Las mujeres también contaron la revolución

Las mujeres también contaron la revolución

La luz se ha apagado masivamente en dos terceras partes de la isla de Cuba, pero eso no sofoca la literatura. Por el contrario, dice la ensayista y crítica literaria Zaida Capote Cruz (La Habana, 1967) que los momentos de explosión y crisis social han producido nuevos bríos para las letras. Al menos eso ha registrado en la literatura hecha por mujeres.  

Dice Capote, quien estudió una especialidad en Estudios de la Mujer en El Colegio de México: “En tiempos de crisis y revoluciones, cuando la vigilancia patriarcal flaquea o crece la solidaridad, las mujeres ganan notoriedad y confianza en la escritura”. En un momento en que una prolongada crisis asola al pueblo cubano, a la autora ha correspondido hacer un acto de justicia.

Por primera vez, la voz femenina cubana resuena en el mismo tono de las glorias masculinas. Capote se ha encargado de seleccionar y prologar Vindictas. Cuentistas cubanas (LibrosUNAM, 2025), antología que incluye a más de 20 narradoras, que desde finales del siglo XIX hasta los albores del XXI, han transformado la manera de concebir a su patria, su cuerpo y su propia experiencia femenina.

Nadie puede afirmar que lo que se vive actualmente en la isla es el inicio de un nuevo cambio social en Cuba, pero la investigadora advierte: “Cada vez que ha habido una explosión histórica, una explosión social, digamos la Revolución del 30, la Revolución del 59, la caída de la Unión Soviética, se ven más las escritoras cubanas”.

“No quiere decir que en otros momentos no haya literatura, pero en esos momentos hay un grupo, se podría hablar incluso de una generación, que está trabajando”. Ella lleva varios años ocupándose de la literatura de su país, especialmente en el siglo XX. El rescate que hace procede de otro momento especial: “En el año 91, 92, en ese momento, se estaba fraguando en Cuba un despertar de la crítica literaria feminista que fue muy importante para la recuperación de estas autoras”.

Capote identifica tres momentos importantes en el desarrollo literario femenino cubano: el de los años 30, cuando el movimiento obrero, la juventud universitaria, los comunistas, las feministas revolucionarias y otras fuerzas se movilizaron contra el gobierno de Gerardo Machado. Después, los años 60, con el triunfo de la Revolución y la intensa transformación de la vida cotidiana que pone énfasis en conceptos como la emancipación de la mujer.

Créditos: (Especial)

El último es el de los años 90, con la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética, pero también de la exacerbación del bloqueo estadounidense. “Una de las tareas que me propuse como historiadora de la literatura o como crítica es recuperar los cuentos de las mujeres que trabajan sobre el tema de la Revolución, porque se instaló en la crítica una etiqueta, digamos, que era la literatura de la violencia, la narrativa de la violencia, que sobre las armas, el combate, las milicias, cosas que eran importantísimas en ese momento y fue lo dominante. Pero es que las mujeres también contaron la lucha contra Batista, el triunfo de la Revolución, las rebeliones contra la dictadura, las contaron desde otro lugar y están aquí”, dice con el volumen de Vindictas en las manos. Y resalta dos cuentos como “realmente fundamentales”: “Nochemala” de María Elena Llana (Cienfuegos, 1936) y “Un día de septiembre” de Ana María Simo (Cienfuegos, 1943).

Si algo distingue la literatura de las mujeres cubanas en el siglo XX, opina Capote, es la calidad.

“Es muy interesante pensar la literatura cubana en términos evolutivos o históricos, porque usualmente cuando estudiamos literatura en Cuba, los referentes que se usan para explicarla, los momentos de la historia del cuento cubano, son masculinos, pero hay muchos puntos de contacto de las autoras con esos cuentos famosos”.

Es el caso de “El ciervo encantado”, de Esteban Borrero, relato al que erróneamente se identifica como iniciador del siglo XX literario cubano. “Es un cuento que habla acerca de la búsqueda, de la dificultad de encontrar la libertad una vez que Cuba sale del dominio español y entra la intervención norteamericana, pero Aurelia Castillo (1842-1920) hace exactamente el mismo registro metafórico y está narrando esa tragedia de la dificultad para conservar la independencia”.

El problema fue que simplemente se omitieron algunos nombres en la historia: “Al mismo tiempo cuando se habla de autores, de movimientos, de estilos, todo eso también lo estaban haciendo las mujeres, sin embargo, no lo registra la historia. Hay autoras completamente desconocidas, incluso para mí que soy investigadora literaria y me dedico a la literatura, a la escritura de mujeres”.

Un ejemplo es el de Herminia Gómez, de la que se desconocen datos sobre su nacimiento y muerte, pero de quien se conservan cuentos como “Petición de mano. Amoríos criollos”, “un cuento muy temprano, de la década del 10. Ella, en 1916 ya publica un ensayo que se llama “Los hombres que matan a las mujeres”, escribe ese artículo y nadie sabe quién era, su libro está ahí en la biblioteca, pero no se conocía”.

En el trabajo de Capote otras escritoras recuperadas son Ada Ardo, Fanny Crespo y Pura Rodríguez Castells, aunque también se incluyen autoras como Uva de Aragón, Lourdes de Armas, Aida Bahr, Marilyn Bobes, Rosa Ileana Boudet, Lydia Cabrera, Lourdes Casal, Esther Díaz Llanillo, Olga Fernández, Laidi Fernández de Juan, Mylene Fernández Pintado, Surama Ferrer, Ana Luz García Calzada, Rebeca Murga, Verónica Pérez Kónina, Gina Picart, Ena Lucía Portela, Cuca Quintana, Sonia Rivera Valdés, Ofelia Rodríguez Acosta, Excilia Saldaña, Karla Suárez, Josefina Toledo Benedit, Anna Lidia Vega Serova, Aurora Villar Buceta, Mirta Yáñez y Rosa Hilda Zell.

Capote no quiere hablar de arqueología literaria porque supone algo muerto. Prefiere decir que se trata de “un ejercicio de recuperación, de memoria, quizás sería como etnoantropología, porque al final se trata de hurgar en el tiempo, de rescatar cosas o culturas que están vivas”.

Por Luis Carlos Sánchez

EEZ