Se cumplen 30 años desde que los divorciados ideales firmaron los papeles, ¿cómo es ahora la relación entre el expríncipe Andrés y Sarah Ferguson?
Durante tres décadas tras el final de su matrimonio, Andrés Mountbatten‑Windsor y Sarah Ferguson mantuvieron una relación estrechísima, hasta el punto de que Sarah describía a la pareja como "la pareja divorciada más feliz del mundo". El que fuera duque de York y su exmujer vivían juntos, veraneaban juntos y no tenían más que buenas palabras el uno para el otro. "Siempre será mi apuesto príncipe. Es maravilloso que seamos tan familia y que la historia tenga siempre un final feliz", dijo en una ocasión Sarah. Ahora, al cumplirse 30 años de su divorcio -finalizado el 30 de mayo de 1996- su relación está en un lugar muy distinto.
Por primera vez en 18 años viven por separado y llevan meses sin verse. Desde que se vieron obligados a abandonar Royal Lodge, la mansión de 30 habitaciones en la finca de Windsor que compartieron hasta principios de este año, Andrés ha sido desterrado a la modesta Marsh Farm, en la finca de Sandringham, en Norfolk. La semana pasada se supo que el hermano del rey Carlos III, que fue arrestado el día de su 66º cumpleaños en febrero bajo sospecha de mala conducta en el ejercicio de un cargo público, también está siendo investigado por posibles delitos sexuales. La Policía del Valle del Támesis afirmó haber contactado con los abogados de una mujer que fue llevada a una dirección en Windsor en 2010 con fines sexuales, y que si ella decidiera denunciarlo, el caso sería tratado con seriedad y cuidado. Sarah, que según se dice se mueve entre casas de amigos, fue vista por última vez en una estación de esquí en Austria.
Desaparecidos del mapa
La última vez que se les vio juntos en público fue en septiembre, en el funeral de Katharine, duquesa de Kent. Aunque ambos asistieron al bautizo de su nieta Athena -la hija menor de la princesa Beatriz- en diciembre, han mantenido un perfil bajo tras nuevas revelaciones sobre su amistad con el difunto delincuente sexual Jeffrey Epstein.
"La idea de que fueran la pareja divorciada más feliz siempre fue un mito", afirma Andrew Lownie, autor de Entitled: The Rise and Fall of the House of York. "Sarah tenía apartamentos en el extremo opuesto de la casa y, aunque se veían y hablaban por teléfono, no creo que hubiera mucho contacto. Siempre existió la idea, bastante cínica, de que él era su tarjeta de presentación para los negocios y para ver a miembros de la familia real". "Estaban como unidos -ellos contra el mundo- y eso ahora está claramente fracturado. Creo que ella siente que él es tóxico y que va a destruir sus oportunidades de marca, así que ha llegado el momento de seguir su propio camino", añade.
Todo ello contrasta con el día de su boda -hace 40 años este verano, cuando multitudes se congregaron ante la abadía de Westminster para ver llegar a los recién casados en un carruaje de caballos. En 1992, Andrew y Sarah, ya padres de las princesas Beatriz y Eugenia, se separaron después de que un tabloide destapara la aventura de Sarah con su asesor financiero.
La pareja siguió siendo amiga. Ambos tuvieron otras relaciones -entre los novios de Sarah estuvo el aristócrata italiano conde Gaddo della Gherardesca, mientras que Andrés salió con mujeres como Lady Victoria Hervey, Amanda Staveley y Caroline Stanbury-, pero continuaron haciendo vacaciones familiares con sus hijas. "Si has estado casado con alguien, me parece ilógico no ser amigo al final", dijo Andrés en una ocasión.
Un vínculo duradero
"Parecían llevarse mejor después de separarse, quizá porque ya no había obligación", afirma Ingrid Seward, directora de Majesty Magazine. "Era una relación extraña. Cuando él llamaba, ella se ponía de pie y decía: '¡Sí, marido!'". "Pero no creo que fuera romántico. No sé si Andrés quería volver con ella, pero creo que nunca dejó de amarla. Había fotos de ella por toda la casa. La veía como la madre de sus hijas y siempre la protegería, porque es muy leal con la gente a la que quiere".
Andrew Lownie añade: "Hubo momentos en los que pensó que estaría bien volver por el bien de las niñas, pero ella no quería. Creo que la relación romántica se apagó pronto, pero él sí quería mantener esa supuesta relación familiar feliz. Pensaba que sería bueno para sus hijas".
Ingrid afirma que Sarah se aburría y se sentía sola en su matrimonio, y que se cansó de las maneras toscas de Andrés. "Recuerdo que dijo: 'Es un encanto, pero es un encanto aburrido', y lo entendí", explica Ingrid, que pasó tiempo en casa de Sarah durante y después del matrimonio.
"Él jugaba al golf todo el tiempo, o veía la televisión, y estaba siempre fuera con la Marina. Creo que ella se aburría mortalmente, y eso la llevó a los brazos de otros hombres. Él la avergonzaba con la forma en que hablaba a la gente, y creo que ella perdió el respeto por él. Ella es muy encantadora y jamás hablaría con condescendencia a alguien que considerara inferior, pero Andrés sí lo hacía, y ella lo detestaba", añade.
Mientras tanto, cuando Andrew fue supuestamente amenazado recientemente mientras paseaba a sus perros, los pensamientos de Sarah parecían centrarse en sí misma. "Entiendo que estuviera preocupada y que lo encontrara aterrador, pero su preocupación no parece ser por él; más bien por la posición en la que eso la deja a ella", afirma Robert Jobson, autor de The Windsor Legacy, a HELLO!.
La vida en el exilio
En su libro, Andrew Lownie describe la "profunda alienación" que siente el ex príncipe en Sandringham, donde pasa el tiempo montando a caballo y jugando a videojuegos. "No veo ningún futuro en esa relación", asegura. "Sospecho que acabarán en países distintos: él en Oriente Medio, ella quizá en Suiza. Ella no ha hecho ninguna declaración pública de apoyo como solía hacer".
Se dice que Sarah está "de sofá en sofá" en casas de amigos adinerados mientras decide dónde va a vivir y cómo se va a mantener. Sin embargo, Ingrid cree que el vínculo que ha unido a Sarah y Andrés es demasiado fuerte para romperse. "Estoy segura de que siguen hablando, porque él la ha sostenido en tantos momentos", afirma. "Tienen mucho en común: a ambos les gusta el dinero, ambos son irresponsables y ambos viven en una especie de mundo de fantasía creado por ellos mismos. Quizá estén destinados a estar siempre juntos. Separados, pero juntos".









