Esther Boada, psicóloga: "Detrás de una compra impulsiva muchas veces encontramos cansancio, soledad o necesidad de autocuidado"

Esther Boada, psicóloga: "Detrás de una compra impulsiva muchas veces encontramos cansancio, soledad o necesidad de autocuidado"

Imagínate estar en una habitación tranquila, con música suave de fondo y, de repente, una necesidad irrefrenable de salir a comprar algo que no necesitas, de abrir la nevera sin hambre o de pedir cita para plasmar un nuevo diseño en tu piel. A menudo asociamos la alta sensibilidad con la búsqueda constante de paz, silencio y aislamiento, pero la realidad de la mente humana es mucho más compleja y contradictoria. El exceso de estímulos puede llevar a algunas personas, paradójicamente, a buscar todavía más intensidad.

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Para romper mitos y poner sobre la mesa lo que de verdad le ocurre a una Persona Altamente Sensible (PAS), hablamos con Esther Boada, psicóloga y directora de Centre Sukha. Lo primero que la especialista quiere dejar claro es que la ciencia no respalda ciertos estigmas que se ven en las redes: "Lo primero que debemos aclarar es que no hay estudios que demuestren que las PAS gasten más dinero", señala.

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Sin embargo, la psicóloga desvela que existe un matiz muy importante dentro de este perfil: "Sí que es cierto que algunas personas PAS presentan un rasgo también llamado búsqueda de sensaciones (High Sensation Seeking)". En este sentido, y con el fin de entender cómo funciona esta necesidad de estímulos en el cerebro, la experta pone un espejo con otras realidades neuropsicológicas: "En el caso de TDAH por ejemplo, sí que hay más evidencia científica con este rasgo de búsqueda de sensaciones. La explicación neuropsicológica más aceptada tiene que ver con el sistema dopaminérgico. Cuando existe este rasgo, se suelen necesitar niveles más altos de estimulación para mantener el interés y la atención, por lo que se buscan actividades que generen una recompensa rápida y/o intensa. Pero en general necesitan calma porque se sobreestimulan fácilmente".

Cómo regulan las emociones las PAS

El gran dilema es cómo gestionan las PAS un mundo que ya de por sí les resulta abrumador. Es ahí donde comer, comprar o marcarse la piel entra en juego, tal y como nos detalla Esther Boada: "Estos comportamientos pueden actuar como una forma de regulación emocional. Las personas altamente sensibles suelen vivir las emociones, los estímulos y las experiencias con una gran intensidad. Cuando no disponen de herramientas suficientes para gestionar lo que sienten, pueden recurrir a determinadas conductas que proporcionan alivio, distracción o bienestar inmediato".

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Pero no todo responde a un impulso ciego por calmar la ansiedad. En muchas ocasiones, la alta sensibilidad busca algo mucho más profundo: conectar con el arte y la propia historia. "Algunas personas altamente sensibles también presentan una marcada necesidad de búsqueda de sensaciones y significado. En estos casos, determinadas experiencias pueden ayudarles a expresar, simbolizar o dar forma a vivencias internas muy profundas. Por ejemplo, un tatuaje no tendría necesariamente una función impulsiva, sino que puede convertirse en una manera de representar una experiencia vital, una emoción intensa o una parte importante de su identidad", argumenta la directora de Centre Sukha. En estos casos, comenta la experta, "una compra, un tatuaje o determinados alimentos pueden convertirse en una forma de satisfacer necesidades emocionales, regular estados internos o romper la sensación de monotonía".

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Llenar un vacío o una vía de escape: cuándo alertarse

Claro que, al margen del nivel económico de cada una, la alerta aparece cuando estas acciones se transforman en una vía de escape sistemática ante el malestar, algo sobre lo que Esther Boada alerta: "El problema no suele estar en la conducta en sí, sino en la función que cumple. Si compro, como o necesito una nueva experiencia cada vez que me siento vacío, aburrido, estresado o emocionalmente saturado, probablemente estoy utilizando esa conducta para regular algo que ocurre dentro de mí", explica.

Ante esta situación, la pregunta millonaria que muchos se hacen es: ¿Cómo se puede controlar? La respuesta de la psicóloga nos invita a cambiar el chip por completo: "Más que controlar, la clave está en comprender. Antes de actuar conviene preguntarse sobre tus necesidades del momento. Muchas veces detrás de una compra impulsiva o de un atracón emocional encontramos cansancio, sobreestimulación, aburrimiento, soledad o necesidad de autocuidado".

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Lejos de buscar soluciones drásticas o prohibitivas, la experta aboga por un aprendizaje paulatino y respetuoso con la propia naturaleza del individuo. "Las personas PAS suelen beneficiarse especialmente de aprender a regular sus emociones, identificar sus necesidades antes de que se acumulen y buscar formas saludables de obtener novedad, placer y descanso sin depender exclusivamente del consumo o la comida.", explica, recordándonos una premisa esencial: "No se trata de dejar de sentir intensamente, sino de aprender a relacionarse mejor con esa intensidad".

Por ello, en la consulta de psicología estas conductas nunca se juzgan de forma superficial ni se intentan arrancar de raíz sin mirar qué hay debajo. "En terapia no trabajamos estas conductas de forma aislada, sino teniendo en cuenta a la persona y el contexto en el que aparecen. Cada persona es única y, por tanto, es fundamental comprender qué función cumple esa conducta en su vida y cuál es el grado de malestar o interferencia que le está generando.", nos comenta Esther Boada.

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Autoaceptación y control

La especialista concluye con una valiosa reflexión que transforma nuestra manera de ver estos impulsos, invitándonos a ser mucho más compasivos con nosotros mismos: "Muchas veces tendemos a centrarnos en eliminar aquello que nos preocupa —comprar impulsivamente, comer en exceso o determinadas conductas repetitivas—, pero antes es necesario entender qué necesidad está cubriendo. Desde la psicología sabemos que las conductas no suelen mantenerse porque sí. Generalmente cumplen una función y aportan algo a la persona, aunque a largo plazo también puedan generar consecuencias negativas". 

Bajo esta estela, el objetivo terapéutico no consiste únicamente en que desaparezca la conducta, sino "en ayudar a la persona a encontrar formas más saludables y adaptativas de cubrir esa misma necesidad. Cuando comprendemos la función de un comportamiento, dejamos de verlo como un problema que hay que eliminar y empezamos a entenderlo como una solución que, en algún momento, la persona encontró para gestionar aquello que estaba viviendo".