Comedor de verano: cómo equipar la terraza o el jardín para disfrutarlo tanto como el salón

Comedor de verano: cómo equipar la terraza o el jardín para disfrutarlo tanto como el salón

En verano, el comedor exterior deja de ser un espacio secundario para convertirse en el lugar donde se alargan las sobremesas, se improvisan cenas con amigos y se disfruta de la casa de otra manera. Pero para que comer al aire libre resulte cómodo de verdad, no basta con sacar una mesa y unas sillas a la terraza o al jardín. 

La clave está en pensar el conjunto: muebles resistentes, sombra, iluminación cálida, textiles, vajilla, auxiliares, vegetación y, si el espacio lo permite, una cocina exterior o una barbacoa que hagan más fácil cada comida. Sobre estas líneas, espacio exterior diseñado por Leroy Merlin.

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Comedor de exterior© The Masie

El comedor exterior como centro del verano

Un comedor exterior bien planteado funciona casi como una extensión del salón o de la cocina. Se trata de crear una zona cómoda, agradable y con entidad propia, pensada para desayunos lentos, comidas familiares y cenas que se alargan. 

La ubicación es el primer acierto: conviene situarlo cerca de la cocina si se va a usar a diario, protegido del sol directo en las horas centrales y, siempre que sea posible, acompañado de vegetación o de una vista agradable. A partir de ahí, el conjunto debe responder a una idea clara: que apetezca sentarse y quedarse. Propuesta de The Masie.

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Comedor con mesa redonda© Sklum

La mesa: tamaño, forma y material importan

La mesa es la pieza que marca el ritmo del comedor de verano. Si el espacio lo permite y se reciben invitados con frecuencia, una mesa rectangular amplia resulta muy práctica porque permite crecer con bancos, sillas extra o cabeceras más cómodas. En terrazas más recogidas, una mesa redonda favorece la conversación y suaviza la circulación alrededor. 

En cuanto al material, la madera aporta calidez y envejece muy bien si se mantiene correctamente; el aluminio es ligero y resistente; la cerámica y las superficies compactas soportan bien el uso intensivo; y las fibras sintéticas o trenzadas ayudan a crear una estética más natural. Lo importante es elegir pensando en el clima, el mantenimiento y el número real de comensales. En la imagen, un conjunto de la firma Sklum.

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Comedor de exterior© JYSK

Sillas cómodas para alargar la sobremesa

En un comedor exterior, las sillas no deberían elegirse solo por estética. Si la idea es disfrutar de comidas y cenas largas, el confort cuenta tanto como el diseño. Un respaldo envolvente, un asiento generoso, brazos o cojines desenfundables pueden marcar la diferencia entre una mesa bonita y una mesa realmente vivida. 

También conviene valorar el peso —para poder moverlas con facilidad—, si son apilables o no, y cómo resisten la exposición al sol y la humedad. Las sillas de exterior actuales permiten jugar con madera, metal, cuerda, fibras y tapicerías técnicas, de modo que el comedor puede tener el mismo cuidado decorativo que una zona interior. En la imagen, mobiliario de la firma JYSK.

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Pérgola bioclimática de aluminio NATERIAL© Leroy Merlin

La sombra: sombrilla, porche o pérgola

Sin sombra no hay comedor de verano que funcione de verdad. Una buena protección solar permite usar el espacio durante más horas, evita que la mesa se recaliente y hace que la experiencia sea mucho más agradable. La sombrilla es la opción más flexible, especialmente en terrazas y jardines donde se quiere adaptar la sombra según la hora del día.

Los porches (techado) y las pérgolas, en cambio, crean una zona más estable y arquitectónica, perfecta si el comedor se utiliza a menudo. Las pérgolas bioclimáticas añaden un plus –como esta de aluminio de Naterial de Leroy Merlin– porque permiten regular la entrada de luz y ventilación, mientras que los toldos y las velas textiles aportan una solución más ligera y decorativa. 

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Comedor de verano con guirnalda© Estilo Nórdico

Iluminación para cenas de verano

La iluminación transforma por completo un comedor exterior. De día importan la sombra y la orientación; de noche, la clave está en crear una luz cálida, envolvente y suficiente para cenar sin romper la atmósfera. Las guirnaldas son uno de los recursos más eficaces porque delimitan visualmente el espacio y aportan un aire festivo sin necesidad de una instalación compleja. 

También funcionan muy bien los apliques en muros cercanos, las balizas entre plantas o las luces indirectas en jardineras y pérgolas. La idea es iluminar para conseguir una luz cómoda, favorecedora y relajada. En la imagen, una propuesta de Estilo Nórdico.

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Lámpara colgante de Vibia© Vibia

Lámparas sobre la mesa y portátiles

Otros de los elementos imprescindibles para montar perfectamente el comedor en el exterior son las lámparas, ya sena colgantes como de mesa. Las lámparas de exterior se parecen cada vez más a las de interior: piezas suspendidas sobre la mesa, lámparas portátiles recargables, diseños de sobremesa que se colocan entre platos y centros, o luminarias que ayudan a crear un ambiente más íntimo. 

Sobre una mesa de comedor, una lámpara colgante aporta sensación de estancia y ordena visualmente el conjunto. Las portátiles, por su parte, son perfectas para improvisar, reforzar la luz durante la cena o moverlas después a una zona de estar. En la imagen, modelo Closer de Vibia.

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Cocina de exterior Rivana de Sklum© Sklum

Cocina exterior: cuando el comedor se completa

Cuando el comedor exterior se usa con frecuencia, una cocina de verano cambia por completo la experiencia. No tiene por qué ser una instalación enorme: puede bastar con una encimera de apoyo, un pequeño fregadero, almacenamiento para vajilla o utensilios y una zona de cocción. 

La ventaja es clara: se evitan idas y venidas constantes al interior y se gana autonomía para preparar ensaladas, bebidas, aperitivos o platos sencillos al aire libre. En jardines y porches amplios, una cocina exterior bien integrada puede convertirse en el centro social del verano, especialmente si queda conectada con la mesa y con una zona de sombra. Cocina de exterior Rivana de Sklum.

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Barbacoa eléctrica de SMEG© SMEG

Barbacoa y piezas auxiliares para cocinar fuera

La barbacoa sigue siendo uno de los grandes clásicos del verano, pero hoy existen soluciones para casi cualquier tipo de exterior. Las barbacoas de obra funcionan muy bien en jardines grandes y zonas muy consolidadas; las de gas ofrecen rapidez y control; las eléctricas –como la que aparece en esta imagen, de SMEG– son una alternativa práctica para terrazas donde no se puede cocinar con carbón; y las planchas resultan perfectas para verduras, pescados, carnes o cenas informales.

Más allá del sistema, conviene prever una superficie de apoyo cercana, utensilios resistentes al calor, una zona segura de trabajo y buena ventilación. Cocinar fuera debe ser cómodo, no una carrera de obstáculos entre la cocina interior y la mesa.

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Cocina exterior de César by Nero© ANDREA FERRARI/César by Nero

Auxiliares que facilitan la vida

Los muebles auxiliares son los grandes aliados de un comedor exterior bien resuelto. Un carro con ruedas, una consola, un aparador de exterior o una encimera auxiliar permiten dejar bebidas, fuentes, cubiertos, servilletas o condimentos sin saturar la mesa. También ayudan a organizar mejor el servicio cuando hay invitados y evitan desplazamientos innecesarios. 

Si el espacio es reducido, conviene elegir piezas ligeras, plegables o con almacenamiento inferior. En terrazas grandes o porches, un mueble auxiliar estable puede funcionar como pequeño office exterior, zona de preparación o incluso como barra improvisada para aperitivos. En la imagen, cocina exterior de César by Nero

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Mesa de verano en el exterior© El Corte Inglés

Mantelería y vajilla: el gesto que cambia la mesa

La mesa de verano admite un punto más relajado, pero eso no significa descuidarla. Un mantel de lino o algodón lavado, individuales de fibras naturales, vajillas con color, piezas artesanales, cristalería ligera y servilletas bonitas pueden transformar por completo una comida sencilla. La clave está en elegir elementos que sumen frescura sin resultar excesivos

Los tonos arena, blanco, verde, azul o terracota funcionan muy bien en exteriores porque dialogan con la vegetación, la madera y la luz natural. Y un detalle importante: cuanto más fácil sea lavar, guardar y reutilizar cada pieza, más se usará de verdad. Propuesta de El Corte Inglés.

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Comedor de exterior, en un proyecto de GC Studio© Pedro Jaén

Textiles y alfombras para hacer más confortable el exterior

Los textiles son los que hacen que un comedor exterior parezca realmente acogedor. Cojines en bancos o sillas, colchonetas a medida, manteles con caída, alfombras aptas para exterior o pequeños plaids para las noches más frescas aportan confort y una sensación más doméstica. En exteriores conviene apostar por tejidos resistentes, desenfundables y fáciles de limpiar, especialmente si hay niños, mascotas o mucho uso. Una alfombra exterior, además de decorar, ayuda a delimitar la zona de comedor y a darle el mismo tratamiento que tendría una estancia interior. Proyecto de GC Studio.

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Comedor de exterior con vegetación© IKEA

Vegetación alrededor: sombra, frescor y ambiente

La vegetación no es solo un elemento decorativo: en un comedor exterior aporta frescor, privacidad, sombra parcial y sensación de refugio. Un árbol cercano, macetas grandes, jardineras con aromáticas, trepadoras en una pérgola o plantas altas alrededor de la mesa ayudan a suavizar el ambiente y a hacerlo más agradable. 

También pueden servir para separar visualmente el comedor de otras zonas del jardín o de la terraza. Si el espacio se usa para comer, las plantas aromáticas —romero, albahaca, lavanda, menta— son especialmente interesantes porque suman olor, textura y un punto práctico. El objetivo es que el comedor no parezca colocado en el exterior, sino integrado en él. En la imagen, propuesta de IKEA.