La encrucijada de rusos y ucranianos en Dubai: de huir de la guerra de Ucrania a sufrir los efectos del conflicto en Oriente Próximo
Galina, una mujer ucraniana de Zaporiyia, disfruta de un café capuchino en una de las torres futuristas de Dubai. Aquí se dedica a la compra y venta de propiedades, uno de los grandes negocios del emirato, ahora en crisis por la guerra.
- Vine aquí huyendo de una guerra y ahora me encuentro otra.
- ¿Por qué has decidido quedarte?
- ¿Dónde podría ir? No quiero volver a Ucrania de ninguna manera y Europa se ha puesto muy difícil para nosotros por sus precios tan altos. Dubai es el sitio ideal y sólo me iré si el trabajo me obliga.
Desde que comenzó la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Dubai se ha convertido en el refugio de mujeres y familias ucranianas, pero también de ciudadanos rusos. Su facilidad para montar empresas, encontrar trabajo y no pagar impuestos facilitó la llegada de decenas de miles de personas que huían de la guerra. Aquí se unieron a otros que ya habían hecho comunidad. Entre ellos se encuentran miles de bielorrusos que también habían huido de la represión del presidente Alexander Lukashenko.
Como curiosidad, todas estas comunidades de rusoparlantes se han acabado en muchos casos fundiendo en una sola, en la que ucranianos y rusos pueden hacer negocios juntos, vivir en las mismas urbanizaciones e incluso salir juntos de fiesta, especialmente los más jóvenes. Maryna, una ucraniana que trabaja en una empresa internacional de análisis de datos, admite que tiene amigos rusos: "Yo no juzgo a nadie por su pasaporte. Evidentemente, si estoy en una cena y alguien empieza a elogiar al presidente Putin delante de mí, lo mando a la mierda, me levanto de la mesa y me voy, pero los amigos rusos que tengo aquí no son precisamente proPutin".
Entonces decidimos hablar con la otra parte del conflicto: Svetlana es rusa procedente de la región de Siberia: "Anoche estuve jugando a los bolos con tres chicas ucranianas. Ninguna habló de la guerra. Lo pasamos muy bien. Este conflicto es fruto del veneno de la política pero entre nosotros no existen los problemas, sólo los que ellos crean". Oksana en la exclusiva terraza del hotel The Lana: "Yo no tengo ningún problema con ningún ucraniano. Eso es cosa de Putin. Yo no he declarado la guerra a nadie y nadie me la ha declarado a mí".
Adriana es de las afueras de Moscú. Salió del país cuando comenzó la invasión al ver cómo su país se hundía en el totalitarismo y el control social. Ahora es feliz en Dubai: "Mi madre es rusa y mi padre es ucraniano, como sucede en tantas familias mixtas de nuestros países. Yo desprecio todo lo que hace mi gobierno y no quiero que los ucranianos me vean como alguien hostil a ellos", dice. Desde 2022, los rusos han invertido al menos 6.300 millones de dólares en inmobiliario en Dubai huyendo de unas condiciones económicas que se han endurecido en Rusia. Aunque antes de la invasión de Ucrania ese flujo ya existía, creció más de 10 veces a partir de 2022.
El dinero procedente de Rusia se concentra en enclaves como Palm Jumeirah o Downtown, donde conviven oligarcas, emprendedores tecnológicos y redes de intermediación que operan entre sanciones y oportunidades. Pero el fenómeno va más allá de la vivienda: Dubai se ha convertido en una plataforma desde la que empresas rusas reconfiguran sus negocios globales, aprovechando su posición entre continentes y su flexibilidad regulatoria, y huyen de las nuevas condiciones que impone la guerra.
Galina admite que los primeros días de conflicto en Irán estuvo a punto de volver a empaquetar su vida y emigrar. "Volver a escuchar el sonido de los mismos drones que nos atacaban en Ucrania disparó mi miedo. Estuve tres días encerrada sin salir y sin poder dormir. Mi madre vive sola en Zaporiyia y me pidió que volviera con ella, ¡pero allí están mucho peor y además allí no tendría trabajo!". La ley marcial que opera en Ucrania provoca que la gran mayoría de ciudadanos ucranianos que viven y trabajan en Dubai sean mujeres, ya que los hombres adultos no pueden salir del país en las actuales circunstancias bélicas.
Oksana en el centro de Dubai.
Mientras 50 instructores ucranianos forman a los soldados de Emiratos Árabes sobre cómo derribar drones usando sus tecnologías mucho más baratas, cada día la fuerza aérea y las defensas antiaéreas derriban drones Shahed 136 como los que bombardean cada noche las ciudades ucranianas, lo que de repente ha unido los dos conflictos.
Ha habido casos aislados de violencia en entornos privados como fiestas o restaurantes, como el de una modelo ucraniana agredida por individuos vinculados a círculos rusos, pero en general la tolerancia no sólo es mutua, sino que ambas comunidades conviven sin problema. Además, la política emiratí de tolerancia cero con actividades políticas o de seguridad extranjera en su territorio ha cortado de raíz cualquier escenario de exportar el conflicto aquí.
Las estimaciones de rusos residentes varían mucho según la fuente, ya que no está publicada la cifra oficial, pero desde que comenzó la guerra de Ucrania las cifras podrían superar los 100.000 rusos residentes en Emiratos (la mayoría en el barrio de Marina, en Dubai). En el caso de los ucranianos, muchas son mujeres y pueden llegar a los 30.000 residentes. Dubai tiene unos cuatro millones de habitantes, más del 90% expatriados. Dentro de ese mosaico, rusos y ucranianos son minoría en términos absolutos, pero sobrerrepresentados en visibilidad, capital y redes internacionales.
Dubai se ha convertido en una especie de terreno neutral de las guerras contemporáneas, un lugar donde enemigos irreconciliables comparten espacio sin enfrentarse abiertamente, y a veces incluso preparando barbacoas juntos. En sus hoteles, restaurantes y distritos financieros coinciden empresarios rusos que huyen de las sanciones, ucranianos desplazados por la guerra y redes de intermediarios que operan en la sombra, todos bajo la estricta vigilancia de un Estado que no permite que el conflicto se desborde en su territorio. No es un frente, pero sí un reflejo del conflicto: aquí no hay trincheras, sino cuentas bancarias, visados y negocios cruzados. Dubai no combate la guerra, pero la absorbe, la transforma y la contiene dentro de los límites de una ciudad que ha hecho de la neutralidad su mayor activo. Lo mismo sucede con iraníes y estadounidenses, turcos y griegos, árabes e israelíes.
