Carne envuelta en oro
Se dice y no pasa nada: el Doctor Patán estaba equivocado. Hasta hace unos días, estaba convencido de que el clímax de la experiencia restaurantera paya, de la comida con pretensión neorrica, era exhibirte en redes con un pedazo de carne recubierto de oro de esos de Salt Bae, un cocinero turco que aquí a su Doc le parecía –disculparán la expresión, pero ninguna describe mejor mi errada percepción de entonces– inmamable.
Lo habrán visto: los lentecitos oscuros, las camisetas marca-six pack, la echada distintiva de sal, el corte teatral de la carne y, sobre todo, la afición por retratarse con invitados famosos. Bueno, pues no. La 4T es una pedagogía, como nos enseñó su Padre Fundador, el Ex Quinto Presidente Más Popular del Mundo (EQPMPDM), y lo que esa pedagogía nos enseña es que no hay que juzgar al regalo por la envoltura.
Salt es un compañero de ruta. Es ya, a pocos días de aterrizada en México su cadena de steak-houses, parte de nuestro movimiento.
Mis prejuicios tenían que ver con la abundancia de futbolistas en sus redes sociales. Harto video que con Messi, que con Cristiano, en los que le metía unos tajos a un tomahawk, rescataba un pedazo de filete que me parecía, siempre, sobrecocido, y, ensartado en la punta del cuchillo, se lo daba directamente en la boca a la estrella futbolera en turno.
Luego me enteré de que la FIFA le había puesto un veto por meterse a una celebración y tocar la copa mundialista, cosa prohibidísima para cualquiera que no la haya ganado en la cancha. Un sacrilegio. Así que dije, y me disculpo de nuevo por el lenguaje: “Vaya mamonazo protagónico”.
Pues no. Si te metes a investigar, descubrirás que el camarada Nusret –su verdadero nombre– es cercano a lo más elevado del espíritu revolucionario. A los redentores. A Maduro, por ejemplo, que aparece en su restaurante de Turquía, Rolex y puro en mano. O a Maradona.
Por eso, no sorprende que se hayan dejado ver por ahí, por el restaurante en Reforma, el cuarto cachorro del EQPMPDM, no en vano miembro de una familia con una sana propensión a la onda gourmand, o el compañero diputado. Es una muestra de lo que ha logrado este movimiento. Los que antes se limitaban a las fondas, donde la carne viene en forma de picadillo, ahora pueden agarrar de segunda oficina un restaurante donde dan angus, o wagyu, envuelto en oro.
El Doctor le dijo a la señora de la casa: “Vámonos al Nusr-Et. Ya cayó la transferencia de El Heraldo”. Pues no. “Estás loco. Ya dijimos que ese dinero va para las tarjetas. Todavía estamos pagando tu caja de puros. Compra carne y la hacemos aquí”. Pensé en un corte premium, pero los precios de la vaca feliz, sin barrenador, están por las nubes. Estoy ensayando la echada de sal, con el brazo torcido en la forma de un cisne, a lo Salt, en el diezmillo, el rib eye del bienestar.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09
MAAZ