"Solo estamos de paso, somos un soplo": Alejandro González Iñárritu

"Solo estamos de paso, somos un soplo": Alejandro González Iñárritu

Que una mujer sea Presidenta de México “es un gran triunfo”, opina el cineasta Alejandro González Iñárritu. “Ellas crean la vida”, reflexiona en la biblioteca de El Colegio Nacional, institución a la que ha ingresado como el primer realizador elegido desde su creación, en 1943.  

Los avances con una mandataria, piensa, están “en todo, en la inteligencia, en que haya realmente una posibilidad de que ese machismo entienda perfectamente que las mujeres nos traen al mundo, ellas crean la vida. Esa es la verdad. La sabiduría que hay, la inteligencia es un hecho. Y eso es un gran, gran triunfo, el que haya una Presidenta mujer en México”.

Apenas un día antes, González Iñárritu leyó un largo discurso -de más de dos horas- para ingresar a la institución que nació como una reunión de notables, exclusivamente compuesta por hombres. Ahora atiende una larga jornada de entrevistas y confirma el estado de agradecimiento en el que se encuentra: En la vida, dice, “estamos de paso, somos un soplo”.

González Iñárritu, ganador de los más célebres premios que concede la industria cinematográfica, con 62 años, esposo y padre de dos hijos, lleva la mitad de su vida haciendo cine -ocho películas en total-. “El cine finalmente se convierte en parte de tu vida, es una extensión un poco tuya: de tus experiencias, no se hace cine ajeno a lo que tú eres, a tu contexto, a tu situación, a tus miedos… la memoria, las preocupaciones”.

En esa vida, el cineasta se asume como migrante, ‘de primera clase’, pero migrante: una persona que ha tenido que salir de su propio país para hacer lo que desea y que, por lo tanto, se identifica con la condición del que está fuera del terruño: “Una de cada 67 personas en el mundo hoy es un migrante por situaciones de conflicto, de guerra, de hambre, de cambio climático. Las reacciones de los gobiernos han sido fallidas, crueles, en la mayoría de los casos, sabias en algunos otros, como creo que el presidente Pedro Sánchez (presidente de España) ha hecho”.

El problema, opina, “también es de nosotros con los latinoamericanos que llegan aquí. Es una cuestión muy primitiva para la que no hemos podido entender la solución todavía, pero sí creo que va a ser, es ya uno de los grandes problemas, junto con la inteligencia artificial, van a ser de los retos más grandes, el cambio climático que está cambiando las condiciones de la gente que no va a tener otra opción más que moverse”.

En El Colegio Nacional, adelanta el cineasta, aún no tiene del todo clara una agenda de temas que abordará, pero cree necesario abrir brecha para otros realizadores. “En primera instancia lo que me gustaría, lo tengo claro, es que como me han invitado en nombre de una tradición y de un oficio, abrirle las puertas a muchos compañeros, colegas, directores, directoras, para poder conversar y hablar y compartir experiencias, las posibilidades, los retos”.

Así como el director de “Bardo” ve con buenos ojos que Claudia Sheinbaum ocupe la presidencia, también externa su preocupación ante la violencia que perdura en el país desde hace algunas décadas.  “El sacudirse eso es como si tú tuvieras cáncer y siguieras tu vida común y corriente y no quisieras verlo. Y el cáncer te está erosionando, te está carcomiendo. Y es no querer verlo y seguir tu vida normal”.

“Esa inseguridad y esa falta de entendimiento de cuál es la causa y cómo podemos atender esa causa inmediatamente y frenar todo lo demás, eso es lo más importante: si tienes cáncer todo lo demás es secundario. Pero hemos normalizado ese cáncer como si fuera algo ordinario y parte de la vida”, lamenta.

Con todo, hoy existe otro González Iñárritu, muy diferente a aquel que filmó “Amores perros”. El temor a ya no reconocerse en ese hombre del año 2000, le impide regresar a ver sus películas, porque volver a ellas “ es como ver una foto tuya de niño, en donde eres testigo único de alguien que ya desapareció, que ya no existe, pero que se ha resistido a morir”.

“Es muy nostálgica y sorprendente la impermanencia, que estamos todo el tiempo cambiando, pero no tenemos conciencia de que ahorita mismo estamos cambiando y mañana seremos otros. Ese río, aunque parezca que es el mismo río, todo el tiempo es diferente el agua y nunca ha sido igual. Y ese hombre que se está bañando en ese río también está cambiando, aunque no parezca, es la famosa realidad aparente”.

Su primer discurso en El Colegio Nacional, dice, fue “un poco poner en orden la bodega”, pero regularmente nunca lo hace. “Pongo todos los folders, los cierro y no los vuelvo a abrir y me gusta aprender de nuevo y empezar de nuevo y no traer nada de lo anterior a eso porque ese conocimiento de hace dos años, tres años, diez años, no me sirve”.

De está manera, “cada película es una aventura distinta y me gusta aprender a hacer cine”. Así volvió a pasar ahora, con “Digger”, la nueva cinta del director que se estrena en octubre, “una comedia salvaje, negra” qué le costó nueve aprender a hacerla. “Eso es lo que me excita. Pero me ayudó, no fue placentero porque es difícil explicarte a ti mismo, pero me ayudó a poder articular o tratar de poder articular y darle una estructura a lo que hago normalmente, intuitivamente. Es como andar en bicicleta.
Puedes explicar andar en bicicleta, pero cuando subes una bicicleta no piensas andar en bicicleta, solo andas en bicicleta”.

Por Luis Carlos Sánchez

EEZ