Ana Galán, psicóloga: "Cuando lloras en una discusión no estás desbordándote, sino regulándote: tu cerebro cree que hay peligro"

Ana Galán, psicóloga: "Cuando lloras en una discusión no estás desbordándote, sino regulándote: tu cerebro cree que hay peligro"

Hay personas que, en mitad de una discusión, sienten que las palabras desaparecen, y solo les salen las lágrimas. Mientras intentan explicar su punto de vista, el cuerpo parece tomar el control y cualquier argumento con el que podrían defenderse desaparece por completo cediendo lugar a un llanto que, casi siempre, resulta imposible frenar.

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chica triste© Getty Images

Cuando esta situación sucede, tanto quién llora, como quién discute, puede pensar que ese llanto es sinónimo de fragilidad. Para analizar si esta teoría es verdad o no, hablamos con Ana Galán (@anagalanpsicologia), psicóloga especialista en ansiedad y gestión emocional. "Que te salten las lágrimas cuando alguien te habla con dureza no es un capricho ni una debilidad; sino, es tu sistema nervioso haciendo exactamente lo que debe. Cuando recibimos palabras hirientes, nuestro cerebro las procesa como una amenaza real —igual que si estuviéramos en peligro físico— y activa de inmediato la respuesta de alarma", señala.

Según las palabras de la psicóloga, en ese estado de alerta, "el corazón se acelera, la respiración se agita y el cuerpo libera cortisol y adrenalina". Un fenómeno que, para muchos, se manifiesta en forma de lágrimas, "incluso cuando no están tristes", explica.

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La respuesta de tu cuerpo a una discusión

Gestionar las emociones pasa, a veces, por un ejercicio mental exhaustivo y meditado. Otras, en cambio, simplemente se produce de forma repentina e impulsiva. En este caso, lejos de ser una reacción irracional, el llanto cumple una función reguladora. Como señala la especialista: "Las lágrimas, en ese momento, son literalmente la válvula de escape del organismo ya que ayudan a liberar toxinas acumuladas, reducen los niveles de cortisol —la hormona del estrés— y favorecen la sensación de alivio. Cuando lloras no estás desbordándote, sino que estás regulándote".

Además, el origen del llanto no siempre está en el momento concreto de la discusión, sino que sus orígenes pueden ser diversos. En palabras de Ana Galán: "En muchos casos, el llanto aparece después de largos periodos sin expresar pensamientos, necesidades o emociones de forma adecuada. Cuando la intensidad emocional alcanza un nivel muy elevado, las lágrimas emergen como respuesta casi automática. También puede ocurrir por frustración, por impotencia, por rabia contenida, o simplemente por sentirse profundamente incomprendida".

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¿Las personas que lloran son más débiles?

La imagen de la persona fuerte como alguien que nunca llora sigue muy presente, pero desde que la salud mental entrara a ser un tema de debate en redes sociales y los testimonios al respecto se extendieran, esa asociación está cada vez más cuestionada. "Aquí hay que desmontar un mito que nos han vendido durante demasiado tiempo. El llanto ha sido durante mucho tiempo estigmatizado como una señal de debilidad. Sin embargo, la ciencia y la psicología coinciden en que derramar lágrimas es un proceso natural y necesario, tanto en lo emocional como en lo fisiológico", explica Ana Galán.

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Aclaradas las causas que generan estos llantos, resulta imposible no preguntarse los motivos por los que unas personas tienden más a este comportamiento que otras. A pesar de que no hay un perfil concreto, sí que hay quiénes tienen más facilidad a a hacerlo.  La psicóloga añade que existe un perfil que puede vivir estas situaciones con mayor intensidad emocional: "Las personas que lloran con más facilidad ante las palabras duras suelen ser lo que en psicología llamamos Personas Altamente Sensibles (PAS). La psicóloga Elaine Aron, quien introdujo este concepto en los años 90, reveló que esta sensibilidad tiene una base biológica y no debe considerarse un defecto o desventaja. Al contrario, puede ser una fortaleza si se maneja adecuadamente".

En este sentido, Ana Galán insiste además en que sensibilidad y debilidad no son equivalentes: "Quienes presentan mayor empatía tienden a llorar con mayor frecuencia. Pero lejos de indicar fragilidad, esto refleja una conexión genuina con el mundo interior y con los demás. De hecho, si lloras más que otros, también probablemente amas más, escuchas más y percibes más. En psicología positiva, el llanto se interpreta como un indicador de resiliencia; reconocer lo que se siente y expresarlo abre la puerta a un afrontamiento más saludable de las situaciones difíciles. Quien llora no se rompe, se libera".

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Cómo evitar que una discusión te arrastre emocionalmente

Llorar no invalida lo que tienes que decir. Pero cuando ocurre con frecuencia y sientes que te impide expresarte, hay herramientas que pueden ayudarte a mantener el equilibrio. Ana Galán propone cinco claves:

  • Date permiso para parar antes de contestar. "No te juzgues por haber llorado. Las lágrimas ya cumplieron su función. Lo que toca después es aprender a gestionar la situación desde un lugar más sereno". Y añade: "Tómate una pausa antes de responder. Cuando las emociones resultan difíciles de manejar, puede ser útil para retomar la conversación más adelante. Esto facilita la organización de los pensamientos y la reducción de la tensión emocional".
  • No conviertas cada palabra en una verdad sobre ti. "Separa los hechos de la interpretación. La persona que te habla mal suele hacerlo desde un estado de rabia, ira, tristeza o frustración, y también es habitual que no tenga suficiente información de la situación ni de tu persona. Sus palabras dicen más de ellos que de ti".
  • Habla desde cómo te sientes. "Practica la comunicación asertiva. Expresar los hechos desde la propia perspectiva y verbalizar el malestar emocional facilita la comprensión mutua y contribuye a disminuir la intensidad emocional. Un 'me duele cómo me estás hablando' es más poderoso que cualquier respuesta impulsiva".
  • Entiende por qué ciertas situaciones te afectan más. "Trabaja el autoconocimiento. Mejorar el autoconocimiento te ayudará a ser más consciente, a ponerle nombre a lo que estás sufriendo y a identificar qué situaciones te afectan más y por qué. Ese conocimiento es poder real".
  • Protege tu autoestima. "Cuida tu autoestima como prioridad. La invalidación, la crítica repetida y el estrés sostenido pueden hacer que una sensibilidad previa se vuelva mucho más difícil de gestionar. Trabajar la autoestima es la inversión más rentable que puedes hacer en ti misma".
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La idea final con la que se queda la especialista resume bien el cambio de mirada que propone la psicología actual: "Llorar con facilidad no es debilidad, es humanidad. Es una de las formas más silenciosas, y más valientes, de fortaleza".