El sistema falló y culparon a los estudiantes

El sistema falló y culparon a los estudiantes

En la India, un juez de la Corte Suprema llamó “cucarachas y parásitos” a miles de profesionales desempleados. 

La respuesta no se hizo esperar: nació el Cockroach Janta Party, algo así como el Partido Popular Cucaracha, un movimiento que convirtió el insulto en protesta masiva, detonado por el escandaloso fraude en los exámenes de acceso para carreras de medicina en la India. 

El mensaje desde Nueva Delhi fue tajante: no importa cómo nos llamen, la resistencia no se extermina. 

A miles de kilómetros de distancia, la Universidad Nacional Autónoma de México, del rector Leonardo Lomelí, vive su propio vía crucis. 

La máxima casa de estudios apostó por la automatización del ingreso a licenciatura: inteligencia artificial, algoritmos anticorrupción, promesas de eficiencia y transparencia. 

Sin embargo, los resultados contaron otra historia: más de 136 mil aspirantes rechazados, acusaciones de trampas, filtros automatizados que cancelaron miles de exámenes por “ruidos ambientales” y la suspensión abrupta de inscripciones por irregularidades en la plataforma. 

El paralelismo es imposible de ignorar. En las calles de la India y en las explanadas de Ciudad Universitaria, los jóvenes enfrentan la misma pared: un sistema que mercantiliza o automatiza el acceso al futuro y luego culpa al estudiante del colapso. 

Si en la India la filtración de exámenes exhibió la podredumbre institucional, en la UNAM la “eficiencia tecnológica” se convirtió en un sofisticado muro para justificar el rechazo del 86% de los aspirantes. 

El problema no es solo un fallo en la plataforma ni la venta ilegal de acordeones digitales. Es algo más profundo: el desprecio burocrático hacia una generación a la que se le exige adaptarse a un filtro impenetrable, diseñado por instituciones que no construyen más aulas pero sí mejores excusas. 

Las “cucarachas” indias demostraron que el desdén tiene un límite. La crisis del examen en la UNAM recuerda que ningún algoritmo puede disfrazar la falta de espacios ni apagar la exigencia de quienes solo buscan un lugar en el mañana. 

En síntesis: cuando las instituciones fallan, la indignación no es un error del sistema: es la única respuesta lógica. 

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LA TRAMPA EN LOS EXÁMENES y los resultados atípicos no son el único problema que aqueja a la UNAM en este momento. Esta crisis ha comenzado a desnudar todas las fallas que padece la universidad, sin que las autoridades quieran reconocerlas. 

Existe una precarización y una brecha salarial significativa en el cuerpo docente. Los profesores de asignatura, que forman la base de la universidad, perciben salarios por materia que oscilan entre 519 y 590 pesos semanales. 

Según una investigación de La Silla Rota, hasta 2025 la institución reportó contar con 43 mil 156 docentes, de los cuales 28 mil 025 (64%) son profesores de asignatura, sujetos a las materias y horas que les asignen cada semestre. 

De acuerdo con los tabuladores académicos, el salario de estos profesores varía entre 519 y 590 pesos semanales, según el número de materias y horas impartidas. Mientras tanto, los ayudantes de profesor de asignatura ganan entre 394 y 439 pesos en el mismo periodo. 

En contraste, un profesor o investigador emérito puede recibir entre 154 mil y 215 mil pesos mensuales, incluyendo estímulos adicionales a su sueldo. 

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EN EL ESTADO DE MÉXICO comienzan a moverse las piezas de Morena de cara a las elecciones de 2027, en las que se renovarán 125 alcaldías y 75 diputaciones locales. 

Uno de los grupos que está ganando fuerza es el de Juan Carlos González, secretario de Bienestar estatal, quien, con el respaldo de la gobernadora Delfina Gómez, empieza a desplazar a otros grupos de la zona oriente del Edomex. 

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “La UNAM automatizó el rechazo. Lo único que no automatizó fue la explicación”.

POR ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO

COLABORADOR

ALFREDO@HERALDODEMEXICO.COM.MX  

@ALFREDOLEZ

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