Dra. Paula Armero, pediatra: "No todos los sufrimientos del adolescente tienen diagnóstico y tratamiento, pero siempre necesitan acompañamiento"
La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha advertido del creciente riesgo de sobrediagnóstico en salud mental infanto-juvenil y ha pedido no medicalizar cualquier sufrimiento en este ámbito. Los pediatras reclaman "un manejo más humano, prudente y centrado en la persona ante el malestar emocional de adolescentes y jóvenes".
Hemos charlado con la Dra. Paula Armero, coordinadora del Comité de Salud Mental de la AEP, para que nos oriente sobre este tema.
A lo largo de los años hemos perdido un poco la capacidad de tener a nuestro alrededor situaciones difíciles que nos hacen aprender
¿Cómo podemos diferenciar en la adolescencia entre malestar, crisis vital y trastorno mental?
La adolescencia es una etapa de muchos cambios, donde se tienen que adaptar. La podemos entender como una crisis en cuanto a que es un reto, en que hay desafíos y que van a tener que ir afrontando distintas situaciones. De ahí, surgen determinados malestares con su entorno de compañeros y compañeras, de amigos, en el entorno escolar, en el entorno familiar...
La diferencia ya cuando hablamos de un trastorno mental es que esto perdura en el tiempo mucho más, vemos que es una intensidad mayor que afecta a todos los ámbitos de su vida, tanto en casa como fuera, a nivel académico, incluso hay repercusiones también a nivel físico con el sueño, la comida y demás. Esa es la diferencia: el tiempo, la intensidad y cómo afecta en general.
Ahora mismo el mensaje de que hay determinadas cosas que no tenemos que vivir en soledad ha hecho que muchos casos lleguen a nuestras consultas. Pero no siempre todo tiene un diagnóstico y, por lo tanto, no todo tiene un tratamiento. Pero otra cosa es no requerir un acompañamiento, que es fundamental y hay que mantenerlo, sobre todo en el ámbito de Atención Primaria. Puede haber malestares, la necesidad de un seguimiento en la Atención Primaria para ver cómo es esa gestión de los conflictos, qué habilidades emocionales tiene cada persona que vemos en consulta... La mayoría de ellas no necesitan una derivación a los servicios de Salud Mental.
¿Por qué en esta generación de adolescentes se tiende a medicalizar más las situaciones desagradables que se dan en la vida, en relación a otras generaciones anteriores?
Yo intento no comparar mucho las generaciones. Primero, porque cuando hablamos desde el ámbito sanitario intentamos hacer grupos lo más parecidos posible y eso a veces no es posible. Y luego porque tampoco considero que antes se hiciesen las cosas bien y ahora se hagan mal. Antes había una forma de sobrellevar el duelo, la tristeza... sin externalizarlo, y sabemos que tampoco ha sido bueno.
A lo largo de los años hemos perdido un poco la capacidad de tener a nuestro alrededor situaciones difíciles que nos hacen aprender. Por desgracia, la muerte se ha convertido en un tabú que se oculta mucho y no se ha hablado de ella a los menores. Tú aprendes a enfrentarte a las cosas viendo cómo lo hacen los adultos.
¿En qué casos el adolescente necesita terapia psicológica o psiquiátrica y/o medicación, y en cuáles debería poder salir adelante solo con los apoyos de su entorno?
Se necesita una derivación a Salud Mental cuando observamos que hay psicopatología o hay síntomas y signos claros. La diferencia es que uno puede estar triste por los exámenes o incluso tener ansiedad cuando vienen pruebas como la PAU o que son muy exigentes o tristeza después de una ruptura, pero que eso se solucione. En cambio vemos a personas en las que se mantiene tanto la clínica de ansiedad como la sintomatología de tristeza que puede ser ya depresión por un ánimo muy bajo. Ahí se deriva y continuamos con el seguimiento, pero derivar a los especialistas en Salud Mental no implica que ese paciente no necesite también su seguimiento y acompañamiento en la Atención Primaria.
Con respecto a los apoyos del entorno, siempre los necesitamos; da igual que sea un malestar propio de la edad o de un conflicto que haya ocurrido, o que tengamos una patología física o de salud mental. El apoyo del entorno es fundamental, porque está más que demostrado que cualquier patología que uno tenga, si está bien acompañado y el entorno es favorecedor, que en el caso de los menores siempre es el entorno escolar, familiar y el de los iguales, va a salir adelante y tendrá mucho mejor pronóstico, tanto en la duración como en la intensidad.
¿Cómo afectan los autodiagnósticos mentales o emocionales por datos que ven en las redes en la autopercepción de la salud mental de los adolescentes y en el afrontamiento que llevan a cabo?
Da igual que hablemos de salud mental o de salud física. Seguir a personas que no tienen ninguna titulación en redes que hablen de cualquier patología o de síntomas nunca nos va a ayudar. El problema es que los adolescentes son muy influenciables por estas personas y al final creen que tienen síntomas o signos parecidos, emiten diagnósticos y hay veces que no solo se equivocan, sino que a lo mejor quieren buscar ayuda en un sitio en el que por desgracia no se la van a dar.
Ningún autodiagnóstico es bueno. Hay que acudir a los profesionales, que para eso están, y ellos determinarán si existe una patología y qué hay que hacer en consecuencia.
El hecho de que se hable con mucha más libertad de ir al psicólogo, ¿puede haber contribuido a que ante cualquier problema se necesite ayuda externa en esta etapa de la vida?
Vivimos en una época donde la información tiene mucho poder, entonces yo sí que creo que es importante que deje de ser un estigma tanto acudir al psicólogo o al psiquiatra como necesitar cualquier apoyo de salud mental, y por ello hablarlo abiertamente, que no sea algo tabú, es importante. Lo que sí tienen que entender es que lo que ven en redes no significa que también lo necesiten ellos; es simplemente lo que la gente muestra.
Hay que que dejar que lo que sienten siga su curso, porque cada uno vive las cosas a su manera y, sobre todo, ofrecerles apoyo y acompañamiento
¿Cómo se acompaña adecuadamente al adolescente cuando manifiesta que no se encuentra bien emocionalmente?
Lo primero para acompañar a un adolescente es empezar antes. Yo siempre lo digo que no podemos intentar hacer algo en la adolescencia si ese camino previo no lo hemos recorrido juntos desde la infancia. Desde los inicios hay que hablar de las emociones, de cómo se gestionan, de los diferentes tipos que hay, que no hay ni buenas ni malas y que tenemos que ir sabiendo reconocerlas y, sobre todo, manifestarlas y pedir ayuda. Entonces, cuando eso lo hemos hecho, lo mejor que hemos podido, porque no es fácil, cuando lleguemos a la adolescencia será más fácil.
Lo primero es una escucha activa, es escuchar atentamente lo que dice el menor, y siempre validar las emociones, no decir, 'esto se te pasará', 'esto no es nada'..., pues no ayuda. Y ofrecerle distintas alternativas: '¿tú cómo crees que esto se podría gestionar?, '¿cuál crees que sería la mejor forma?'.
A mí me gusta mucho decirles que hay veces que a la primera no salen las cosas, entonces tener un plan A, un plan B, un plan C, y plantearlos con ellos: 'esto que te preocupa, si de esta forma no sale, '¿cómo crees que se podría solucionar?'. Decirles a dónde podemos acudir a pedir ayuda, que ellos lo vayan sabiendo.
Y luego, además de validar las emociones, saber que estas duran un tiempo y no meter prisa. Nos puede parecer que a lo mejor tienen una ruptura sentimental y que llevan muy poco tiempo de pareja y que no se entiende cómo están tan mal, pero hay que que dejar que siga su curso, porque cada uno vive las cosas a su manera y, sobre todo, ofrecerles apoyo y acompañamiento; estar ahí, estar presentes y estar conscientemente a su lado, eso es muy importante.
En este momento, las tasas de autolesiones y de ingresos en urgencias por intentos autolíticos son muy elevadas. ¿Qué se puede hacer para prevenir y no solo reaccionar cuando el adolescente muestre problemas de salud mental?
La prevención empieza pronto, desde la salud mental perinatal, la parentalidad positiva, en los estilos de crianza, en los estilos que también hay a nivel educativo: es muy importante disminuir el acoso entre iguales que existe en los centros escolares...
Desde las aplicaciones que se hagan con los móviles, desde los programas de televisión, desde la industria también de la ropa... si todo se hace con la mirada de la protección a los menores, ya con eso haríamos una prevención estupenda. Que todas esas informaciones que les llegan sean sanas, porque ahora la que les llega es tóxica y la forma en que ellos a veces perciben el mundo no es la más adecuada.
¿Qué parte de responsabilidad hay en los padres y en la sociedad para que toda una generación se muestre mucho menos resiliente a nivel de salud mental que otras anteriores?
Hemos llegado un poco tarde a la idea de que los menores necesitan más de la sociedad, de los progenitores y de todo su entorno para labrarse el mejor bienestar emocional. Esto es un trabajo que se hace entre todos. Se hace desde el punto de vista sanitario, desde el punto de vista educativo y desde el punto de vista social.
Es fundamental que existiese en el entorno educativo una asignatura que hable de las habilidades emocionales, de la autoestima, que ayude a gestionar los conflictos.... Pero, tal y como está ahora mismo el sistema, eso no se puede hacer adecuadamente.
Los entornos comunitarios deben estar mucho mejor coordinados para que desde que se vea cualquier problema, los padres sepan dónde acudir y que Atención Primaria tenga un vínculo muy estrecho y un trabajo conjunto con Educación, porque no hay que dejarle todo a Educación.
El ámbito educativo, el sanitario y el social tienen que estar muy entrelazados y tenemos que hacer planes conjuntos y proyectos coordinados para que ese desarrollo sea el adecuado.





