Así fue la boda de Carmen Miranda, la 'bomba brasileña': un enlace íntimo en San Patricio y un tocado de flores lleno de color
Al mismo tiempo que Rita Hayworth, Dolores del Río y Ginger Rogers triunfaban en la gran pantalla, una actriz y cantante de samba luso-brasileña acaparaba todos los flashes en el mismo entorno, el de Hollywood. Carmen Miranda llegó a ser una de las mujeres mejor pagadas de los Estados Unidos en la década de los años 40, logró hacer de su marcado acento y su vestuario exótico y tropical su mejor sello de identidad y, en el año de su debut en la meca del cine, fue invitada a actuar con Bando da Lua, su grupo, para el presidente Franklin Delano Roosevelt en la Casa Blanca. Cada uno de sus hitos, que la transformaron en una estrella, fueron notorios e inolvidables, pero, frente a una popularidad extrema, ella quiso que el día de su boda fuera discreto y cercano, nada excesivo.
Un enlace con escasos invitados
Fue el 17 de marzo de 1947 cuando le dio el ‘sí, quiero’ al productor de cine David Alfred Sebastian. Escogieron el día de San Patricio para jurarse amor eterno y se decantaron por la Iglesia del Buen Pastor de Beverly Hills. Allí celebraron una muy discreta ceremonia, con escasos invitados muy cercanos a la pareja, y la ofició Monseñor Patrick J. Concannon. Como testigos, los novios contaron con la hermana de la novia, Aurora Richard, quien ejerció de dama de honor, y el hermano del novio, M.E. Sebastian, que hizo el papel de padrino. Poco después de festejar este gran paso, la pareja se trasladó a San Francisco para disfrutar de su luna de miel.
En blanco, midi y sencillo: su vestido de novia
En este día, la ‘bomba brasileña’ escogió un look bastante más sencillo del que acostumbraba en la gran pantalla. Frente a los vestidos de novia fastuosos más tradicionales, ella prefirió un diseño que pudiera tener más vidas tras la boda, una pieza simple en blanco. Eso sí, dejó todo el protagonismo a la cabeza, pues, como acostumbraba, era una usuaria habitual de los tocados con volumen. En este caso, además, este accesorio añadió una nota de color al resultado y estaba confeccionado con flores, encaje y pedrería. Según la revista femenina brasileña Jornal das Moças, de la época: “a las cinco de la tarde, Carmen llegó acompañada de su prometido. Llevaba un traje de lana blanco con un fino cinturón dorado. Su cabello rubio, peinado de forma original, caía suavemente sobre sus hombros, adornado con un arreglo de flores azules y rosas que formaban un delicado semihalo”. Sebastian llevó, por su parte, una pajarita de rayas y un traje cruzado de lana, con punta de lanza y estampado de raya diplomática.
Los detalles de su historia de amor
Los recién casados se habían conocido durante el rodaje de Copacabana. La cinta, dirigida por Alfred E. Green y protagonizada por Groucho Marx y la propia Miranda, cuenta la historia de un agente que tiene, supuestamente, dos clientes, Carmen Navarro y Mademoiselle Fifi, ambas representadas por la actriz. Con motivo de esta comedia musical, la estrella de la canción coincidió en los estudios por primera vez con quien sería su futuro marido, que por aquel entonces ejercía de directivo en Columbia Pictures. Era 1946 y aquel flechazo se transformó en un romance relámpago, que les condujo hasta su boda soñada.
Ella tenía entonces 38 años y él tan solo un año más que ella. Además del amor que se profesaban, la pareja compartía su pasión por el cine y, por ello, David Sebastian terminó por convertirse en el agente de su esposa y trató de buscarle un hueco en nuevos rodajes de diferentes estudios. Un año después de contraer matrimonio, la intérprete de Serenata Argentina y A la Habana me voy se quedó embarazada. Lamentablemente, la gestación no llegó a buen puerto, pues en aquellos meses, estando en Nueva York por trabajo, sufrió un aborto. Como sucedió con otras estrellas de la época, la costumbre de consumir barbitúricos para dormir y anfetaminas para mantenerse despierto llegó a deteriorar la salud de la artista, especialmente en un momento tan delicado como la dulce espera.
La vida de 'la bomba brasileña'
Con su carrera, Carmen Miranda alcanzó notables reconocimientos, como ser la tercera persona más popular de Estados Unidos en la época en la que trabajó allí, convertirse en la primera personalidad latina con una estrella en el Paseo de la Fama y conseguir que el tropicalismo y los ritmos sudamericanos fueran tendencia en el cine. Aunque nació en Marco de Canaveses, Portugal, cuando aún no llegaba al año de edad se trasladó con sus padres a Brasil, donde creció y se formó como actriz. Maria do Carmo Miranda da Cunha debía su nombre a la pasión de su progenitor por la obra Carmen, de Georges Bizet, una tendencia musical que sería el germen de su hija por las artes. Sin la aprobación de su padre, la joven trabajó para ayudar a la familia a la par que se formó para entrar en el mundo del espectáculo, al que accedió a través del compositor Josué de Barros, que le abrió muchas puertas en la industria de su país.
Convertida en un icono en Brasil a principios de los años 30, sus películas y sus canciones eran tremendamente populares. En 1939 dio el salto a Argentina, Estados Unidos y Europa, gracias a que ese año, los días previos al carnaval de Río de Janeiro, entre el público del espectáculo se encontraba el productor estadounidense Lee Shubert, quien quedó fascinado con su talento y decidió llevarse el show a Broadway. En 1940 hizo su primera aparición en el cine y el resto es historia, puesto que su ascenso fue meteórico. Cinco años más tarde, Miranda era la mujer mejor pagada en los Estados Unidos, en datos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, puesto que ganaba más de 200 000 dólares al año.
Sombreros de frutas, maquillajes coloridos, llamativas joyas y prendas de inspiración tropical componían el atuendo de la gran dama de la samba. Pero, aquella visión tenía fecha de caducidad. Año tras año, siempre interpretaba los mismos personajes, estaba encasillada en un estereotipo y no encontraba oportunidad de lograr otra clase de papeles. A pesar de dominar a la perfección el inglés, se le exigía marcar su acento, hasta llegar a ridiculizar su forma de expresarse, incluso en las canciones de los musicales cinematográficos. Aquella situación, aunque mantenía su estilo de vida y le abría puertas a estar con las grandes figuras del séptimo arte, le causaba verdadera frustración. Tras varias crisis nerviosas y diferentes trastornos, falleció en 1955, poco después de participar como invitada en El Show de Jimmy Durante, donde se desmayó en directo. Salió a despedir al público y esa fue la última imagen que pudieron ver sus seguidores, pues a la mañana siguiente murió a causa de un infarto, a la edad de 46 años, por toxinas en la sangre.




