Cómo enseñar a tus hijos a hablarse bien según la psicóloga Carmen Esteban: "Durante la adolescencia la comparación y autoexigencia se vuelve más intensa"

Cómo enseñar a tus hijos a hablarse bien según la psicóloga Carmen Esteban: "Durante la adolescencia la comparación y autoexigencia se vuelve más intensa"

Carmen Esteban es psicóloga sanitaria y educativa, especializada en la etapa perinatal, infantil y adolescente. Acaba de publicar el libro infantil Me hablo bonito (Ed. Carambuco), ilustrado por Ingrid Valls. En este cuento, para pequeños de cuatro a ocho años, presenta a Clara, una niña de seis años que empieza a reprocharse cosas y a sentirse cada vez peor consigo misma. 

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Porque, aunque desde pequeños, los padres transmiten las normas sociales para tratar bien a los demás, no siempre se enseña a los hijos a tratarse bien a sí mismos. Este es el propósito de la obra: que los lectores incipientes comprendan de dónde vienen las emociones que no les gustan y cómo hablarse con cariño les va a ayudar a manejarlas. Hemos charlado con la autora.

Los niños que son respetados serán adultos respetuosos con los demás y consigo mismos

Carmen Esteban, psicóloga y autora

¿Hay alguna etapa en el desarrollo infantil en que el niño sea más propenso a autoboicotearse o sentirse mal consigo mismo?

Sí, hay algunos momentos del desarrollo infantil en los que es más común que aparezcan conductas de “autoboicot” o sentimientos negativos hacia uno mismo. No es algo consciente, forma parte del desarrollo de su identidad, su autoconcepto y autoestima.

Normalmente, este tipo de pensamientos suelen aparecer alrededor de los 6 años (etapa escolar). Aquí los niños se convierten en seres sociales más conscientes. Por eso, empiezan a compararse con otros (rendimiento académico, habilidades sociales, deportes) para formar su sentido de pertenencia al grupo. Si perciben que “no están a la altura”, pueden desarrollar pensamientos como “no soy bueno en nada” o evitar intentar cosas nuevas por miedo a fracasar. Esto puede parecer autoboicot, pero en realidad es inseguridad en formación.

Esta etapa de primaria es la base de aprendizaje del autorespeto y es importante porque durante la adolescencia la comparación y autoexigencia se vuelve más intensa debido a la presión social, cambios físicos y psicológicos, y la búsqueda de identidad.

Libro Me hablo bonito© Ed. Carambuco

En el libro, cuando la protagonista se empieza a sentir mal, lo describes como si tuviera "una gran nube encima de ella", que hace que todo sea gris y borroso. ¿Cómo podemos explicarle a los niños más pequeños que a veces nos sentimos mal con nosotros mismos y que es normal?

En el cuento se explica este concepto justo al final. Cuca, la luciérnaga, le explica a Clara que debe saber que esta nube no desaparecerá por completo y que eso es normal. También le dice que esta nube le puede ayudar a mejorar siempre y cuando no se haga demasiado grande. A los niños se lo podemos explicar de manera sencilla y clara. Por ejemplo: “Es como una vocecita dentro que a veces no es muy amable. Podemos escucharla, pero también podemos contestarle con palabras más bonitas.” En el cuento, esto lo explico con un ejemplo de distorsión visual que les gusta mucho. Son dos líneas que son iguales, pero los elementos de la punta de la línea hacen que una parezca más larga que otra. Y esto también nos pasa en la vida real, nuestro cerebro nos puede engañar y hacernos creer cosas que no son.

Niño tímido escondido tras un árbol© Adobe Stock

"Es el peor día de mi vida", dice Clara ante una de las cosas que le pasan. Los menores suelen repetir mucho esta expresión. ¿Cómo reaccionar como padres cuando la verbalizan?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que no significa que objetivamente lo sea, sino que, en ese momento, están desbordados emocionalmente. Esto nos pasa a los adultos, pero a los niños y adolescentes aún más porque la parte del cerebro que se encarga de regular las emociones es todavía muy inmadura. Cuando esto pasa, muchas familias tienden a utilizar el sarcasmo diciendo cosas como "¡pobrecito, qué duro es jugar todo el día!" o juzgándolos. Esto, lejos de ayudarles, les hace desregularse más, afectando a la comunicación y conexión entre ellos.

¿Entonces cómo debemos actuar? Lo primero de todo, tenemos que saber que los adultos somos los reguladores emocionales de los niños. Somos su guía, su faro y su ejemplo. Por eso, debemos modelar y enseñarles a identificar qué les pasa: "Entiendo que hoy ha pasado algo que te ha hecho sentir mal." Una vez se sienten comprendidos, podemos pasar a ayudarles a ver más allá de este pensamiento. ¿Cómo? Cuestionándolo. "¿Ha pasado algo hoy que te haya hecho sentir bien?" Y, por último, enseñándoles a hablarse bonito, hablándoles bonito: "Puede que te hayas equivocado, pero estamos aquí para ayudarte".

Padre abrazando a su hija© Adobe Stock

Clara cuenta con una luciérnaga que le hace ver por qué se siente así y le habla del autorespeto. ¿Cómo transmitir este concepto a los niños?

Con palabras simples: “Respetarte es tratarte bien, como a alguien que quieres"; con ejemplos cotidianos: no insultarse cuando se equivocan, pedir ayuda, o decir “no me gusta” si algo les hace sentir mal. También siendo su mejor modelo: que te vean hablarte con respeto y cuidarte y dándoles frases útiles: “puedo intentarlo”, “necesito ayuda”, “no me gusta eso”.

Según lo que pensamos así sentimos, ¿desde qué edad pueden entender esta conexión los niños para modificar sus emociones?

Esto es algo que se desarrolla de manera progresiva. Los niños en etapa de infantil (3–5 años) explican las emociones principalmente por situaciones visibles y puntuales, por ejemplo: “Estoy triste porque se rompió mi juguete”. A partir de los 6–7 años empiezan a entender que los pensamientos también influyen en cómo se sienten. Ya no solo miran la situación, sino cómo se interpreta. Pero no es hasta los 8-10 años que la capacidad de usar pensamientos para regular las emociones se consolida.

Madre abrazando a una niña pequeña triste© Adobe Stock

¿Qué factores del entorno influyen para que los niños aprendan a "hablarse bonito"? 

Los factores que influyen son los siguientes: el ejemplo de los adultos. Es decir, la manera en la que los adultos (familia, educadores...) les hablan a ellos y a sí mismos tiene un impacto en cómo se hablan a sí mismos. Los adultos somos el espejo en el que la infancia se mira. Los adultos deberíamos plantearnos qué imagen les queremos devolver. 

También, el estilo educativo de sus progenitores: un entorno con límites claros pero afectuoso, no basado en crítica constante o etiquetas,  favorece un diálogo interno más amable. Si tu hijo se equivoca y le juzgas o críticas, aprenderá a hacer lo mismo. Ojo, también a los niños que se les aplaude y refuerza la perfección y bondad. Es muy común ver niños que tienen la etiqueta de "ser el bueno" o "el que nunca se equivoca" que luego, en la edad adolescente, cuando se equivocan o no rinden lo máximo sufren de mucha ansiedad junto con un discurso autocrítico.

Los espacios seguros a nivel emocional. Los niños se van a equivocar mucho, aún más que los adultos. Es parte del desarrollo y crecimiento personal. Por eso, tienen que sentir que cuando se equivoquen, las personas de alrededor van a escucharles y a ayudarles. Es paradójico cómo los adultos, los primeros que se enfadan ante el error de un niño, son los primeros que cuando se equivocan esperan apoyo y cariño. Claro que esto no significa que no debamos enfadarnos con un niño si ha pegado, pero esto no justifica que se pueda humillar o castigar a un niño. Si un niño pega, el enfado nos ayuda a enseñar al niño que lo que ha hecho está mal y nos ayuda a hablar con él y explicarle por qué está mal y darle herramientas para la siguiente vez.

Niños pequeños amigos sonrientes © Getty Images

Un niño que se habla bonito, ¿tiene más probabilidades de tratar bien a los demás?

Los niños que son respetados serán adultos respetuosos con los demás y consigo mismos. Porque tendrán más empatía, más autocontrol ante el error o frustración; al sentirse bien con uno mismo no necesitará rebajar a otros para sentirse bien y se relacionarán desde la seguridad y no desde la defensa. Claro que esto no significa que no vayan a tener una voz autocrítica, todos la tenemos, pero lo importante es que aprendan a identificar cuándo esa voz aparece y no normalizar. Cuanto más respetados sean, antes la detectarán.