El vestido de novia que ha lucido Elena Rivera en su gran día: un palabra de honor con velo y cuerpo corsé
Después de quince años de relación, Elena Rivera y David Redondo ya son marido y mujer. Tal y como adelantó ¡HOLA! en exclusiva, la actriz y el subdirector de Comunicación y Relaciones Públicas de Atresmedia se dieron el "sí, quiero" este sábado 11 de julio en Madrid, ciudad elegida para reunir a familiares y amigos pese a que ella es zaragozana y él barcelonés. La ceremonia, celebrada por la tarde en plena ola de calor, dejó una de las imágenes más esperadas del fin de semana: la llegada de la novia del brazo del padrino con un impecable vestido palabra de honor, un largo velo de tul y una silueta que recupera algunos de los grandes códigos de la alta costura nupcial. El novio, por su parte, optó por un esmoquin negro de corte clásico.
Un vestido que apuesta por la arquitectura y el romanticismo clásico
La actriz eligió un diseño blanco cuya fuerza residía en la construcción de la silueta. El escote palabra de honor dejaba completamente despejados hombros y clavículas, mientras el cuerpo, trabajado como un auténtico corsé, definía la cintura con precisión y aportaba estructura al conjunto.
A partir de ese punto, el vestido cambiaba por completo. La falda adquiría un volumen generoso gracias a una cuidada sucesión de pliegues que creaban movimiento. El resultado recordaba a esos grandes vestidos de novia de vocación arquitectónica en los que la protagonista es la forma y no tanto el adorno.
El velo, el recogido y un ramo que nunca falla
Elena llevó un recogido bajo del que nacía un largo velo de tul que descendía y se extendía elegantemente sobre la alfombra del templo. Más que un simple complemento, el velo se convertía en una prolongación natural del vestido.
Eligió un ramo de rosas blancas, una de las elecciones más tradicionales dentro del protocolo nupcial. Las rosas blancas simbolizan pureza, compromiso y nuevos comienzos.
Una boda de tarde y un esmoquin impecable
La elección del horario también marcó el tono de la celebración. Las bodas de tarde permiten un mayor grado de formalidad que las ceremonias de mañana y justifican perfectamente la elección de prendas de etiqueta tanto para los novios como para los invitados.
David Redondo apostó por un impecable esmoquin negro con solapas de pico satinadas, camisa blanca con botonadura negra vista y pajarita del mismo color. El conjunto se completaba con un fajín de satén coordinado y un discreto broche plateado colocado sobre la solapa izquierda.
Desde el punto de vista del protocolo, el esmoquin resulta especialmente apropiado para una boda vespertina cuando el nivel de formalidad de la celebración es elevado.
Una celebración muy esperada tras quince años juntos
La boda llega cinco meses después de que la propia actriz confirmara públicamente sus planes de pasar por el altar. Hasta entonces, la pareja había llevado siempre su relación con enorme discreción.
"Vamos a hacer ahora quince años", explicaba entonces Elena Rivera, dejando claro que el objetivo de la celebración era reunir a todas las personas importantes de su vida tras una larga historia de amor.
Madrid fue finalmente el escenario elegido para ese encuentro familiar. La actriz llegó al templo serena y visiblemente emocionada, mientras David Redondo aguardaba el inicio de la ceremonia.
La boda reunió a familiares, amigos y personas muy cercanas a la pareja en una celebración íntima donde el protagonismo recayó en la emoción del momento.



