Si notas que tu salón, con su blanco roto y su beige de siempre, empieza a darte un poco de pereza, no eres la única. Llevamos casi dos décadas decorando con la misma fórmula: líneas limpias, tonos neutros y superficies mate que no molestan a nadie. Y, precisamente por eso, lo que ahora gana terreno es justo lo contrario. El brillo es tendencia de decoración en 2026 y en 2027, con acento ochentero: laca, cromo, acero pulido y cristal ahumado que juegan con la luz y le devuelven algo de carácter a espacios que, últimamente, se parecían todos entre sí.
Pinterest ya le ha puesto nombre a la tendencia —la llama 'Glamoratti'— y asegura que las búsquedas de '80s luxury' han crecido un 225 % este último año, sobre todo entre la generación Z y los millennials. Esta propuesta de Roche Bobois es la prueba del regreso triunfal de superficies lisas, casi como espejos, que capturan la luz y transforman la percepción de un espacio.
No es casualidad ni nostalgia porque sí. Después de años de minimalismo frío —ese que el algoritmo de Instagram convirtió casi en obligación—, el informe The New Habitat, elaborado por APE Grupo, ya apuntaba a un giro: la vuelta del color y la personalidad al interiorismo frente a la neutralidad estandarizada, con hogares que buscan ser sensoriales y emocionales, no solo bonitos en una fotografía.
El brillo de los 80 encaja perfecto en ese giro. No se trata de una copia literal de la década, sino de una reinterpretación, con menos hombreras y bastante más criterio. Además, las marcas se han sumado a esta moda, facilitando que la tendencia pase del tablero de Pinterest al salón real sin complicaciones, como ocurre en este comedor con las sillas Panton (editadas por Vitra) en laca roja brillante.
Aquí está la trampa en la que conviene no caer: esto no va de llenar la casa de espejos como si fueras a rodar un videoclip. Pinterest lo resume con precisión en su informe de tendencias 2026: «Glamoratti» no es exceso, es control. Superficies pulidas, líneas afiladas y un uso muy medido del brillo, no un despliegue constante de reflejos por todas partes. No podemos evitarlo: después de años de beige, nos apetece que la casa tenga algo más de personalidad.
Dicho de otro modo: una pieza brillante, bien elegida, dialoga con el resto de la habitación, como en este proyecto del estudio Dosalcubo. En cambio, diez piezas brillantes juntas convierten tu salón en una sala de espejos. La diferencia la marca la dosis, no la ambición. Tampoco hace falta que las piezas sean literalmente de los años 80: vale una reedición actual, un mueble vintage restaurado o, simplemente, un elemento nuevo con ese mismo lenguaje de brillo y líneas limpias.
Es imposible pensar en los 80 sin pensar en los muebles lacados, un acabado que encarnaba una modernidad casi futurista. Luego, en los 2000, se apostó por los materiales en bruto, la madera natural, las texturas mate y la piedra imperfecta. Considerado demasiado brillante y llamativo, el lacado fue desapareciendo gradualmente.
Pero en 2026, regresa transformado. En esta nueva reinterpretación, los colores son más sofisticados —rojo cereza, amarillo mantequilla, azul glaciar o verde oliva— y las formas, más orgánicas. Menos ostentoso y más glamuroso, el lacado ahora juega con la luz en lugar de deslumbrarla. Esta propuesta de La Redoute Interieurs es la prueba.
El salón es el sitio más fácil para empezar, porque no hace falta reformar nada: basta con cambiar un mueble, preferiblemente la mesa de centro. Colocada en el centro del salón (como en esta propuesta de Maisons du Monde), atrae la mirada de forma natural: por lo tanto, es el elemento ideal para atreverse a hacer una declaración audaz sin alterar el equilibrio general del interior. Ya sea al pie de un sofá o como una colorida mesa auxiliar, estructura el espacio al instante.
Si prefieres ir más lejos, un aparador o una vitrina lacados en un color con personalidad —burdeos, verde botella, incluso negro— funcionan como pieza única en un salón que, por lo demás, mantiene líneas sobrias. No hace falta mucho más para que la sala cambie de tono e intención por completo.
En el dormitorio, mesitas de noche y cómodas con acabado espejo
El dormitorio admite el brillo mejor de lo que parece, sobre todo en el mobiliario auxiliar: una mesita de noche lacada o de frente espejado, una cómoda con tiradores cromados o un cabecero tapizado en terciopelo con algún detalle metálico. Son piezas pequeñas, así que el riesgo de saturar el espacio es bajo y el cambio de atmósfera, notable. Si Stranger Things te ha dejado con ganas de más años 80, este es el rincón de la casa donde puedes permitírtelo sin que parezca un decorado.
¿Quieres romper con el minimalismo o con una decoración demasiado neutra? Ve un poco más allá y coloca una pieza principal con este acabado. Esta cómoda roja en alto brillo de Westwing te ayudará a personalizar la estancia con su pizca de atrevimiento.
La cocina es, quizá, la estancia donde el brillo de los 80 se está integrando con más naturalidad, como en esta propuesta de IKEA. La clave está en no dejar que el brillo lo ocupe todo: una isla lacada en verde oliva, combinada con banquetas de madera sin tratar y una encimera en piedra mate, consigue el efecto sin que la cocina resulte fría ni artificial.
Ese equilibrio —brillo más materia cruda— es, de hecho, la fórmula que repiten los interioristas cuando les preguntas cómo evitar que una cocina lacada ejerza su poder, sin perder esa sensación de cocina vivida.
Si todavía no estás segura de si el brillo es para ti, empieza por lo reversible. Un espejo redondo con marco metálico, una bandeja lacada sobre la mesa de centro o una lámpara de sobremesa en un color atrevido y brillante bastan para introducir el efecto sin comprarte un mueble entero. Los detalles son la manera más barata —y más fácil de deshacer si al final no te convence del todo— de probar la tendencia antes de comprometerte con ella.
Se trata de dar una pincelada a la estancia, como en esta propuesta de Arte, donde la mesa auxiliar naranja es un acierto seguro.
El brillo, solo, cansa. Y, mal usado, puede hacer que las estancias se vean algo frías. El acierto está en combinarlo con materiales que aporten calidez: madera sin tratar, piedra mate, lino, lana o cerámica artesanal. Es la misma lógica que ya vimos con el lujo silencioso, solo que aquí el contraste es más evidente: superficie pulida contra textura cruda. Esta propuesta de Pilsferrer es un ejemplo de cómo integrar una pieza brillante, sin que se resienta el tono del ambiente.
La regla que propone Pinterest es sencilla: una pieza brillante por estancia, dos como máximo si son piezas pequeñas. El resto del espacio debería quedar en manos de materiales texturizados o mate que sostengan el conjunto. Aunque el lacado no es precisamente el acabado que mejor disimula el uso diario —marca huellas y polvo con facilidad—, un paño de microfibra basta para mantenerlo impecable.
Al final, el brillo de los 80 no vuelve para que tu casa parezca una discoteca: vuelve para recordarte que un poco de reflejo, bien puesto, también es una forma de calidez. Así que si tu casa lleva años en modo neutro y sientes que le falta un poco de chispa, quizá no necesites una reforma entera: a veces basta con un mueble que brille lo justo, como el icónico sillón Ovalia, de carcasa lacada, ahora reinterpretado por Roche Bobois. El resto —el sofá de lino, la mesa de madera, la lámpara de siempre— puede quedarse exactamente donde está.