Vivimos una crisis de imaginación: Patricio Pron
Escapando de la posibilidad de que España comenzara a ser gobernada por la extrema derecha, Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) tomó la decisión de marcharse un tiempo con su familia a Nueva York. Ahí cumpliría el encargo de escribir un libro sobre el intelectual rumano Benjamin Fondane, pero en la ciudad se vivía “un otoño extraño, sofocante”: Donald Trump estaba a punto de convertirse nuevamente en presidente de Estados Unidos.
“Naturalmente me fui a un país que creemos que es una de las democracias más fuertes del mundo, con instituciones democráticas estables y sólidas, y a continuación se dio el casi inevitable triunfo de Trump. Supongo que estaba en el sitio en el que estaba tratando de huir”, dice.
Lo que estaba a punto de suceder, pero también la fascinante vida de Fondane, quien eligió compartir el destino de los judíos europeos llevados a Auschwitz-Birkenau, se convirtieron en germen de “En todo hay una grieta y por ella entra la luz” (Anagrama, 2026), novela “mutante” que camina entre el ensayo, la biografía, el tratado filosófico y el testimonio, y que rompe con las estructuras y se cuenta a través de siete largas notas a pie de página que terminan por constituir los capítulos del libro.
Primero está Fondane. Poeta simbolista, “escritor compulsivo de artículos y ensayos para la prensa de su país”, copropietario de una compañía teatral, filósofo existencialista y “escritor surrealista en francés”, quien proyectó por primera vez en Argentina los filmes de Man Ray, René Clair y Luis Buñuel. Judío de París, antifascista, casado con una mujer aria, pero que fue apresado junto con otras 700 personas y llevado al campo de concentración donde finalmente murió en 1944.
Fondane se volvió fascinante para Pron por tres razones: “El hecho de que su muerte haya sido voluntaria, que haya marchado voluntariamente a Auschwitz, convierte su muerte en algo incomprensible a ratos. La segunda razón es que durante diez años estuve obsesionado por su obra, muy poco conocida en español y prácticamente olvidada en francés, pero extraordinaria. Por último, la historia de su filme surrealista, filmado en Argentina, pero que su productor consideró tan inmoral que mandó destruirlo”.
Pron siguió pensando en Fondane y en el tiempo que le tocó vivir, “tan parecido al nuestro”. Pero no es que el escritor piense que la historia se repite, “pero sí diría que, como una especie de enorme poema, la historia tiene rimas internas y que nuestra época rima de alguna manera con la de él. Es una época en la que la negación del otro deviene en política de Estado, es también una época similar a la que Fondane denunció y de la que finalmente fue víctima. Veo muchas similitudes: el ascenso de los fascismos, tanto el italiano como el nazi y el stalinista, pero no vemos demasiadas voces con la lucidez y la autoridad de Fondane”.
Ese será el terreno donde el autor argentino reflexione sobre el mundo fracturado, la crisis ecológica, la descomposición de la democracia y la pérdida del sentido; donde se intercala la vida del autor mismo, de una enfermedad y de un duelo; donde la vida de Fondane y su actitud intelectual llevan a pensar el arte como resistencia y la posibilidad de una esperanza.
“La rebeldía de Fondane consistió en escoger, en ser libre hasta el último momento, incluso el modo en que iba a morir. Su rebeldía puede parecernos excesiva, heroica en algún sentido, y sin embargo es una rebeldía a la que debemos apelar todos y cada uno de nosotros a cada momento. Su rebeldía consistió en decir que no donde se le pedía que dijese que sí, y estos son tiempos en los que se nos exige que digamos que sí”, considera.

“Todas las veces que obedecemos traicionamos algo profundo que está en nosotros, que hemos olvidado, pero que es lo que nos convirtió en quienes somos. Desobedecer es ejercer nuestro derecho a ser libres, y Fondane tiene mucho en ese sentido que decirnos a quienes vivimos en el presente, en nuestra época”.
El mundo, agrega, se encuentra en el final de una época, donde las tecnologías tienen un papel preponderante, aunque siempre quedan espacios de esperanza. “Atravesamos una crisis de imaginación, tenemos dificultades para imaginar cómo podrían ser mejor las cosas, en esa crisis la literatura tiene mucho para decir, en especial si procura no adoptar las formas y los temas más frecuentes, sino tratar de explorar, de buscar algo que aún no haya sido dicho”.
Pron sugiere lo mismo que hacen los personajes de su libro: encarar el malestar. “Perciben en ellos y en su vida un daño al que no pueden definir y que no pueden poner en palabras, pero a diferencia de la mayor parte de nosotros, en lugar de huir de ese dolor, lo confrontan. Comienzan a pensar acerca de él, a buscar libros y obras de arte contemporáneo que hablen de ese malestar para aproximarse a él de una manera nueva”.
“Están a la búsqueda de respuestas, porque tienen, como nosotros, numerosas preguntas. No son en ese sentido distintos a nosotros, excepto por el hecho de que en lugar de huir de la grieta que se abre bajo sus pies, se asuman a ella para ver si detrás de la fractura del mundo que vivimos no hay un mundo más verdadero”, concluye.
ELEMENTOS
- Patricio Pron es autor de seis libros de relatos y de ocho novelas.
- En 2010, Granta lo eligió como uno de los 22 mejores autores en español de su generación.
- Sus libros han sido traducidos a unos 12 idiomas y se han publicado en más de 20 países.
- Actualmente regresó a vivir a Madrid, junto con su esposa y sus dos gatos.
Por Luis Carlos Sánchez
EEZ