La frase de Antonio Gala para una generación agotada: "La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante"

La frase de Antonio Gala para una generación agotada: "La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante"

En unos tiempos en los que la felicidad se vende tan cara y los problemas de salud mental no dejan de aumentar, hay una frase del tristemente desaparecido Antonio Gala, fallecido hace hoy tres años, que quizá no deberíamos olvidar cada mañana: 

"La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante".

Y es que, cuando entendamos que no es un día más, sino un día menos, empezaremos a valorar lo que realmente importa. No se trata de querer ser feliz todo el tiempo, porque eso, conviene asumirlo desde el principio, es una quimera, sino de aprender a relativizar. Es precisamente en ese momento cuando la mente puede empezar a relajarse y acercarse a una cierta sensación de bienestar.

Antonio Gala combinó siempre un pensamiento único con una personalidad arrolladora y un estilo inconfundible© Getty Images
Antonio Gala combinó siempre un pensamiento único con una personalidad arrolladora y un estilo inconfundible

Porque pocas personas reflexionaron tanto sobre la alegría, la serenidad, el sufrimiento o el sentido de la vida como Antonio Gala. Y quizá por eso, tres años después de su muerte, muchas de sus frases siguen pareciendo escritas para una generación agotada, hiperexigente y constantemente acelerada.

"La alegría de vivir la matamos todos"

Lejos de perseguir una felicidad perfecta o artificial, Gala defendía algo mucho más complejo: la serenidad.

En una recordada entrevista con Jesús Quintero, el escritor explicaba: "No vivimos la serenidad y la alegría. Pero no me refiero a una alegría de 'jijiji'. No. La alegría a pesar de todo. La alegría de estar y sentirse vivo, de sentirse comunicado".

Y añadía una reflexión que hoy parece casi una crítica a la obsesión contemporánea por el éxito:

"La alegría de vivir la matamos todos. Elegimos el poder, el dinero o la fama. Y la alegría no es buena colaboradora para eso".

Esa mezcla de melancolía, ironía y profundidad fue una de las grandes señas de identidad de un autor que convirtió las emociones humanas en el centro de gran parte de su obra.

Un niño prodigio que escribió una obra de teatro con solo cinco años

La vida de Antonio Gala estuvo marcada desde el principio por una precocidad fuera de lo común.

Nació en Brazatortas, en Ciudad Real, aunque siempre se sintió profundamente cordobés. Con apenas cuatro años escribió un pequeño relato y a los cinco terminó su primera obra de teatro. A los 14 ofreció una conferencia en el Círculo de la Amistad de Córdoba y a los 15 ya había ingresado en la Universidad de Sevilla.

Desde muy pequeño, Antonio Gala mostró una precocidad extraordinaria: escribió un relato con cuatro años y terminó su primera obra de teatro siendo apenas un niño© Getty Images
Desde muy pequeño, Antonio Gala mostró una precocidad extraordinaria: escribió un relato con cuatro años y terminó su primera obra de teatro siendo apenas un niño

A lo largo de su vida estudió Derecho, Filosofía y Letras, Ciencias Políticas, Ciencias Económicas e incluso obtuvo un doctorado en Derecho.

Pero lo académico nunca fue suficiente para explicar a Gala. Él mismo combinaba esa formación con una curiosidad desbordante, un enorme conocimiento de los clásicos y una personalidad tan brillante como imprevisible.

El escritor que conquistó todos los géneros

Poeta, dramaturgo, novelista, ensayista, articulista, guionista… Gala fue una de las figuras culturales más influyentes y populares de España durante décadas.

Su primer gran éxito llegó en 1959 con Enemigo íntimo, premio Adonais de Poesía. Después llegarían obras teatrales míticas como: Los verdes campos del Edén, Anillos para una dama, ¿Por qué corres, Ulises?,

Petra Regalada

Y novelas que arrasaron entre los lectores, como El manuscrito carmesí (Premio Planeta), La pasión turca, Más allá del jardín.

Paradójicamente, él mismo ironizaba sobre su éxito:

"Soy uno de los escritores más vendidos de este país y de los menos leídos"

Su lucha contra el cáncer y una frase demoledora sobre la muerte

En 2011 anunció públicamente que padecía un cáncer de colon "de difícil extirpación". Lo hizo con la crudeza que caracterizaba muchas de sus columnas:

"Estoy sometido, para tratar de librarme, a un largo puteo, que es igual que una guerra de la que soy el campo de batalla".

Tras años de tratamiento, logró superar la enfermedad en 2015, aunque su salud nunca volvió a ser la misma y sus apariciones públicas fueron cada vez más escasas.

Antonio Gala falleció el 28 de mayo de 2023, a los 92 años, en su refugio de Córdoba, la© Getty Images
Antonio Gala falleció el 28 de mayo de 2023, a los 92 años, en su refugio de Córdoba, la

Lejos de dramatizar, Gala hablaba de la muerte con una mezcla de lucidez y humor negro:

"Sigo moribundo, porque la vida es estar muriendo y nada más", o también: “Uno se muere, y está bien. Yo ya he durado bastante”.

Su gran obra no fue un libro

A pesar de sus premios, su fama y sus miles de lectores, Antonio Gala siempre consideró que su gran legado no era una novela ni una obra de teatro. Era la Fundación Antonio Gala.

Creada en Córdoba en 2002, la fundación nació para apoyar a jóvenes creadores mediante becas artísticas y residencias culturales. Gala se implicó personalmente en el proyecto durante años y convirtió ese espacio en uno de los centros culturales más singulares de España.

Antonio Gala posa junto a los entonces príncipes de Asturias, Felipe VI y Letizia Ortiz Rocasolano, durante el décimo aniversario de la Fundación Antonio Gala en Córdoba, uno de los proyectos más importantes y personales del escritor© WireImage
Antonio Gala posa junto a los entonces príncipes de Asturias, Felipe VI y Letizia Ortiz Rocasolano, durante el décimo aniversario de la Fundación Antonio Gala en Córdoba, uno de los proyectos más importantes y personales del escritor

Un hombre brillante, incómodo y profundamente humano

Cultísimo, provocador, irónico, sentimental, polémico y extremadamente ingenioso, Antonio Gala fue uno de esos personajes imposibles de encajar del todo.

Defendió la autonomía andaluza, presidió la plataforma contra la OTAN, escribió columnas incendiarias y mantuvo una personalidad llena de contradicciones. Podía ser demoledor en una entrevista y tremendamente tierno unos minutos después.

Amaba profundamente Córdoba, el mundo árabe, sus perros y las conversaciones largas.

Y quizá por eso muchas de sus frases siguen resonando hoy con tanta fuerza.

Porque en una época obsesionada con producir, correr y demostrar constantemente cosas, Antonio Gala dejó una idea mucho más sencilla y probablemente mucho más difícil: "La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante".