Cereso de Mérida: con mundialito sienten de nuevo la libertad
Cuando suena el silbatazo inicial del árbitro y el balón rueda en el campo, los jugadores se olvidan durante 90 minutos que están encerrados, que están pagando una condena lejos de sus familias. Durante el partido de futbol se sienten libres.
Cada cuatro años, el Centro de Reinserción Social de Mérida (Cereso) celebra su Mundialito, una réplica del evento deportivo internacional. Las propias personas privadas de su libertad lo organizan.
Son 48 equipos de futbol, el mismo número de las selecciones que participan en la Copa del Mundo y cada uno representa a un país; de hecho, los jugadores portan el mismo uniforme y se dividieron tal cual se conformaron los grupos de la primera fase del torneo internacional.
Se programan partidos todos los días, tanto en la mañana como en la tarde, en el campo Pancho Brito, llamado así en homenaje al director de este penal, quien falleció el año pasado y que durante tres décadas fomentó actividades culturales y deportivas ahí, ganándose el respeto de la población penitenciaria.
Los internos también son árbitros y cronistas de los encuentros, desatando carcajadas con sus ocurrentes narraciones que se oyen en las bocinas del campo. Incluso construyeron una copia del Monumento a la Independencia con tambos de basura para festejar los triunfos.
Además, compusieron su propio himno del Mundialito, que se escuchó en el acto inaugural ante las autoridades y realizaron concurso para diseñar a la mascota, en donde resultó ganador un iguano de la región maya al que llamaron Meemech Xi, que se pronuncia Memessi, en referencia al astro argentino y cuya botarga siempre está presente en los partidos.
Es más, incluso tiene sus propias pausas de hidratación como en la justa oficial. La diferencia es que de verdad las necesitan para evitar golpes de calor en los partidos, porque las temperaturas en Mérida son cercanas a los 40 grados.
“Es un poco claustrofóbico estar todo el día en el cuarto pensando en mis problemas. Cuando salgo a jugar, por un momento, me olvido de la cárcel, me olvido que hay torretas, me olvido del muro. Jugando futbol con mis compañeros siento el sol, el aire y siento como si estuviera afuera”, comentó Adal Cen, quien lleva seis años preso.
Él pertenece al equipo de Escocia y aunque perdieron por goleada confesó que el Mundialito le está ayudando para desestresarse, conectarse con sus compañeros de celda y, sobre todo, trabajar su salud mental.
Dijo que en el Cereso están viviendo el furor del futbol como se disfruta afuera, ese es el único tema de conversación en los módulos: cómo estuvieron las jugadas, qué equipo lo está haciendo mejor, en qué fallaron, quiénes clasificaron y quién es el que lleva más goles.
A Adal todavía le falta por cumplir 14 años de sentencia, por lo que el Mundialito es un alivio, sobre todo porque su familia acude al penal a verlo jugar, a apoyarlo, a echarle porras.
El director del Cereso, Antonio González Zetina, sostuvo que el deporte es uno de los ejes centrales de la reinserción y que con este tipo de torneos las personas privadas de la libertad aprenden a respetar las normas, a comportarse en la competencia y tener una mejor conducta.
Recalcó que, sobre todo, se manda un mensaje a la sociedad: las personas recluidas en el penal nunca dejaron de ser humanos y también hay que darles la oportunidad de reintegrarse a la comunidad cuando obtengan su libertad.
“Pensemos que ese muchacho que hoy está aquí en la cárcel creció recibiendo golpes, malos consejos y regaños; quizás nunca vio a su papá o a su abuelo patear un balón de futbol o nunca lo llevaron al parque a jugar. Con estas actividades estamos tratando de cambiar esa imagen, acercándolos a sus familias para romper el círculo vicioso: No porque él es un delincuente su hijo va a ser delincuente”, subrayó.
PAL