El pueblo originario del Coloso
Mucho antes de que el futbol la volviera conocida en todo el mundo, Santa Úrsula Coapa era un asentamiento indígena en el extremo sur de la cuenca de México. Su historia se remonta a tiempos prehispánicos y forma parte del antiguo territorio de Coyoacán, una región transformada por la erupción del volcán Xitle, ocurrida hace casi dos mil años, que cubrió extensas áreas con lava y dio origen a los pedregales que todavía caracterizan buena parte del paisaje del sur de la ciudad.
Durante la época colonial, el antiguo pueblo recibió la advocación de Santa Úrsula Virgen y Mártir, de quien tomó su nombre actual. La segunda parte del nombre, Coapa, proviene de una región histórica integrada por pueblos, ranchos y haciendas que se desarrollaron en esta zona rural del sur de la capital novohispana. A lo largo del siglo XVIII la influencia de la Hacienda Coapa fue determinante para la vida económica de la región y el nombre terminó por extenderse a los territorios circundantes.
Uno de los testimonios más antiguos de esa historia permanece en el templo de Santa Úrsula. El catálogo de monumentos históricos del INAH señala que su origen podría remontarse al siglo XVI, cuando funcionaba como una ermita vinculada al proceso de evangelización de los pueblos indígenas de la zona. La construcción fue modificada en distintas etapas y la fachada actual corresponde principalmente al siglo XIX.
Hasta bien entrado el siglo XX, Santa Úrsula Coapa conservó un carácter rural. Sus habitantes se dedicaban principalmente a actividades agrícolas y al aprovechamiento de las tierras comunales y ejidales. La zona permanecía relativamente aislada del centro urbano y estaba rodeada por campos de cultivo, caminos de tierra y antiguos terrenos volcánicos. Diversos estudios sobre la memoria histórica del pueblo refieren que la vida comunitaria giraba alrededor de la parroquia, las festividades patronales y las formas tradicionales de organización vecinal.
La transformación definitiva comenzó en la década de 1960. En 1962 iniciaron las obras del Estadio Azteca sobre terrenos del antiguo ejido de Santa Úrsula. La construcción del inmueble, inaugurado en 1966, coincidió con un proceso de expansión urbana que modificó profundamente el sur capitalino. Nuevas vialidades, fraccionamientos y servicios atrajeron población procedente de distintas partes de la ciudad. El pueblo rural quedó incorporado al crecimiento metropolitano.
Pero Santa Úrsula Coapa no desapareció. A diferencia de otras zonas absorbidas por la mancha urbana, conservó elementos de su identidad histórica.
Aunque todavía subsisten el antiguo templo, fiestas patronales, tradiciones comunitarias y una memoria colectiva ligada a su condición de pueblo originario. Esa coexistencia entre lo antiguo y lo moderno es una de sus principales características. A pocos metros de uno de los estadios más famosos del mundo sobreviven calles, prácticas religiosas y formas de convivencia que remiten a una historia muy antigua.
Actualmente, la cercanía con zonas como Ciudad Universitaria, la Calzada de Tlalpan y el Estadio Azteca la han convertido en una colonia estratégica de la ciudad que sigue construyendo una historia única.
EEZ