Bad Bunny desata la locura en su segundo concierto en el Metropolitano: del perreo máximo a Los Javis e Hiba Abouk

Bad Bunny desata la locura en su segundo concierto en el Metropolitano: del perreo máximo a Los Javis e Hiba Abouk

Bad Bunny no ha venido a Madrid a dar un concierto (o diez), lo suyo es remodelar el estado de ánimo de toda una señora metrópolis europea para convertirla en una chavala isleña mecida por los vientos tropicales del Caribe. En la segunda noche del puertorriqueño en el Riyadh Air Metropolitano, el conejo volvió a arrasar con todo lo preestablecido para construir, durante casi tres horas, una sucursal del Viejo San Juan en donde vivir y abandonarnos a lo bueno de la vida. Y así, entre el delirio colectivo, el networking VIP en su ya célebre 'Casita' y una sobredosis de salsa -y una orgía de perreo-, el artista volvía a demostrar por qué es el fenómeno cultural más aplastante de nuestra Era. “Gracias por esperarme todos estos años y recibirme con el mismo amor”, dijo el cantante. Pero el amor (y lo que sigue) nos lo hizo él. De principio a fin.

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Eran las 20:05 horas y el sol aún caía a plomo sobre el templo colchonero pero, de pronto, al tiempo que él emergía del suelo, todos los demás caíamos en la cuenta de que se avecinaba un huracán en forma de brisa fresca. Se hacía el silencio, un silencio absoluto en la pista. Benito Antonio Martínez Ocasio, con un impecable traje beige de chaqueta cruzada y grandes solapas como si de un crooner de Copacabana se tratara, se quedaba inmóvil, escrutando con una media sonrisa a las 64.000 almas que abarrotaban el estadio tras sus gafas aviator color miel. Y cuando todavía no había sonado ni un solo acorde de La Mudanza, solo el ensordecedor rugido del público rompía con la fascinante paradoja del espacio tiempo que, a ojo de este que te escribe, envuelve todo su espectáculo: Bad Bunny ha montado una de las infraestructuras más mastodónticas y apabullantes que se recuerdan de la música en vivo, para vertebrar sin embargo un mensaje que apela a la sencillez y a los sentimientos puros. 

"Las cosas sencillas parecen pequeñas pero en realidad son muy grandes". Y ahí radica la magia. Ante el despliegue de luces de león, una pantalla que parece kilométrica y una explosión de sonido, el conejo, como un tren bala, fue directo al corazón: "No piensen con rencor en el pasado, no se puede cambiar, no se preocupen por el futuro que nadie sabe qué va a pasar mañana, aprovechen cada segundo que Dios nos regala. Porque mientras uno está vivo, vamos a vivir lo mejor que se pueda". Porque lo más sorprendente de esta superproducción es que es sorprendentemente súper íntima.

Bad Bunny, el artista puertorriqueño, durante su 'show' en Madrid© Getty Images
El artista puertorriqueño ofrecerá diez conciertos en la capital entre el 30 de mayo y el 15 de junio como parte de su gira mundial "DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour"

La salsa, el sastre y las raíces  

 Y en esa oda a la vida, Bad Bunny arranca con sus raíces. “Ustedes ya son boricua”, dice. Y entre un público que parecía confirmar sus palabras -aunque las banderas de todos los puntos del planeta se enarbolaban en las pistas y las gradas- Madrid era más boricua que nadie al son de Los Sobrinos, la orquesta caribeña de 16 músicos que, a golpe de trompeta y bajo, son capaces de hacer de un estadio una sala de baile para el mambo y la salsa. Porque a La Mudanza le siguió Callaíta, y a Callaíta, Pitorro de coco, que el jazz, el son, o la salsa terminan o empiezan donde no acaba ni comienza el otro. Y si quieres saber más… Ya sabes que en HOLA le hemos dedicado un número especial. 

Benito no daba puntada sin hilo. Su traje de sastre y su actitud ceremoniosa demostraban que el reguetón no es hijo directo de la salsa, pero comparte su misma vocación: el roce, la fiesta, y el disfrute en todos los sentidos: "Vamos a convertir esta tarde en una que no olvidemos nunca. ¿Están 'ready' para lo que viene? ¿Lo están pasando cabr*n?".

Un retrato de cerca a Bad Bunny durante su 'show'© Getty Images
Madrid se volvió más boricua que nunca al ritmo de Los Sobrinos, la orquesta caribeña de 16 músicos que, a golpe de trompeta y bajo, convierte cualquier estadio en una pista de baile de mambo y salsa

'La casita': el palco Vip más codiciado y la azotea más perra  

 Y el concho que también ha cruzado el charco, apareció en escena para peguntar por donde caía el templo de Debod al tiempo que "BB" cambiaba de ropa. Era momento de cambiar de hábitat. Porque si el escenario principal es el altar a los orígenes, con luces hipercinéticas, láseres, fuego y sonido de última generación; el segundo, más chiquito y popular, es en realidad el club privado más exclusivo que se recuerda, ese porche donde hay que estar aunque no corra el aire (o precisamente por eso). 

Este rincón, que replica la estética de una vivienda típica de Puerto Rico, a donde Benito acude ya en chándal, pantalón corto y chicle, un chicle eterno con el que canta todas sus canciones más reguetoneras como en un homenaje a Rosalía y su Malquerer, se ha convertido en la zona noble más exclusiva y viral de Madrid. Y y ni que decir tiene, su azotea. Y es que, si en su noche inaugural vimos desde allí abanicarse a Ester Expósito y recogerse el pelo a María León y a Ana de Armas, Marta Ortega y Chiara Ferragni mover las caderas con Tití me preguntó como si no hubiera un mañana, en este segundo asalto el ecosistema de celebridades se renovó por completo. 

A escasos metros del ídolo que, en su encuentro con su público, besa manos, y se da su tiempo para charlar y dar abrazos a quien lo ama a riesgo de perder el conocimiento, vibraron Los Javis (Javier Ambrossi y Javier Calvo), quienes celebraban por todo lo alto su reciente premio a Mejor Dirección en Cannes. Junto a ellos, la actriz Hiba Abouk, la cantante Judeline, el incombustible Arturo Valls y el jugador del Real Betis, Héctor Bellerín; todo un escaparate de cultura pop, casi en un mismo metro cuadrado. 

Y si de exclusividad hablamos, los que no tuvimos la suerte (o los galones) para cruzar las vallas de La Casita, habíamos encontrado refugio al menos en el Hennessy Club, que también había trasladó el tropocio a Madrid en forma de ron con coco, ventiladores azules y una mesa de dominó.

'La caseta', el palco más VIP de los conciertos de Bad Bunny© Getty Images
'La caseta', el palco más VIP en el que disfrutan del 'show' las celebridades. En esta imagen, durante los conciertos en Barcelona, se capta a Lamine Yamal junto a su presunta pareja y varios amigos
El palco VIP del concierto de Bad Bunny © Getty Images
En el interior de “La Caseta”, durante su último 'show' en la capital, pudimos ver a celebridades de la talla de Ester Exposito

La catarsis final: puro perreo  

Pero un concierto de Bad Bunny no se entiende sin sudor y movimiento de pelvis. A medida que caía la noche, el ritmo se volvió pesado, oscuro y descarado. "Si usted se va de aquí sin perrear, no podrá decir que vino", sentenciaba el artista, desatando la locura antes de perrear sola o mejor dicho, acompañado. Por la antena parabólica que corona todas las viviendas de su Puerto Rico y por la sorpresa musical de la noche (que sustituía a Myke Towers, el invitado de la primera jornada ) y que corría a cargo de Luar La L. 

El rapero tomó el techo de La Casita para incendiar la pista con Teléfono nuevo, Caile, Side Bitch y No te quieren conmigo, elevando los decibelios de un estadio que, si bien se ponía melosa a golpe de Debí tirar más fotos, con los clásicos Diles o Tu y yo, entra en ebullición.

El cierre fue como una apisonadora. Emocional y emocionante. Desde la melancolía de La canción y Ojitos lindos, hasta la electrónica de Dákiti para, después, darte la estocada con El apagón y DTMF (Debí tirar más fotos), que si él es como un tifón que lo asola todo, el público madrileño estaba a punto de provocar un terremoto, aunque tuviera la sensación de estar bailando en el patio trasero de su casa. Pero Benito, maestro en el arte de lo canalla, decidió que la última palabra la volvía a tener él. No la tendría la nostalgia, no, sino su instinto animal, ése que a 29 grados a las once de la noche, le permite seguir llevando su gorrito Ushanka como si fuera a pasar desapercibido, y despidió la noche con un EoO que te peina con raya en medio por mucho que tengas el tupé naranja. 

Mientras, en las pantallas, un rótulo gigante, rojo y desafiante: "PERREO". Con este lema aún crepitando en las pupilas, las luces se encendieron, los fuegos artificiales se apagaron, y Madrid, agotada pero exultante, comprendía que las cosas sencillas, en manos de Bad Bunny, son verdaderamente gigantescas

Bad Bunny en su concierto en Madrid © Getty Images
Bad Bunny durante su actuación en el Riyadh Air Metropolitano el 30 de mayo de 2026, cerró la noche con “EoO”
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