La revuelta de los 'hijos' de "papi" Trump

La revuelta de los 'hijos' de "papi" Trump

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'Cambio de régimen: dentro de la Presidencia imperial de Donald Trump' es mucho más que uno de los fenómenos editoriales del momento en Estados Unidos; es una obra indispensable para entender el momento político actual. Sus autores, los periodistas de 'The New York Times' Maggie Haberman y Jonathan Swan, construyen una meticulosa disección del mandatario estadounidense a partir de incontables entrevistas, incluida la concedida por el propio protagonista. Haberman y Swan retratan a un Trump con dos rasgos que, a su juicio, lo convierten en un rival potencialmente peligroso: un marcado afán de venganza y una absoluta ausencia de límites. El presidente de Estados Unidos es implacable, se mueve por "resentimientos e instintos" y va a la caza de "serviles de primera clase". Adora el control y no se sonroja al compararse con figuras históricas. Durante la entrevista para el libro, el magnate republicano aseguró que su poder era mayor que el de Alejandro Magno. "No tenía aviones", les dijo. Después, añadió otros nombres: Napoleón, Hitler, Stalin... "Sólo estaban en el poder a base de miedo", afirmó, antes de rematar con una pregunta: "¿Quién haría algo así?".

No sabemos si con el mismo temor al que aludía Trump, pero sí con respeto, tensión y una elevada dosis de incertidumbre, los socios de la Alianza Atlántica aterrizan este martes en Ankara para la cumbre de líderes de la organización. Y, una vez más, el presidente de EEUU será el centro de gravedad de la reunión.

De los 32 miembros de la OTAN, los países con más peso de la Unión Europea, junto a Reino Unido, llevan meses preparando esta cita. Lo han hecho de forma coordinada para definir cómo modular el tono con Trump, cómo evitar que se conviertan en realidad las amenazas de la Casa Blanca de abandonar la organización y cómo demostrar que Europa está dispuesta a aumentar su contribución.

El secretario general, el neerlandés Mark Rutte, mantendrá su espíritu de adulación perpetua hacia "papi" Trump, como lo llamó en la anterior cita anual. Sin embargo, la actitud de los demás líderes -que en principio se preveía en la misma línea que la de Rutte- puede que varíe y tengamos alguna que otra sorpresa. Y es que, si bien hace un año los mandatarios más afines al trumpismo se daban codazos por confraternizar con Trump, ahora empiezan a alejarse de él. ¿Por qué? Porque les inquieta algo más que el malhumor de 'papi': las urnas en casa y su propia popularidad.

El ejemplo más claro es el de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, con todo lo acontecido a su alrededor recientemente. La líder transalpina entró en choque directo con Trump tras afirmar su homólogo estadounidense que, durante la cumbre del G-7 en Francia, le había "suplicado" hacerse una foto con él "con todas sus fuerzas". "Yo no habría aceptado, pero me dio lástima", apuntó. "Es un invento total", respondió la italiana. Trump replicó: "Tiene la popularidad por los suelos". Meloni continuó: "Estos ataques constantes e injustificados son absurdos. En cuanto a mi popularidad, ser tu amiga no me ayuda en absoluto y no es asunto tuyo. Sugiero que te centres en la tuya".

Giorgia Meloni tiene elecciones a la vuelta de la esquina, en 2027. Su partido, Hermanos de Italia, sigue siendo la fuerza política más popular, con un 28,6% de intención de voto, por delante del Partido Democrático, de centroizquierda, con un 21,5%. Sin embargo, la popularidad de Meloni está cayendo. Una encuesta de YouGov revela que el 35% de los italianos tiene una opinión favorable de la primera ministra, mientras que el 57 % la valora de forma negativa. Estas cifras son peores que las de 2023, cuando el 57 % de los italianos la respaldaba, apenas un año después de asumir el cargo.

Así, con el apoyo ciudadano en descenso y ante unos comicios inminentes, la 'premier' considera que el distanciamiento con Trump puede aportarle ventajas. Básicamente, por una cuestión de números: un 77% de los italianos tiene una opinión negativa de Trump, según Ipsos.

El presidente de EEUU es una figura todopoderosa de la que Meloni se jactaba de ser su "susurradora", otorgando a Italia un reconocimiento internacional especial. Sin embargo, Trump se dedica con saña a desafiar y despreciar a los países, algo sagrado para un nacionalista de derechas, perfil del votante de Meloni. También influye la animadversión del mandatario estadounidense hacia el Papa León XIV, lo que incomoda a otra parte del electorado de Meloni de tradición católica. Y, finalmente, está el factor decisivo de todas las elecciones: el bolsillo. La Casa Blanca aparece ante los italianos como la responsable de una innecesaria crisis económica mundial derivada de su guerra en Irán.

Trump empieza a ser electoralmente tóxico en Europa, un lastre político. Cuando el líder estadounidense dijo que Meloni le "suplicó" fotografiarse con él, tocó una fibra altamente sensible para todo nacionalista que se precie: el honor. De ahí que Meloni, combativa, contestara: "Ni yo ni Italia suplicamos". Insultarla a ella equivalía a insultar a Italia y a los italianos.