“Los chefs ahora son rockstars”: la visión de Rubén Vega al frente de la cocina del Radisson Guayaquil

“Los chefs ahora son rockstars”: la visión de Rubén Vega al frente de la cocina del Radisson Guayaquil

En la cocina de un hotel no existen los servicios pequeños. Rubén Vega Soler lo sabe después de casi tres décadas trabajando entre pedidos simultáneos, eventos corporativos, cenas privadas y huéspedes que esperan precisión con un exquisito sabor sin margen de error.

Su recorrido profesional comenzó cuando los chefs todavía eran nombres invisibles para el comensal y el oficio se mantenía sin mayor exposición mediática.

Hoy, desde Guayaquil –ciudad en la que vive hace 20 años– mira una industria distinta, donde los cocineros ocupan portadas, acumulan seguidores y son tratados como celebridades. “Ahora los chefs son como rockstars (estrellas de rock)”, afirma el chef ejecutivo del hotel Radisson, quien en su recorrido también ha cocinado para actores de Hollywood como Russell Crowe y Meg Ryan o reinas de belleza como Amelia Vega.

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“Para ellos cociné cuando grabaron una película en Quito (en la capital se hizo parte del rodaje del filme Prueba de vida) y a ella cuando fue Miss Universo”, recuerda.

Pero lejos de construir un relato de fama, Vega habla de cocina desde un escenario más sencillo: el rigor diario, la presión constante y, lo más importante, servir a otros como un acto de amor.

“Mi acercamiento a la cocina fue por mis estudios superiores en Administración Hotelera, parte de la formación son clases de cocina, desde ahí comencé a trabajar en alimentos y bebidas y tuve la oportunidad, paralelamente, de dar clases”, indica el chef quiteño, de 48 años.

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Parte de esa formación también se construyó fuera del país. Vega vivió en Chile y en España, experiencias que ampliaron su visión sobre la cocina contemporánea y las distintas maneras de entender el servicio, el producto y la identidad gastronómica.

En España cursó estudios en el Basque Culinary Center, una de las instituciones más reconocidas en formación culinaria. De regreso a Ecuador, esa mezcla de formación internacional y trayectoria hotelera ha definido una propuesta que combina estructura, criterio técnico y una lectura más global del oficio.

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“Antes la cocina era vista como una actividad que no era profesional, pero ahora los chefs se han convertido en rockstars, es una profesión que da visibilidad comunicacional. La gastronomía es de mucho esfuerzo, dedicación, hay mucho trabajo que no se ve y se desconoce”.

Memoria del sabor

Vega, quien describe el cocinar como el mayor acto de amor, asegura que esta definición se sustenta en los recuerdos intactos que posee la mayoría de las personas de la comida que preparaban en casa sus abuelas o madres.

“Ese tipo de sabor, de comida, no la encuentran fácilmente. Cocinar es un acto de compartir, de amor, por eso cuando se celebra algún evento importante en la vida, la comida está presente”.

De esa memoria culinaria, los asados de su padre son permanentes, así como la cocina casera de su mamá. Estas vivencias las replica con sus hijas, quienes son fanáticas de preparaciones como la boloñesa, macarrones con queso y cremas. “Con ellas cocino postres, hacemos galletas, son momentos que disfrutamos mucho hacerlos juntos”.

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Y su predilección por la cocina asiática fue parte también del recorrido que ha compartido en la ciudad. En el 2017 abrió su primer restaurante Origami, en Urdesa central, enfocado en la cocina nikkei y que revela espera poder retomar en un futuro.

Su sello en el Radisson

Esa mirada internacional también se refleja en la propuesta que ha desarrollado dentro del hotel, ubicado en la ciudadela Kennedy, av. Gral. Francisco Boloña 503A y calle Jorge Insua Hindro, donde ha comenzado a dejar una identidad culinaria mucho más definida.

Una de sus líneas marcadas es la cocina japonesa trabajada desde ingredientes ecuatorianos, una combinación que encuentra equilibrio entre técnica, frescura y producto local.

“Esto se ha visto trasladado a la carta nueva que tenemos en el hotel con productos nacionales, de temporada, pero especialmente mediterránea, con sabores nuevos como aromas a trufa, carnes como el bife, tenemos técnicas como el confitado, salsas ligeras. Está pensado en tener un producto diferente para el comensal”, entre ellos el tataki de atún con salsa ponzu, el ramen o mousse de maracuyá, en el rubro de los postres.

“Un componente importante para los huéspedes también es mantener recetas tradicionales para que conozcan y descubran la cocina local. Mantenemos el encebollado, los cebiches, carnes asadas, menestras, moros, estos son platos que quieren probar visitantes en Guayaquil”.

Propuesta para el Día del Padre: asados en familia

Para el Día del Padre, explica, el hotel alista un festival de parrillas y elementos hechos a la parrilla, en el área de la piscina. “Iremos cocinando la carne en vivo, los comensales podrán acercarse para ver la preparación de todo en el festival y ver las técnicas”.