Pragmatismo o apagones

Pragmatismo o apagones

Junio ha sido un mes de grandes contrastes. Mientras en algunas zonas la algarabía por los triunfos de la Selección Nacional se expresó sin contratiempos, en otras los partidos ni siquiera pudieron verse por la falta de energía. El sistema eléctrico nacional muestra señales de fatiga extrema que ya dejaron a las oficinas del Centro Nacional de Control de Energía y sus alertas de reserva muy rebasadas, haciendo ver la brecha entre la realidad y el discurso oficial.

Apenas el viernes, la CFE emitió un comunicado para atajar los señalamientos de que los cortes de luz ya afectan a 20 estados, defendiendo que no existe una crisis de alcance nacional. Sin embargo, el termómetro en las entidades dice otra cosa. En plena ola de calor con temperaturas que rozan los 45 grados, municipios de Nuevo León como Apodaca, Guadalupe, Juárez y San Nicolás han vivido un colapso eléctrico con apagones masivos que duraron días. Situaciones similares se reportaron en otros estados.

Esta tregua con la realidad es la que hoy obliga a recomponer el tablero, y la relación con España es el mejor ejemplo de ese viraje. Durante el sexenio pasado, la exigencia de una disculpa pública por la Conquista dominó la diplomacia.

El “agravio” colonial fue el argumento discursivo para justificar el repliegue de los capitales españoles en el sector eléctrico. Iberdrola fue el blanco principal de esa narrativa, dejando de ser una simple compañía para convertirse en el emblema de los supuestos abusos del pasado. El choque concluyó con un acuerdo de 6,200 millones de dólares en febrero de 2024, cuando el gobierno federal concretó la compra de trece de sus plantas de generación. Fue una operación que entonces se vendió como una nueva nacionalización.

Hoy, liquidada la disputa por los activos y agotada la utilidad política del conflicto, las cosas cambiaron y el eje de confrontación perdió centralidad. La reciente recepción del monarca español por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional confirma el cambio de juego. El énfasis ya no está en la soberanía retórica, sino en recomponer la relación financiera y atraer inversión.

Esta misma urgencia por sostener el sistema es la que fuerza el viraje hacia el fracking. Durante años, la fracturación hidráulica fue un tema maldito por su alto costo ideológico, pero hoy reaparece por estricta necesidad.

Desprenderse de las herencias ideológicas de López Obrador se vuelve urgente conforme el margen de maniobra se agota. Si el pragmatismo alcanzó al fracking, el siguiente paso inevitable tendrá que ser la reconfiguración de la CFE.

No habrá un anuncio de cambio de rumbo ni una rectificación explícita porque no es actual estilo; se viene un ajuste forzado por las restricciones físicas. Sheinbaum hereda un sector "rescatado" en la narrativa, pero operativamente exhausto y al límite. En este escenario, el giro hacia el pragmatismo no es una traición ideológica, sino la única salida viable para evitar un colapso.

POR CARLOS ZÚÑIGA PÉREZ

COLABORADOR

@CARLOSZUP

MAAZ