Carolina Tamayo, Srta. Región Sierra en el Miss Universo Ecuador 2026, de ser cinturón negro en taekwondo a buscar la corona con un propósito
Carolina Tamayo, representante de la Región Sierra en el Miss Universo Ecuador 2026, llega al certamen con una propuesta enfocada en el impacto social, la salud mental y el servicio.
Aunque su nombre completo es Michelle Carolina Tamayo Castro, asegura que siempre ha preferido presentarse simplemente como Carolina. Tiene 29 años, nació en Quito el 6 de diciembre de 1996 y será una de las candidatas que buscará suceder a Nadia Mejía en la gala final del concurso, prevista para el 15 de agosto de 2026 en la plazoleta Vicente Rocafuerte, en Santa Elena.
Licenciada en Comunicación Corporativa por la UDLA, con especialización en Seguros en el IPBF, Carolina también domina inglés en nivel avanzado y cuenta con conocimientos básicos de alemán e italiano. Actualmente trabaja como ejecutiva corporativa de asistencia médica en un bróker de seguros, un sector en el que ha desarrollado su carrera durante los últimos seis años.
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Su ingreso al Miss Universo Ecuador marca su debut en concursos de belleza y aunque reconoce que al inicio no tenía experiencia en aspectos como maquillaje o pasarela, asegura que el proceso ha significado un aprendizaje importante.
Su motivación para participar nació desde su entorno laboral. Durante años ha sido testigo del desgaste emocional que enfrentan muchas mujeres que trabajan bajo presión constante. Conversaciones con compañeras de trabajo, especialmente madres que deben equilibrar la exigencia profesional con la vida familiar, despertaron en ella una preocupación profunda por la salud mental en entornos de alta exigencia.
Esa inquietud dio paso a su proyecto social llamado Sin Olvidarme de Mí, una iniciativa que busca visibilizar la salud mental en mujeres jóvenes que trabajan bajo altos niveles de presión emocional, estrés y ansiedad. La propuesta pretende generar conciencia y brindar acompañamiento real mediante charlas, talleres y espacios seguros de conversación. Su objetivo es ofrecer herramientas para que más mujeres aprendan a gestionar mejor sus cargas emocionales sin descuidar su bienestar.
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“Hoy hablamos mucho de éxito, pero poco del agotamiento, la ansiedad y lo que realmente sentimos”, explica. Su proyecto está dirigido a mujeres que trabajan en sectores demandantes, como medicina, enfermería y otras profesiones con alta exigencia física y emocional. Para Carolina, el éxito no debería construirse a costa de la salud emocional.
Más allá del certamen, tiene claro el rol que debe asumir una reina de belleza. Considera que la mayor responsabilidad está en servir y aportar de manera positiva. “Si yo tengo una voz, la tengo que usar para el bien, para ayudar, para promover buenos valores como el respeto, el amor y el cuidado hacia los demás”, afirma. También sostiene que quienes adquieren visibilidad pública deben ser responsables con el mensaje que transmiten, especialmente ante niñas y adolescentes que pueden ver en ellas una figura a seguir.
Su historia personal también está marcada por la disciplina y la adaptación. Desde niña practicó varios deportes, entre ellos fútbol, ciclismo y natación, disciplinas en las que incluso obtuvo segundos lugares en competencias. Sin embargo, el deporte que más impacto tuvo en su vida fue el taekwondo. Empezó a practicarlo a los 8 años y alcanzó el cinturón negro certificado por la Kukkiwon. Carolina reconoce que las artes marciales fueron clave en su formación, ya que le enseñaron concentración, calma, perseverancia y resiliencia. Actualmente practica CrossFit.
Además del deporte, su adolescencia estuvo marcada por experiencias escénicas. A los 17 años formó parte de un proyecto juvenil en el que participó hasta aproximadamente los 20, realizando sketches cómicos, abriendo conciertos y presentándose en colegios como host y animadora. Esa etapa fortaleció su desenvolvimiento frente al público y su seguridad en escenarios.
Su vida también ha estado marcada por constantes cambios. Debido a la carrera militar de su padre, creció mudándose de ciudad y de colegio aproximadamente cada dos años. Aunque despedirse de amistades fue uno de los retos más difíciles, asegura que esa experiencia le enseñó a adaptarse y a conectar con diferentes culturas y personas.
En el plano personal, Carolina está casada desde los 26 años y considera que su familia es su principal motor. Aunque no tiene hijos, destaca el apoyo incondicional de su esposo como uno de los pilares más importantes de su vida. “Es una persona que siempre me ayuda y me apoya hasta en mis mayores locuras”, dice.
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Una parte muy especial de su vida son sus perros, Martín y Cosmo, ambos adoptados. La historia de Cosmo ocupa un lugar especial en su memoria. El perro llegó inesperadamente gracias a Ángel, un conductor de Uber que conocía la situación del cachorro y buscaba un hogar para él. Ese gesto de generosidad reafirmó en Carolina su convicción sobre el valor de la empatía y los actos de bondad.
Su compromiso social tampoco es nuevo. Al terminar el colegio fue voluntaria en la Fundación Virgen de la Merced. Más adelante participó en iniciativas de Techo Ecuador y Dibuja una Sonrisa. Actualmente mantiene su apoyo a distintas causas sociales mediante aportes mensuales a Unicef y otras organizaciones.
Entre las figuras ecuatorianas que más admira menciona a Dolores Veintimilla y Manuela Sáenz. De la primera destaca su sensibilidad, creatividad y valentía; de la segunda, su fuerza, determinación y coraje. Para Carolina, ambas representan una combinación poderosa entre sensibilidad y carácter.
Cuando se define en tres palabras, elige empatía, resiliencia y autenticidad. Asegura que estos valores han guiado su vida y hoy también marcan su participación en el certamen,
Carolina mantiene una conexión profunda con los lugares que han marcado su historia. Quito ocupa el primero en su corazón por ser su ciudad natal y el escenario de gran parte de sus recuerdos. También guarda cariño especial por Pasaje, donde vivió parte de su niñez, y por el Coca, ciudad en la que vivió durante dos años y donde se enamoró de la naturaleza amazónica.
En cuanto a gastronomía, sus favoritos son el locro de papas, el hornado y el cebiche de camarón. (E)

