Marius Borg Høiby seguirá en prisión: el tribunal rechaza que cambie la cárcel por la finca real mientras apela su condena de 4 años
Marius Borg Høiby se encuentra en prisión preventiva desde principios de febrero, después de ser detenido por cuarta vez a horas de que comenzara un juicio que duró siete semanas. El hijo de la princesa Mette-Marit regresó a la cárcel de Oslo y fue 15 de junio cuando fue condenado por el Tribunal del Distrito de Oslo a cuatro años de prisión por, entre otros delitos, dos violaciones de las cuatro que le imputaban. Su equipo legal apeló la sentencia y mientras se pronuncia el Tribunal Superior, algo que no se espera hasta 2027, está solicitando a través de todos los mecanismos legales posibles y todas las instancias, cumplir esa prisión preventiva desde su casa, que no es otra que la finca real de Skaugum, residencia oficial. Este lunes 13 de julio el Tribunal de Distrito de Oslo ha prolongado su estancia en prisión cuatro semanas más.
Marius Borg Høiby permanecerá bajo custodia en la cárcel de Ila durante otras cuatro semanas. El tribunal tomó esta decisión después de que la fiscalía solicitara la prolongación de la prisión alegando el riesgo de que se cometieran nuevos actos delictivos. Si el Fiscalía General del Estado no hubiera solicitado la prórroga de la detención antes de este lunes 13 de julio, el hijo de la princesa habría sido puesto en libertad al expirar la detención preventiva. Sin embargo, Sturla Henriksbø, el fiscal y la voz principal de la acusación pública en este procedimiento, consideró que el riesgo de reincidencia no se había reducido lo suficiente como para justificar la liberación de Marius Borg Høiby.
Por la otra parte, el abogado defensor del hijo de la princesa, mostró ante los medios su desacuerdo. "Es muy difícil de entender. Creemos que no se han cumplido las condiciones para prolongar la prisión. No tengo nada más que decir por el momento", declaró Petar Sekulic a Nettavisen.
Tras el cierre temporal de la prisión de Oslo, la más grande del país, Marius fue trasladado a Ila, una prisión de alta seguridad con fama del albergar a los presos más peligrosos. Tal y como se ha podido conocer por los propios motivos que alegó Marius para solicitar su puesta en libertad, él se encuentra en aislamiento por elección propia y por motivos de seguridad. Esa falta de contacto humano le ha provocado, según alegó entonces, problemas de sueño y alimentación, deterioro de memoria y pasividad social.
También hay que recordar que cuando comenzó este proceso paralelo de solicitar un brazalete electrónico para cumplir la prisión preventiva desde la finca real de Skaugum, para lo que necesitaba el apoyo de todos los que en ese lugar vivieran, en ese caso es la casa que la monarquía noruega destina a los futuros reyes, Marius Borg aseguró que tenía una famliar muy enfermo. Una clara referencia a su madre, Mette-Marit de Noruega, que durante el tiempo que él ha estado en prisión ha sido sometida a un transplante de pulmón y todavía se está recuperando, ya que no ha recibido el alta ni se ha incorporado a la agenda oficial.
Cómo una pelea doméstica derivó en el expediente penal que ha sacudido a la monarquía noruega
El caso que ha terminado por convertirse en uno de los procesos judiciales más delicados para la Casa Real noruega estalló en agosto de 2024, cuando lo que inicialmente se interpretó como una pelea doméstica derivó en una denuncia por agresión en el entorno cercano y en la primera de cuatro detenciones consecutivas. A medida que avanzaba la investigación, comenzaron a aparecer nuevas voces de antiguas parejas, cuyos testimonios ampliaron el alcance del caso y obligaron a la policía de Oslo a revisar con mayor profundidad el entorno personal del hijo de la princesa Mette-Marit.
El punto de inflexión llegó cuando los investigadores accedieron al teléfono móvil de Marius Borg Høiby, del que extrajeron una larga lista de posibles delitos. Aquella revisión abrió una dimensión completamente distinta del caso: surgieron indicios de violaciones, abuso en la intimidad, tráfico de drogas, conducción temeraria y otras aristas que nunca pudieron ser probadas en sede judicial, pero que sí contribuyeron a dibujar un patrón de conducta alarmante y mediático. Fue entonces cuando trascendió que la policía llevaba tiempo advirtiéndole sobre sus compañías, y que él, según varios testimonios y los propios audios a los que accedió la prensa noruega, actuaba con una sensación de impunidad.
Con el avance de la investigación, el caso pasó de ser un incidente aislado a convertirse en un expediente de enorme impacto institucional, tanto por la gravedad de los cargos como por la posición pública del acusado. La instrucción desembocó en un juicio de siete semanas, 38 cargos y cientos de páginas de mensajes extraídos de su propio teléfono, que situaron a la Casa Real noruega en el centro de una presión mediática inédita. Desde entonces, cada decisión judicial -incluida la de hoy- se sigue con una atención excepcional. Esto no ha terminado, ya que Marius Borg y su equipo legal compuesto por la élite del país, han recurrido a la segunda instancia de Noruega (el Tribunal Superior) con el fin de rebajar esa condena de 4 años de prisión que recibió principalmente por las dos violanciones y los cargos de agresión en el entorno cercano.




