La OCDE ajusta proyección de crecimiento de México para 2026 por debajo del 1%

La OCDE ajusta proyección de crecimiento de México para 2026 por debajo del 1%

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recortó su pronóstico de crecimiento para México de 2026, a 0.8 desde 1.3 por ciento estimado apenas hace tres meses, debido a la debilidad en inversión y consumo, así como el impacto indirecto del conflicto en Medio Oriente.

Cabe mencionar que esta estimación se ubicó por debajo de la esperada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de 2.3 por ciento como eje central y un rango de entre de 1.8 y 2.8 por ciento; mientras que el Banco de México, de 1.1 por ciento, con un intervalo esperado de entre 0.5 y 1.7 por ciento.

Para 2027 estimó que el Producto Interno Bruto (PIB) mexicano registre una expansión de 1.8 por ciento y una inflación con una moderación gradual para alcanzar 3.2 por ciento en dicho año.

Esto, en línea con la revisión a la baja del crecimiento global para este año a 2.8 desde 3.4 por ciento, por el impacto del conflicto en Medio Oriente. Advirtió que mientras más prologando sea, las repercusiones serán mayores, sobre todo en el segundo semestre del año.

De acuerdo con su estudio Perspectivas Económicas de la OCDE 2026, el crecimiento de la economía mexicana para este año será impulsado principalmente por la demanda interna, con el consumo privado respaldado por el bajo desempleo.

Así como por las tasas de interés más bajas, que impulsarán a la inversión privada, pero su recuperación será gradual en medio de la persistente incertidumbre política, tanto a nivel nacional como global. 

Consideró que el consumo y la inversión públicos seguirán limitados por la consolidación fiscal en curso. 

Y si bien, apuntó, las exportaciones de equipos informáticos se mantendrán sólidas, otras se verán afectadas por los aranceles, la desaceleración del crecimiento en EU y la incertidumbre por Medio Oriente.

Para la OCDE, en este contexto, las medidas para abordar el aumento de precios de energía deberían centrarse más en hogares y pequeñas y medianas empresas más afectados, y ofrecer incentivos para el ahorro energético.

Fortalecer los ingresos y mejorar la calidad del gasto público, ya que contribuiría a salvaguardar la sostenibilidad fiscal y a generar margen para un gasto público que impulse la productividad. 

Mientras que, la política monetaria debería seguir dependiendo de los datos, manteniendo la tasa de interés oficial en su nivel actual hasta que haya pruebas claras de que la inflación se encamina hacia el objetivo de 3.0 por ciento.

Así como aumentar la proporción de electricidad generada a partir de fuentes renovables, ya que impulsaría la descarbonización.

PAL