Andrea Danta, meteoróloga, tras meses de lluvia: "El escenario más probable combina estabilidad en primavera y calor en verano"
Hemos vivido una Semana Santa como no se recordaba. Tras meses de borrascas atlánticas encadenadas, el cielo dictó una tregua inesperada que ha permitido calles llenas de procesiones, terrazas a rebosar y a los más valientes estrenando la temporada de baño en nuestras costas. Pero, tras este espejismo de sol y el invierno más húmedo de los últimos años, la pregunta que recorre España es inevitable: ¿Qué nos espera ahora?
La meteoróloga Andrea Danta, experta de Meteored, lo deja claro: venimos de un invierno excepcionalmente húmedo, pero eso no garantiza ni una primavera lluviosa… ni un verano suave. Más bien todo lo contrario.
Después de un invierno tan lluvioso en muchas zonas de España, ¿qué pistas nos deja para saber cómo podría comportarse la primavera?
Ha sido un invierno húmedo de forma generalizada, con una atmósfera muy dinámica durante buena parte de la estación, favoreciendo la llegada continua de borrascas atlánticas a nuestra geografía. La primavera comenzó con una borrasca de gran impacto; sin embargo, la configuración anticiclónica se ha impuesto y los últimos escenarios del modelo europeo apuntan a precipitaciones por debajo de la media en el mes de abril, de forma generalizada, y una tendencia a una marcada estabilidad. Pero siempre recordando que son tendencias y que no está cierto claramente definida de cara a toda la estación, a diferencia de otros años.
Las lluvias de los últimos meses han supuesto un alivio muy importante, con una recuperación notable de embalses, suelos y caudales en muchas zonas. Sin embargo, no es suficiente para dar por terminada la sequía.
Hemos tenido meses de lluvia muy intensos. ¿Es suficiente para dar por terminada la sequía o puede tratarse solo de un alivio temporal?
Las lluvias de los últimos meses han supuesto un alivio muy importante, con una recuperación notable de embalses, suelos y caudales en muchas zonas. Sin embargo, no es suficiente para dar por terminada la sequía, que en España tiene un carácter estructural y depende de la evolución de varios años. Además, en regiones como el extremo sureste peninsular, la escasez de precipitaciones es estructural, por lo que incluso tras episodios húmedos la situación de fondo sigue siendo frágil. Por tanto, hablamos de una mejoría clara, pero todavía vulnerable si en los próximos meses vuelve el tiempo seco.
Con los embalses y el campo muy cargados de agua, ¿podría venir una primavera especialmente verde y húmeda en España?
Todo apunta a una primavera muy verde en muchas zonas. El invierno ha dejado acumulados notables y la abundante humedad en suelos y embalses favorecerá un desarrollo destacado de la vegetación. Sin embargo, eso no implica necesariamente una primavera lluviosa. Los escenarios actuales sugieren más bien un tiempo variable, con posibles periodos más estables o incluso secos, sin descartar episodios de lluvias y tormentas.
Existe la sensación de que cada vez pasamos del abrigo a la manga corta en pocos días. ¿La ciencia confirma que las estaciones de transición como la primavera se están acortando?
Sí, es una percepción que tiene respaldo científico. El calentamiento global está haciendo que las estaciones de transición, como la primavera, sean más irregulares y menos progresivas. Cada vez es más frecuente pasar de situaciones casi invernales a episodios de calor en pocos días, con cambios bruscos de temperatura. No es que la primavera desaparezca, pero sí pierde parte de su carácter gradual, dando lugar a una mayor variabilidad y a saltos térmicos más rápidos.
Tras un invierno muy húmedo, ¿aumenta el riesgo de tormentas fuertes, granizo o episodios de lluvias torrenciales durante la primavera?
No existe una relación directa: un invierno muy lluvioso no implica necesariamente una primavera más tormentosa, y de hecho hay años en los que, tras un periodo húmedo, se impone la dorsal y la segunda mitad de la primavera se comporta casi como un adelanto del verano. Ahora bien, si las lluvias continúan y el suelo se mantiene saturado, sí aumenta el riesgo de anegamientos o inundaciones ante nuevos episodios de precipitación. Además, si se combinan aire frío en altura y calor en superficie —algo habitual en primavera— pueden darse condiciones favorables para tormentas intensas, con granizo o chubascos localmente fuertes, especialmente en el interior.
No existe una relación directa entre la cantidad de lluvia en invierno y cómo será el verano meses después.
Mucha gente cree que si llueve mucho en invierno, el verano después es muy caluroso. ¿Tiene alguna base científica o es un mito meteorológico?
Es un mito bastante extendido, pero no tiene base científica sólida. No existe una relación directa entre la cantidad de lluvia en invierno y cómo será el verano meses después. El comportamiento del verano depende sobre todo de la configuración atmosférica a gran escala, como la posición del anticiclón de las Azores o la presencia de bloqueos, y no de lo que haya ocurrido en invierno. Son escalas temporales y procesos diferentes.
Mirando los modelos climáticos actuales, ¿hay algún indicio de que el verano de 2026 pueda ser especialmente caluroso o incluso batir récords?
Los modelos estacionales actuales apuntan a una señal bastante clara: temperaturas por encima de la media en gran parte de España durante el verano. Esto no significa necesariamente que vaya a ser un verano récord, pero sí que existe una mayor probabilidad de episodios de calor intenso y olas de calor, en línea con la tendencia de los últimos años.
¿Podría el calentamiento del Mediterráneo provocar que el calor intenso llegue antes de lo habitual, incluso con noches tropicales ya en primavera?
Sí, el calentamiento del Mediterráneo es un factor cada vez más relevante. Un mar más cálido actúa como una fuente adicional de calor y humedad, especialmente en zonas costeras. Esto puede favorecer temperaturas más altas de lo normal y, en algunos episodios, la aparición de noches tropicales de forma más temprana. Además, incrementa la sensación de bochorno y puede reforzar situaciones de calor si coinciden condiciones atmosféricas estables.
El calentamiento del Mediterráneo es un factor cada vez más relevante. Un mar más cálido actúa como una fuente adicional de calor y humedad, especialmente en zonas costeras.
Para las personas alérgicas, ¿un invierno tan lluvioso significa que la primavera puede traer una explosión de polen más intensa?
En muchos casos, sí. Las lluvias abundantes favorecen el crecimiento de la vegetación, lo que puede traducirse en una mayor producción de polen en primavera. Si después se dan periodos secos, estables y con temperaturas suaves o altas, ese polen se libera y se dispersa con mayor facilidad. Por tanto, el resultado puede ser una primavera más complicada para las personas alérgicas e incluso puede afectar a quienes a priori no tienen alergia.
Si tuviera que resumirlo para los lectores: después de este invierno tan lluvioso, ¿qué escenario es hoy el más probable para la primavera y el verano en España?
El escenario más probable combina dos ideas clave. La primavera tendrá cierta tendencia a la estabilidad y posibles periodos más secos de lo normal, pero en un contexto muy variable, con episodios de lluvias y tormentas. Mientras que de cara al verano existe una alta probabilidad de ser más cálido de lo normal, con riesgo de olas de calor, aunque sin poder concretar si será extremo o récord. En resumen, pasamos de un invierno muy húmedo a un escenario marcado por la variabilidad primaveral y una probable continuidad del calor en verano, en línea con la tendencia reciente.




