El arte como espejo de transformación

El arte como espejo de transformación

Mucho antes de convertirse en artista, Alán Sandoval, quien firma su obra como Sandovla, encontró distintas formas de crear, primero en los cuadernos intervenidos con crayolas, después en los poemas de la adolescencia y más tarde en los objetos construidos con materiales reciclados del negocio familiar. “El arte, más que una elección, ha sido una constante en mi vida”, platica.

Hoy, a sus 46 años, el artista mexicano convierte esa pulsión en esculturas reflectivas de gran formato que invitan al espectador a observarse, cuestionarse y, a veces, reconocerse. “Creo que si tuviera una palabra para definir lo que vine a hacer sería crear. Siempre tuve esa necesidad. Cuando iba a un museo y veía una obra que me gustaba, más que querer tenerla, quería hacerla”, afirma.

Esa inquietud lo acompañó durante décadas, incluso mientras su vida profesional tomaba otro rumbo. “Estudié arquitectura y desarrollé una trayectoria en la construcción, el diseño de interiores y el mobiliario. Sin embargo, en cada proyecto persistía una búsqueda que excedía la función. Siempre quería que hubiera algo detrás, un concepto, no me interesaba sólo lo estético. Quería que las cosas significaran algo”, cuenta.

Créditos: (Especial)

Hoy, esa búsqueda se condensa en piezas donde el vidrio, el color y la distorsión visual operan como lenguajes de memoria, identidad y transformación.

Asimismo, comparte que la escritura lo acompañó siempre en paralelo al arte, por lo que cerca de cien poemas escritos en la adolescencia nutren una nueva serie de obras. “Quería que hubiera contenido detrás de las formas. Fue entonces cuando comencé a explorar los elementos que hoy atraviesan mi obra, como los claroscuros, los volúmenes y la forma en que la luz modifica la percepción del espacio”, comparte.

Fue en ese proceso cuando descubrió las superficies cóncavas que hoy utiliza como base de sus esculturas, y entendió que ahí podía sintetizar su búsqueda.

Aunque cada pieza responde a una historia distinta, todas se articulan a partir de tres elementos: el círculo, el reflejo y el color. “El círculo representa el ciclo de la vida y el cambio constante, y también al individuo; el segundo eje es el reflejo, ya que la pieza te confronta, y el tercero es el color, entendido como un lenguaje universal. Dos personas pueden no hablar el mismo idioma, pero sí compartir una emoción a través del color”, comparte.

Asimismo, resaltó que muchas de sus piezas nacen de recuerdos personales, ejemplo de ello es una de sus primeras series, Rainy Mood, inspirada en los trayectos de regreso a casa después de visitar a su abuela los domingos. “Recuerdo las tardes lluviosas, el pavimento mojado y las gotas en el parabrisas. Iba en el asiento trasero observándolo todo”, dice. 

Créditos: (Especial)

Otra colección parte de piedras preciosas como los rubíes o los diamantes, y comparte que, aunque visualmente son piezas intensas, su sentido apunta en otra dirección. “Lo importante es lo que llevamos dentro”, explica.

Sobre su producción, detalla que cada obra combina precisión técnica y experimentación constante. “Las piezas se construyen a partir de vidrio sometido a más de 600 grados centígrados. Un mínimo desajuste puede alterar el resultado, y, sin embargo, muchos de los hallazgos también provienen del error”, refiere.

“Hay veces que crees que arruinaste una pieza y ocurre algo inesperado. Nos ha pasado que un color simplemente no funciona; cambiamos y todo encaja de inmediato”. Por último, comparte que más allá de la técnica, el núcleo de su obra es la introspección: “He aprendido a mirar las cosas desde fuera”, cierra.

ELEMENTOS

  • Tiene cuatro años de trayectoria formal en el mundo del arte.
  • Participó en la última edición de la Feria de Arte BADA.
  • Colabora con arquitectos, diseñadores y artistas.
  • Presenta su obra en exposiciones, en su estudio, ferias y proyectos nacionales e internacionales. 
  • Su práctica integra influencias del arte abstracto, la escultura contemporánea, la proporción áurea y el diseño arquitectónico.

Por Azaneth Cruz

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