar en los últimos años, al calor de la crisis de vivienda que atraviesa el país. También abandona una autoridad metropolitana mucho más endeudada que la que recibió, un 39% más que cuando llegó en 2017, según un reciente análisis de The Telegraph.
Con este balance, Burnham regresa ahora a Westminster. Para Kirsty Fairclough, el reto no consiste en convertir todo el país en Mánchester, sino en "trasladar esa filosofía al plano nacional para que cada región construya su propia identidad cultural y conciba la cultura como un motor de crecimiento económico, bienestar social y sentimiento de pertenencia". ¿Podrá el Manchesterism replicarse a escala nacional y ofrecer al Partido Laborista una vía para frenar el auge de la ultraderecha de Nigel Farage?