Los microplásticos ya están en todos los cerebros humanos y guardan un vínculo inquietante con los tumores
El cerebro humano se consideraba el último bastión frente a la invasión de los micro y nanoplásticos. Durante años, la comunidad científica asumió que este órgano vital permanecía protegido gracias a una barrera biológica extremadamente selectiva que regula qué sustancias pueden entrar en el tejido cerebral. Esa certeza acaba de derrumbarse. Un nuevo estudio confirmó la presencia de polímeros en prácticamente todos los cerebros sanos y enfermos analizados.
El trabajo, publicado en Nature Health por un equipo de investigadores en China, analizó 156 muestras de tejido cerebral enfermo, las cuales fueron obtenidas de 113 pacientes vivos durante cirugías, así como 35 muestras de cerebros sanos de cinco donantes fallecidos. Aunque estudios previos ya habían detectado polímeros artificiales en el cerebro, esos hallazgos eran aislados y difíciles de interpretar.
Los resultados muestran que el 100% de las muestras sanas contenía microplásticos, mientras que el 99.4% de las muestras enfermas también dieron positivo. Las concentraciones alcanzaron hasta 129 microgramos por gramo de tejido, con una media cercana a los 50.3 microgramos por gramo.
Al menos en lo que corresponde a la muestra del estudio, la presencia del contaminante se consideró universal tanto en vivos como muertos. La diversidad de formas, tamaños y concentraciones sugiere múltiples rutas de entrada, incluidas inhalación, agua y alimentos y hasta una posible contribución de contaminación quirúrgica, aunque esta no explica la magnitud del hallazgo.
Una extraña vinculación con tumores
Uno de los resultados más llamativos es que el tejido peritumoral (células sanas que rodean un tumor), donde la barrera hematoencefálica está comprometida, acumuló más microplásticos que el tejido cerebral de personas que nunca tuvieron tumores. Además, cuanto mayor era la superficie de polímeros detectada, más rápida era la proliferación tumoral. Los autores aclaran que esta correlación no implica que los microplásticos causen cáncer, pero sí revela una interacción biológica que requiere más investigaciones de manera urgente.
Aunque existe una amplia base de evidencia sobre la presencia de microplásticos en el cuerpo humano, aún no está claro si provocan enfermedades. Por ahora, los indicios apuntan a inflamación y estrés oxidativo a nivel celular y tisular, además de alteraciones en el microbioma intestinal.
Hasta la fecha, diferentes estudios han encontrado polímeros microscópicos en los sistemas respiratorio, circulatorio, inmunológico, endocrino, reproductivo y digestivo. Han llegado al corazón, hígado, riñones, intestinos, ovarios, testículos, leche materna, placenta, espermatozoides, sangre y cerebro.
Este estudio se convierte en uno de los primeros en demostrar microplásticos en tejido cerebral de pacientes vivos, lo que elimina la duda persistente de contaminación post mortem y abre una nueva etapa en la investigación sobre los efectos de estos contaminantes en la salud humana.
