Clémence Biel, coach: "La madre narcisista protege su ego a toda costa, incluso si tiene que reescribir la historia"

Clémence Biel, coach: "La madre narcisista protege su ego a toda costa, incluso si tiene que reescribir la historia"

Cuando pensamos en un perfil de una persona narcisista, no siempre nos viene el de una madre a la cabeza. Pero existen y pueden dejar una huella silenciosa en sus hijos: la de un niño que se acostumbra a no ser visto, a moldearse para no molestar, a convertirse en lo que su madre necesita. La coach Clémence Biel, especialista en psicología infantil y neurociencia, nos habla sobre este perfil tan invisible como frecuente y nos habla de cómo crecer con una madre narcisista puede moldear la identidad, la seguridad y la forma de relacionarse en la vida adulta. 

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Clémence Biel es coach certificada, con formación en psicología infantil y neurociencia.© Clémence Biel
Clémence Biel, coach certificada, con formación en psicología infantil y neurociencia

¿Cuáles son las principales características de una madre narcisista? 

Cuando oímos “madre narcisista”, a menudo imaginamos a una mujer caricaturesca, obsesionada con su imagen, digna de la madrastra de Blancanieves. Pero la realidad es mucho más común y mucho más sutil. Una madre narcisista es simplemente una madre que ve a su hijo como una prolongación de sí misma, nunca como un individuo independiente. El niño se convierte en un espejo que ella utiliza para estabilizar su frágil autoestima.

En mi libro ¿Y si el problema fuera tu madre?, explico que el narcisismo materno puede ser evidente o encubierto. Afecta tanto a la madre que quiere brillar en sociedad a costa de su hija, como a la madre que se victimiza y se desvaloriza constantemente para que los demás la tranquilicen. Las formas son opuestas, pero el objetivo inconsciente es el mismo: atraer la atención para que todo gire en torno a ella.

¿En qué se diferencia el narcisismo patológico de los comportamientos narcisistas ocasionales?

Una madre puede tener comportamientos narcisistas puntuales, pero sigue siendo capaz de darse cuenta, pedir perdón y cuestionarse. La madre narcisista, en cambio, protege su ego a toda costa, incluso si tiene que reescribir la historia. Está tan ocupada gestionando sus propias inseguridades profundas que ya no le queda espacio para ver realmente a su hijo: sus necesidades, sus emociones, su realidad.

Una madre puede tener comportamientos narcisistas puntuales, pero sigue siendo capaz de darse cuenta, pedir perdón y cuestionarse

Clémence Biel, coach

¿Por qué a veces es difícil identificar estas dinámicas familiares?

Porque todo es sutil. La mayoría de las veces no hay violencia visible ni pruebas tangibles. La madre narcisista suele ser encantadora en sociedad. Sabe dar la imagen de una madre entregada y cariñosa.

La hija se queda entonces sola con algo que nadie más parece ver. En cuanto intenta nombrar lo que ha vivido, es minimizada y culpabilizada, no solo por su madre, sino también por el resto de su familia y por la sociedad. Entonces, inevitablemente, duda: “¿Y si me lo he inventado todo? ¿Y si soy demasiado sensible?”
Por eso escribí este libro: para decirles a todas esas hijas que no, no se han inventado nada.

¿Cómo afecta crecer con una madre narcisista al desarrollo emocional de un niño?

El hijo de una madre narcisista aprende muy pronto una lección cruel: el amor materno es condicional. Solo se siente querido cuando cumple las expectativas de su madre y le devuelve una imagen que la valoriza.

Para adaptarse, desarrolla un “falso yo”: una versión de sí mismo construida para agradar, evitar el rechazo y mantener el vínculo a cualquier precio. Este modo de funcionamiento debilita toda la construcción de su identidad.

¿Qué patrones se repiten con frecuencia en estos niños: inseguridad, miedo al rechazo, necesidad de aprobación?

Con el tiempo, esto suele traducirse en una dependencia de la validación externa, una ansiedad importante y estrategias para intentar regular un vacío interior, como trastornos de la conducta alimentaria, perfeccionismo excesivo o una sobreadaptación a los demás.

madre ocupada con el portátil y la tablet, con su hijo en brazos© Getty Images/Westend61

¿Qué secuelas emocionales pueden arrastrar estos niños en la edad adulta?

A menudo sienten un vacío interior difícil de nombrar y la sensación de no ser nunca “suficientes”. Su autoestima es frágil, porque no se ha construido sobre una base segura, sino sobre la adaptación y el rendimiento.

En la edad adulta, siguen buscando la validación que nunca recibieron: en sus relaciones amorosas, en el trabajo, en la mirada de los demás. Tienen éxito, a veces brillante, pero nunca se sienten del todo legítimos.

¿Qué herramientas permiten desarrollar una identidad fuerte a pesar de la dinámica narcisista?

Propongo un método en seis etapas. Se empieza por aprender a salir del papel que se nos ha asignado y a individualizarse, algo que nunca fue permitido por la madre.

Después se trabaja el conflicto interno entre la necesidad de apego y la necesidad de autenticidad. A continuación, se trata de crecer emocionalmente aprendiendo a reconocer, acoger y regular las propias emociones, en lugar de las de los demás.

Propongo ejercicios prácticos para poner límites, incluso cuando la voz tiembla y la culpa grita. Finalmente, una vez que sabemos decir “no”, aprendemos a decir “sí”: a nuestros deseos, valores y emociones. Así es como dejamos de ser únicamente la hija de nuestra madre y empezamos, por fin, a ser nosotras mismas.

A veces, la madre evoluciona al ver transformarse a su hija: entonces puede surgir una relación más honesta y respetuosa. Pero otras veces la madre está demasiado atrapada en sus viejos patrones

Clémence Biel, coach

¿Es posible sanar la relación con una madre narcisista, o hay que aprender a gestionarla?

La pregunta en la que me centro no es “¿cómo sanar mi relación con mi madre?”, sino “¿cómo sanar mi relación conmigo misma, moldeada en un vínculo que me ha limitado?”. Ahí es donde se juega todo mi trabajo.

Una relación sana exige el compromiso de ambas partes. A veces, la madre evoluciona al ver transformarse a su hija: entonces puede surgir una relación más honesta y respetuosa. Pero otras veces la madre está demasiado atrapada en sus viejos patrones.

Si se niega a cambiar, la hija debe dejar de esperar ese cambio para ser libre. Puede sanar independientemente de lo que su madre decida hacer. De hecho, es un acto revolucionario que permite, por fin, pertenecerse a una misma.

¿Qué mensaje darías a quienes se sienten culpables por tomar distancia o poner límites a una madre narcisista?

La culpa que sientes es la prueba de que estás condicionada, no de que estés equivocada. Desde la infancia, cada vez que te permites elegirte a ti misma, aparece.

No porque estés haciendo algo malo, sino porque estás haciendo algo que tu madre vive como un ataque personal. Eso es muy distinto de la culpa sana, que indica que has traicionado tus valores.

Tomar distancia o poner límites no es abandonar a tu madre. Es permitirte existir. No es un acto de traición, sino de amor propio. Y para una mujer que ha crecido aprendiendo que sus necesidades no importan, puede ser el acto más valiente de su vida.

¿Cuál es lo más importante que deberían saber quienes han crecido en este tipo de entorno?

Fuiste un niño que necesitaba ser visto, y no lo fuiste. Pero ahora eres adulto. Puedes ser para ti mismo esa figura que protege, anima y ama sin condiciones.

Ahí comienza la verdadera sanación: cuando dejas de esperar de tu madre lo que nunca supo dar y empiezas a dártelo tú mismo.