Morena: el desafío después de AMLO
La apertura del proceso para elegir coordinadores estatales de la 4T rumbo a las 17 gubernaturas de la Ruta 2027 llega en un momento particularmente complejo para Morena; nunca había tenido tantos aspirantes, grupos internos y posiciones de poder en disputa.
Lo que antes le faltaba hoy le sobra: cuadros, interesados, operadores y figuras que buscan encabezar los proyectos estatales. Sin embargo, la abundancia de aspirantes no necesariamente se traduce en abundancia de liderazgos.
Durante años, Morena pudo apoyarse en la fuerza de una marca prácticamente invencible y en el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, esa fórmula le permitió ganar elecciones incluso con candidatos que no necesariamente destacaban por su experiencia, capacidad de gobierno o propuestas propias.
Pero las condiciones han cambiado, hoy el movimiento enfrenta un desgaste acumulado, tensiones internas y problemas regionales que han comenzado a erosionar parte de su fortaleza política. Ahí están los costos que ha dejado en Sinaloa, los señalamientos de autoridades estadounidenses de gobernador con licencia,
Rubén Rocha Moya, con grupos delictivos; el descontento de los productores de frijol en Zacatecas y el desfalco del gobierno de David Monreal; la violencia que golpea a Tabasco y los señalamientos sobre los presuntos vínculos de Hernán Bermúdez Requena con el grupo criminal ‘La Barredora’ durante la administración de Adán Augusto López Hernández; o la confrontación permanente con la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos.
Son casos distintos, pero en conjunto reflejan un escenario mucho más complejo para Morena que el que enfrentó en sus años de mayor fortaleza electoral. Por eso la encuesta ya no puede convertirse únicamente en un concurso de popularidad; tendrá que estar acompañada de una valoración real de capacidades, resultados y talento político.
De lo contrario, el riesgo para Morena es seguir creyendo que cualquier candidatura puede ganar únicamente por llevar sus siglas, si el partido continúa privilegiando lealtades, grupos o acuerdos internos por encima de perfiles con capacidad de gobernar, podría comenzar a recorrer el mismo camino que transitó el PRI cuando confundió hegemonía con permanencia.
La oposición podría empezar a ganar espacios, y no por habilidad, mérito o visión de largo plazo, sino porque existe un vacío cada vez más grande entre Morena y los ciudadanos. En política, como en la vida, los vacíos se llenan, y cuando un partido deja de representar expectativas de futuro, alguien más ocupa ese lugar.
Los coordinadores estatales que hoy comienzan a definirse no sólo competirán por gubernaturas, en muchos casos serán los responsables de encabezar la transición de Morena hacia una nueva etapa, en la que la marca ya no será suficiente y donde la evolución del movimiento dependerá menos de la nostalgia del pasado, y más de la capacidad de construir liderazgos propios, ofrecer certidumbre y responder a los desafíos de un país cada vez más complejo.
De esa decisión dependerá buena parte de lo que ocurra en 2027, pero también del rumbo que Morena pueda tener hacia la Ruta 2030.
Nos vemos a las 8 por el 8 de TV
POR SOFÍA GARCÍA
COLABORADORA
@SOFIGARCIAMX
MAAZ