La Raya en Huelva: 5 pueblos que parecen sacados de un cuento junto a Portugal
La línea fronteriza que separa la vecina Portugal de tierras españolas, conocida como La Raya, es la más antigua y extensa de toda Europa. Kilómetros de mestizaje cultural que, en el tramo que discurre por tierras onubenses, se halla colmado de exuberantes paisajes y coquetos pueblos. Un viaje que se puede arrancar en las aguas del Atlántico y que continúa hacia el norte mientras se disfruta de paisajes deslumbrantes, actividades al aire libre, historias compartidas y el rico patrimonio de sus pueblos limítrofes. De los 11 que componen La Raya onubense, te proponemos ahondar en las bondades de cinco de ellos.
Ayamonte, la vida junto al mar
De tradición pesquera y aspecto señorial, Ayamonte se encuentra bañada también por las aguas del Guadiana, que hace de límite natural con la vecina Portugal. Pasear por su casco histórico invita a contemplar la parroquia del Salvador, que gobierna el perfil ayamontino con su esbelto campanario. Construida en el siglo XV sobre los cimientos de la antigua mezquita, es un punto de partida ideal para explorar su barrio de la Villa, el más antiguo de la localidad, o el de la Ribera, donde la vida bulle entre comercios y bares.
Las fachadas blancas de sus casas continúan encalándose como antaño, mientras que los azulejos que decoran el exterior de algunos hogares son también un reflejo de la influencia portuguesa en su día a día. Para ahondar en su lado más verde, nada como animarse con una excursión en bicicleta eléctrica por el Sendero de las Salinas del Duque. La brisa marina es fiel compañera durante el recorrido sobre dos ruedas por este complejo de marismas influenciado por las mareas atlánticas. Pedaleo a pedaleo, es posible avanzar por la ruta circular mientras se disfruta de la naturaleza y se descubren estampas como la de Isla Cristina —que se divisa a lo lejos— o el barrio marinero de Punta del Moral.
Sanlúcar del Guadiana, con vistas a Portugal
Remontando las tranquilas aguas del Guadiana, se alcanza uno de los pueblos más singulares de la ruta. Desplegado a orillas del río y situado frente a la portuguesa localidad de Alcaoutim, Sanlúcar del Guadiana concentra la esencia de lo rural en su blanco caserío. Recorrer sus calles es empaparse de historias marcadas por el intercambio cultural entre ambas riberas: el contrabando de café y productos de esparto fue algo habitual, durante muchos años, entre ambos municipios. En su puerto fluvial, frecuentado por yates y veleros, es posible alquilar pequeños barcos con los que explorar el entorno desde otra perspectiva.
Durante un paseo en barco se puede divisar a lo lejos uno de los atractivos del pueblo, su tirolina, la única transfronteriza del mundo. Sus 720 metros de longitud unen España con Portugal en una experiencia adrenalínica. También se contempla, en lo más alto de la localidad, el vetusto castillo de San Marcos, cuyas murallas blancas siempre tuvieron un carácter defensivo, ya que desde él se podía controlar el territorio circundante, incluido el acceso en embarcación al puerto y la frontera con Portugal. Una espectacular panorámica que disfrutar, también, desde cualquiera de los múltiples alojamientos rurales que hay repartidos por el casco urbano.
Puebla de Guzmán, arte y gastronomía
Se trata de uno de los principales municipios de la comarca del Andévalo, y una manera de lo más original para recorrer su entramado urbano es siguiendo una ruta con el arte como protagonista. Esculturas y murales decoran las calles y plazas empedradas de la localidad, transmitiendo las tradiciones más arraigadas de los puebleños. Por ejemplo, su adorada romería, que lleva a los fieles a peregrinar hasta el santuario de la Virgen de la Peña y que queda reflejada en la escultura de la gabacha, elaborada por el artista Víctor Pulido: es la mayordoma la que se pone al servicio de la Virgen durante la fiesta para garantizar la celebración. En otra de las calles se halla el danzador, que da vistosidad a las procesiones y demás ritos. Lo más característico es la danza de espadas que realiza, un verdadero espectáculo cuando se ve en vivo.
Más allá de su nutrida tradición ecuestre, Puebla del Guzmán también destaca por su gastronomía. Es precisamente el aroma a cocina hogareña que se siente por las calles el que nos conduce hasta el restaurante mesón La Comarcal, donde preparan platos tradicionales con el producto local como protagonista. De altos techos y decoración rural, destaca por estar ubicado en uno de los edificios más singulares del municipio, un local que perteneció a la Iglesia en el pasado y que también funcionó como almacén de trigo de la comarca. Sentados a su mesa y al calor de la chimenea, es un acierto animarse a probar su típico arroz de turma, un tubérculo que se recoge en la zona de olor muy particular.
Rosal de la Frontera, entre pasado y presente
Se trata del pueblo más joven de toda la sierra onubense y, curiosamente, el que cuenta en sus dominios con uno de los conjuntos megalíticos más antiguos de la provincia. El crómlech Pasada del Abad, una fascinante estructura de la Edad de Cobre que ha sobrevivido al paso de los milenios, se halla ubicado a las afueras del pueblo y lo conforma un pequeño círculo creado con grandes menhires de pizarra negra.
Una vez en el casco urbano, que se encuentra a solo 2 kilómetros de la frontera lusa, es imprescindible recorrer sus calles y fijarse en los detalles de la elegante fachada de la iglesia de San Isidro Labrador, de mediados del siglo XIX. Frente a ella, la amplia plaza Mayor concentra gran parte de la vida local, mientras que, a solo dos pasos, la Casa de la Cultura Miguel Hernández homenajea a la figura del poeta en el mismo edificio donde fue encarcelado antes de su muerte, cuando huía de España a Portugal.
Aroche, la elegancia de un pueblo
La majestuosidad de Aroche queda patente ya desde la lejanía. Un garbo que queda reflejado en sus estrechas calles empedradas y en sus casas encaladas, esencia de las villas serranas más tradicionales. Levantada sobre dos cerros, en la cima de uno de ellos se alza su vetusto castillo, que corona la estampa con sus diez torres. Levantado a principios del siglo XII, fue construido en esta ubicación con una única función militar. Cuando quedó en desuso, sin embargo, se decidió situar en su zona interior la plaza de toros, acabada en 1804.
Desde las almenas del castillo se pueden contemplar algunas de las panorámicas más extraordinarias de toda la región. Edificios emblemáticos como la iglesia de la Asunción, con su torre mudéjar, o la torre de San Ginés, que surgen del entramado de callejuelas que, a modo de anillos, fueron dando forma al pueblo, construido alrededor de la fortaleza. En el horizonte se otean los últimos coletazos de Sierra Morena, tras cuyas colinas se encuentra la vecina Portugal. Y, algo más cerca, otro de los grandes tesoros de Aroche: el sitio arqueológico de Arucci-Turóbriga, al que se accede a través de la ermita de San Mamés. Un fascinante enclave en el que se despliegan los restos arqueológicos de la ciudad hispanorromana que confirman que Aroche es uno de los pueblos con mayor patrimonio arqueológico de Huelva. Un yacimiento romano que es, además, el único que puede visitarse en toda la provincia.




