De sus recuerdos de niña al rincón donde se comprometió: la ruta más íntima de Patricia Pardo por su querida ciudad gallega
Patricia Pardo está a punto de vivir uno de esos momentos profesionales y personales que se recuerdan para siempre. Junto a su marido, Christian Gálvez, se subirá el próximo 8 de junio al escenario del estadio Bernabéu para conducir el gran encuentro del papa León XIV con la Iglesia de Madrid. No es su primer cara a cara con el pontífice, hace solo unos días, el matrimonio hizo un viaje relámpago a El Vaticano para ser recibidos en audiencia y a su regreso contaban, muy emocionados, cómo lo habían vivido, desde los regalos que le habían llevado a algunas anécdotas. Un año antes, la presentadora fue la encargada de cubrir el cónclave y la proclamación del nuevo papa, un viaje que ella misma recuerda como una mezcla de “entusiasmo y una euforia bestial”.
No está junto a Roma, sin embargo, el lugar que le hace poner los pies en la tierra, sino Santiago de Compostela, la ciudad en la que nació, de la que salió cuando solo tenía 18 años para perseguir su sueño de convertirse en periodista y que sigue latiendo con fuerza en su corazón. “Mi ciudad me ha marcado y, a día de hoy, sigue marcando mi carácter y mi manera de afrontar las cosas. Yo soy compostelana todos los días de mi vida y las veinticuatro horas del día, desde que me levanto, hasta que me acuesto”, contaba en una entrevista para La Vanguardia.
Cada vez que tiene oportunidad, la presentadora de Vamos a ver regresa a la capital gallega, sea para celebrar algún evento importante, como el bautizo de su hijo Lucas en diciembre de 2023, para celebrar el Día de Santiago o para reencontrarse con amigos y seres queridos, como hace solo unas semanas, cuando enseñaba a su familia el colegio Nuestra Señora de los Remedios (antes Las Huérfanas) donde estudió de niña y del que conserva su mejor amiga de la infancia y buenos recuerdos: “De una monja de ese colegio adopté mi lema: Pasiño a pasiño faise o camiño”.
El amor por su ciudad lo comparte ahora con Christian Gálvez, donde él ya se siente uno más. Lo reafirmaban sus palabras durante un viaje a casa. “Gracias Patricia por enseñarme a amar Galicia y mostrarme Santiago desde tu punto de vista, el más sincero, el más auténtico: desde tus orígenes hasta el día de hoy, juntos. Ahora tu tierra es nuestra tierra, tu catedral nuestra catedral y tu Apóstol nuestro Apóstol”, dijo tras una de sus escapadas.
PLAZA DEL OBRADOIRO
La primera pista para empezar a descubrir la capital gallega la recalca la presentadora: “Siempre que voy a Galicia, procuro ir a la catedral”. No es la fachada del Obradoiro por la que la mayoría de visitantes y peregrinos acceden al templo catedralicio, sino por la puerta de Platerías, la única gratuita, que permite recorrer sus naves, detenerse en sus capillas, circular por la girola, subir a abrazar la imagen del santo que preside el altar mayor, acercarse a su tumba o, en ocasiones especiales, ver el vuelo de su famoso botafumeiro por el crucero. Para conocer el Pórtico de la Gloria, el museo, recorrer sus cubiertas o hacer una visita nocturna hay que sacar entrada en el edificio anexo del Palacio de Gelmírez.
Cualquier paseo por esta ciudad, siempre llena de vida, arranca en la plaza del Obradoiro. Allí, entre la habitual mezcla de peregrinos y locales, se erige el Hostal dos Reis Católicos, un lugar muy querido y lleno de recuerdos para la pareja. Desde ese punto, el cuerpo pide perderse por sus famosas callejuelas peatonales, sobre todo las rúas do Franco, do Vilar y da Raíña.
Es imposible pasear por ellas sin que se te haga la boca agua con el olor a pulpo recién hecho, empanada o tortilla que sale de las tabernas de toda la vida. Una de ellas es Los Caracoles, el local donde los presentadores tuvieron su primera comida juntos. Pero el homenaje continúa, porque estas calles también acogen restaurantes como Simpar, una de las grandes referencias gastronómicas de la ciudad, o la clásica marisquería A Barrola, en la que se han dejado ver Patricia y Christian con una pareja de amigos.
CONVENTOS Y CONCIERTOS
Caminando por el casco histórico surgen nuevos reclamos monumentales. Merece la pena levantar la vista antes los conventos del Carmen, Santa Clara o Santo Agostiño, o dejarse caer por la iglesia de la Compañía de la Universidad, un imponente templo hoy desacralizado que se ha convertido en el escenario perfecto para acoger conciertos y exposiciones temporales de lo más interesantes.
Pero si seguimos la pista más íntima de la televisiva pareja, hay dos paradas con nombre propio que están en su itinerario. La primera tiene el sabor de los recuerdos de infancia de la compostelana: el icónico carrito de helados de Manolo Prieto —que en los meses de frío se transforma en su mítica locomotora de castañas—, todo un símbolo local que lleva más de medio siglo al frente del negocio familiar que inició su padre. La segunda parada se esconde en la rúa Nova y es el taller del artista plástico Zamo Tamay.
Un poco más allá, el bullicio da pistas del ambiente del Mercado de Abastos. Con sus tres siglos de historia, es el segundo lugar más visitado de la ciudad —solo por detrás de la catedral— y un auténtico festival de colores, marisco fresquísimo, quesos de tetilla y grelos relucientes. La despensa perfecta donde la presentadora sabe que se encuentra el mejor producto de su tierra y de su mar.
BAJO EL EUCALIPTO MILENARIO
Después del callejeo, incluso si toca hacerlo bajo la lluvia (el momento en que la ciudad “tiene una magia especial”), los pasos de Patricia Pardo guían hasta el gran pulmón verde de la ciudad: el Parque de la Alameda. En la misma entrada dan la bienvenida As dúas Marías, la famosa escultura donde todo el mundo que llega hasta aquí se hace una foto. Pero si hay un punto en el mapa que guarda un significado profundo para la pareja es el eucalipto de los enamorados. “Es un lugar tan, tan especial… tiene un mirador espectacular a la catedral y es mi sitio desde siempre. Si vas a mi Twitter, hace 15 años, vas a ver que ya era mi sitio favorito del mundo”, confiesa ella con emoción. Bajo la sombra de este árbol milenario, con la mejor estampa de Compostela de fondo, fue exactamente donde Patricia y Christian se pidieron matrimonio. Un recuerdo imborrable que el presentador lleva, literalmente, tatuado en la piel.






