Objetivo 2028: Montenegro pisa el acelerador para convertirse en el miembro 28 de la Unión Europea

Objetivo 2028: Montenegro pisa el acelerador para convertirse en el miembro 28 de la Unión Europea

La ciudad balneario de Tivat tiene algo más de 16.000 habitantes y un puerto deportivo en el Adriático, que dejó atrás hace mucho su pasado como base militar de submarinos y como uno de los núcleos de la industria pesada de la extinta Yugoslavia. El lujo de los yates de Porto Montenegro recibió ayer a más de 30 delegaciones de alto nivel, que incluyeron a presidentes y primeros ministros de los países de la Unión Europea y de los seis aspirantes de los Balcanes Occidentales (Montenegro, Albania, Serbia, Macedonia del Norte, Bosnia y Herzegovina y Kosovo), así como a los más altos representantes comunitarios, entre los que estuvieron Ursula von der Leyen, António Costa y Kaja Kallas.

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El mensaje y la foto de familia que han salido de la localidad montenegrina son inequívocos: la región tiene un futuro garantizado en el seno de la UE aunque la espera para ser admitidos se esté haciendo eterna. Porque, transcurrida más de una década desde el ingreso de Croacia, el último fichaje del club comunitario, la incógnita por despejar es cuándo lo conseguirán sus vecinos. Costa, presidente del Consejo Europeo, ha recalado a lo largo de esta semana, justo antes de la cumbre, en cada una de las capitales de los seis aspirantes balcánicos. Su mantra no ha dejado lugar a la duda de lo que va a significar este encuentro: "La ampliación es una inversión en la paz, la estabilidad y la seguridad de nuestro continente".

La ampliación vuelve al centro

"No ha habido un big bang, pero la cumbre ha confirmado algo más importante: que la ampliación ha vuelto al centro del pensamiento geopolítico de la Unión Europea", señala el analista Naim Leo Besiri, director del Institute for European Affairs, con sede en Belgrado.

"Los ciudadanos de la región llevan viendo declaraciones, cumbres y fotos de familia desde Tesalónica en 2003. Si la UE quiere que esta cumbre tenga relevancia, deberá sustituir la ambigüedad diplomática por hitos políticos medibles y concretos", añade sobre un proceso encallado. "Montenegro está siendo tratado como el caso de prueba para determinar si la UE todavía es capaz de cumplir las promesas hechas a los Balcanes Occidentales hace más de dos décadas", destaca.

"Ha sido la oportunidad para que la UE reafirme la política de ampliación, especialmente en el contexto de los cambios geopolíticos causados por la guerra en Ucrania y la creciente influencia de otros actores de la región", apunta Nikoleta Dukanovic, profesora de Política Exterior y Organizaciones internacionales en la Universidad Donja Gorica de Podgorica. "No esperaba que hubiera decisiones institucionales espectaculares, pero sí mensajes políticos claros de apoyo a la senda europea de Montenegro", valora sobre el candidato que está en cabeza.

Foto de familia en la cumbre de la localidad montenegrina de Tivat el viernes.

Foto de familia en la cumbre de la localidad montenegrina de Tivat el viernes.BORIS PEJOVICEFE

El 'sprint' de Podgorica

Montenegro tiene sólo 600.000 habitantes y es miembro de la OTAN desde 2017. Empezó sus negociaciones con la UE en 2012 y hace unos días celebró los 20 años de su independencia de Serbia. Es el país favorito, seguido muy de cerca por Albania. Tirana inició el diálogo en 2022, justo 10 años después que Montenegro, pero ha podido beneficiarse de los procedimientos más diligentes aprobados con posterioridad (Albania aprueba 'clusters' completos en vez de ir capítulo a capítulo como Montenegro).

Podgorica trata de cerrar toda la parte técnica antes de que acabe este año y ya ha conseguido que se forme el grupo de trabajo que redactará su acuerdo de adhesión, que cada uno de los 27 Estados miembro deberá rubricar de forma independiente. Ese grupo es un hito muy importante en su camino. De forma paralela, está a pleno rendimiento la maquinaria política: se trata de convencer a cada una de esas capitales de que Montenegro debe ser el miembro número 28 de la UE. Y, estos últimos días, el apoyo de Alemania y Francia, las dos economías más potentes de la UE, se ha oído fuerte y claro.

El desafío es conseguirlo precisamente en 2028, con un juego de números (el Estado 28 en el 28) que su Gobierno ha convertido en su leitmotiv. "La cumbre Balcanes-UE de ayer ha sido un mensaje muy importante para Montenegro y para los demás candidatos de la región", explican fuentes oficiales del país. "Ha sido además un evento enorme que ha representado un desafío para un país tan pequeño como el nuestro», señalan las mismas fuentes.

"La presencia de los líderes de los Estados más grandes de la UE ha enviado una señal que no se puede replicar con declaraciones y comunicados", explica Milos Pavkovic, jefe estratégico e investigador del European Policy Centre de Belgrado. "La foto de familia es una imagen poderosa, pero los respaldos simbólicos deben estar apoyados por avances sobre el terreno", afirma.

Resultados frente a símbolos

Más allá de los despachos, las negociaciones y los esfuerzos para compatibilizar la legislación nacional con el acervo comunitario, está el día a día de los ciudadanos y un proyecto que parece que no va a llegar jamás a materializarse. Aunque los montenegrinos están junto a los albaneses entre los aspirantes más europeístas, según indica el último Eurobarómetro, publicado el pasado mayo, la espera eterna amenaza con convertirse en una losa que entierre las aspiraciones y los deseos.

"Los jóvenes montenegrinos esperan que el proceso traiga mejores instituciones, oportunidades más justas y una mayor calidad de vida. Quieren resultados tanto como símbolos", relata Iliriana Gjoni, analista del think tank Carnegie Europe, con sede en Bruselas. La historia de esta politóloga y pianista profesional es significativa. Nació en Ulquin en 1987, la ciudad más meridional de la entonces república yugoslava y el centro de la minoría albanesa en Montenegro, en una familia de activistas. Desde muy joven, participó en iniciativas cívicas, representó a Montenegro en un programa de liderazgo juvenil en Washington y fue moderadora en el principal programa de noticias en albanés en la televisión nacional.

Al mismo tiempo, estudiaba piano, practicaba 12 horas diarias y acudía a concursos en su país y en el extranjero. "Al crecer en el Montenegro de finales de los 90 y principios de los dos mil, me di cuenta de lo limitadas que podían ser las oportunidades, en particular para alguien a la que le importaba profundamente la justicia social y procedía de una minoría. El progreso dependía menos del mérito que de la proximidad política, y eso nunca encajó bien conmigo", cuenta. Se marchó en 2005 para estudiar primero en Tirana y más tarde en Italia, Alemania y Bélgica.

"Experimenté Europa antes de estudiarla", dice. Ahora se prepara para dejar la capital comunitaria durante un año para un proyecto de investigación en Florencia relacionado con la ampliación europea: "Mirando hacia atrás no veo la música y el análisis político como caminos separados porque ambas carreras crecieron de la misma convicción: que las personas pueden tender puentes sobre las diferencias y que las sociedades pueden elegir un futuro mejor". Lo extrapola a la experiencia de las generaciones más jóvenes: "Muchos ya se sienten europeos, pero todavía necesitan dejar Montenegro para encontrar las oportunidades que buscan. Para mí el mayor beneficio de la adhesión será ayudar a crear un país donde se pueda elegir sin sentir que se está sacrificando el futuro".

El horizonte de 2028 es ambicioso y obliga al país a superar todavía algunos escollos. La periodista montenegrina Biljana Matijasevic, redactora jefa de la edición en su país de Forbes y periodista política del diario Vijesti, destaca que "el obstáculo clave es la reforma constitucional, que requiere mayoría cualificada y, por tanto, los votos de una parte de la oposición. Debe haber al menos un consenso mínimo en los temas directamente vinculados a la senda europea". También señala la independencia judicial: "2028 no es un plazo imposible, pero sí requiere un cambio serio en el comportamiento político. Si la agenda europea se usa para maniobras políticas cotidianas, el objetivo se quedará sólo en una ambición".

Mientras tanto, la reportera no obvia la importancia de la cumbre en Tivat: "Los Balcanes estuvieron durante décadas al margen de los procesos europeos y globales. En los 90, la región pasó por guerras, sanciones y aislamiento, y un largo periodo de inestabilidad política y económica", recuerda. "Por eso es importante esta cita. Confirma que Montenegro ya forma parte de las corrientes políticas europeas y que los asuntos regionales y europeos se debaten en Podgorica y Tivat, y no sólo en Bruselas, París o Berlín".

El canciller Friedrich Merz.

El canciller Friedrich Merz.FRIEDEMANN VOGELEFE

El 'estatus intermedio' de Merz

El canciller alemán, Friedrich Merz, envió el mes pasado una carta a los altos cargos comunitarios para lanzar una propuesta para que Ucrania, Moldavia y los países de los Balcanes Occidentales pasen por un 'estatus intermedio' antes de su integración plena y así acelerar el proceso de adhesión.

La propuesta daría más prerrogativas al país en guerra, que obtendría un reconocimiento como "miembro asociado" (no tendría voto, pero asistiría a las cumbres, nombraría un comisario europeo sin cartera y tendría eurodiputados) que a aspirantes que llevan ya más de dos décadas de conversaciones.

Los países balcánicos y Moldavia podrían ser "observadores" y con acceso al mercado único. Este asunto se debatirá en la próxima cumbre informal de los líderes europeos, prevista para el 18 y 19 de junio en Bruselas. Zelenski ha rechazado esta propuesta.

Tres expertos opinan sobre esta idea que el mandatario alemán ha puesto sobre la mesa:

  • Nikoleta Dukanovic, Universidad Donja Gorica (Podgorica): "Superar el estancamiento"

"La propuesta de una adhesión asociada puede interpretarse como un intento de superar el actual estancamiento de la política de ampliación y ofrecer a los países candidatos una integración gradual antes de la plena adhesión. En teoría, un modelo de este tipo podría aportar ciertos beneficios mediante un acceso más temprano a políticas y fondos específicos de la UE. Sin embargo, también existe la preocupación legítima de que la 'adhesión asociada' se convierta en un sustituto permanente de la plena adhesión.

Para los países de los Balcanes Occidentales, es crucial que la perspectiva europea siga siendo clara, creíble y basada en la plena integración, y no en la creación de nuevas categorías de afiliación que podrían generar frustración política en la región".

  • Naim Leo Besiri, Institute for European Affairs (Belgrado): "Realismo y temor"

"Refleja tanto realismo como temor dentro de la UE. Realismo, porque Bruselas sabe que una ampliación completa de todos los candidatos antes de 2030 es institucionalmente muy difícil. Temor, porque la Unión teme importar inestabilidad, chantajes mediante vetos y retrocesos democráticos a un bloque ya de por sí fragmentado. La propuesta es, esencialmente, un intento de crear una sala de espera con beneficios: integración parcial sin pleno poder político.

Para los Balcanes Occidentales, esa idea es políticamente peligrosa si termina convirtiéndose en un sustituto permanente de la adhesión plena en lugar de una fase transitoria. La región ya ha pasado dos décadas atrapada en diferentes 'asociaciones especiales', 'mecanismos de estabilización' y fórmulas de 'integración gradual'. Los ciudadanos empiezan a comprender que esos interminables estatus intermedios pueden convertirse fácilmente en elegantes eufemismos diplomáticos para una exclusión permanente.

Si la membresía asociada se utiliza únicamente como un mecanismo temporal de aceleración hacia la adhesión plena, puede funcionar. Pero si se convierte en el destino final, corre el riesgo de destruir lo que aún queda de la credibilidad de la UE en los Balcanes".

  • Milos Pavkovic, European Policy Centre (Belgrado): "Mayor operatividad"

"La propuesta plantea la ampliación de la UE como una necesidad geopolítica al tiempo que reconoce que el proceso actual toma demasiado tiempo. Debe entenderse como una mayor operatividad de la integración gradual anunciada por el Consejo Europeo en junio de 2022.

La carta de Merz introduce un enfoque diferenciado: para Ucrania, propone el estatus de miembro asociado; para los Balcanes Occidentales y Moldavia, sugiere el estatus de observador y un acceso privilegiado al mercado único como soluciones innovadoras para acelerar su vía de adhesión. Específicamente para Montenegro, es probable que esto sea matizado.

Por un lado, cualquier señal de Berlín de que los Balcanes Occidentales no deben quedarse atrás es bienvenida; Merz subrayó explícitamente que la UE debe mantener su compromiso con la promesa de que los países de los Balcanes Occidentales y Moldavia pueden convertirse en miembros. Por otro, el Gobierno de Montenegro ha perseguido de manera constante la plena adhesión para 2028, y un estatus intermedio de observador podría considerarse como un freno, en lugar de un acelerador, para esa trayectoria.

La carta de Merz concluye reafirmando a los líderes de la UE que la propuesta no debe descarrilar ni descarrilará los procesos de adhesión de otros candidatos, incluidos los Balcanes. El impacto práctico de esta propuesta dependerá en gran medida de cómo la reciban otros Estados miembro y de si gana fuerza antes o durante la cumbre de junio. Se entiende mejor como una contribución a un debate abierto que como una dirección política consolidada".