Daniel López, profesor: "Un niño que no se siente libre de ser quien es, crece con miedo a expresarse"
El primer curso de los niños en el colegio se vive con mucha intensidad y, sobre todo, con mucha emoción por parte de las familias: ¿se adaptará bien?, ¿estará allí feliz?, ¿hará amigos?… y cuándo alguna de esas preguntas se mantiene demasiado en el tiempo, cuando no todo marcha según lo esperado (o lo esperable), las dudas crecen. Ahí es clave el apoyo por parte del profesor, pero también su experiencia y su intuición. Por eso, Daniel López Ortega, conocido como Profe Danny, profesor de Educación Infantil en un colegio Montessori, pone de manifiesto la necesidad de la comunicación y el trabajo en conjunto de familia y colegio. ¿Cuál es la manera adecuada de hacerlo?
Sobre eso hemos hablado con él con motivo de la publicación de su nuevo libro, Los niños no se educan solos (Plataforma Editorial). Con cientos de miles de seguidores en redes y una capacidad única para traducir la complejidad educativa en mensajes claros, cercanos y llenos de sentido común, Profe Danny invita a reflexionar, tanto en el libro como en esta entrevista, sobre el papel de los adultos, la importancia del vínculo y la necesidad de recuperar la presencia en un mundo acelerado.
Un profesor no puede cambiar todo lo que ocurre en la vida de un niño, pero sí puede marcar una diferencia enorme.
Tu libro, más que un conjunto de consejos, es un libro de historias; de historias humanas, de niños, que llevan una mochila a cuestas y de cómo ayudarles en clase y en casa a aligerársela. ¿Qué hacer cuando no sabes por dónde empezar, como en el caso de Lucía, la alumna de la que hablas y cuyos comportamientos disruptivos escondían una terrible realidad en casa?
Muchas veces creemos que educar consiste en saber qué hacer en cada situación, pero en realidad educar empieza mucho antes: empieza por aprender a mirar. Cuando un niño o una niña tiene un comportamiento que nos desconcierta —grita, pega, se enfada constantemente—, lo más fácil es etiquetarlo como 'difícil' o 'problemático', pero detrás de casi todos esos comportamientos hay una historia que no estamos viendo.
En el caso de Lucía, lo que parecía una niña desafiante era en realidad una niña que estaba pidiendo ayuda a gritos. Cuando no sabemos por dónde empezar, la pregunta no debería ser "cómo corrijo esto", sino qué le estará pasando a este niño o niña para necesitar comportarse así. La infancia, muchas veces, no sabe explicar su dolor con palabras; lo explican con su comportamiento.
También hablas de historias más comunes, como la de comparación: la alumna que con 5 años no había aprendido aún a leer y sus padres estaban preocupados porque otros niños de su edad, sí. ¿Cómo ayudar a los padres a entender que cada niño tiene su propio ritmo?
Las comparaciones empiezan demasiado pronto. Hay familias que llegan preocupadas porque su hijo con cinco años aún no lee, mientras que otro de su clase ya lo hace. Y yo siempre les digo lo mismo: aprender no es una carrera. En infantil vemos algo muy claro: niños y niñas que empiezan a leer más tarde y unos años después no hay ninguna diferencia con los demás.
El problema no es que tengan ritmos distintos; el problema es que los adultos tenemos muy poca tolerancia a esos ritmos. Entiendo que para una familia no siempre es fácil aceptar que su hijo vaya más despacio, pero la infancia no debería vivirse con prisa. Cada uno tiene su momento, y cuando ese momento llega, el aprendizaje ocurre de forma natural y casi mágica.
En otras ocasiones, ese ritmo no solo es más lento, sino que es diferente, como en el caso de Miguel, un niño con comportamientos autistas cuyos padres no acababan de asimilar. ¿Cómo reconocer la diferencia, la neurodivergencia en tu propio hijo?
Aceptar que tu hijo posee unas características diferentes a lo que esperabas como familia, no es fácil. Muchas familias pasan primero por la negación o el miedo, y es algo profundamente humano. Pero reconocer esa diferencia no significa rendirse; significa empezar a comprender de verdad a tu hijo. Cuando entendemos cómo funciona, cómo se comunica o qué necesita, dejamos de intentar que encaje en un molde que no es el suyo.
Y ese cambio de mirada es fundamental, porque la neurodivergencia no es un fallo que haya que corregir, sino una forma distinta de estar en el mundo que necesita comprensión y acompañamiento.
¿Qué apoyo necesita en clase y en casa un niño que no acaba de encajar?
Lo primero que necesitan no es presión para cambiar, porque no hay nada que cambiar, sino seguridad emocional. En el aula eso significa tener un adulto que entienda cómo es ese niño y que cree un espacio donde pueda sentirse seguro y aceptado.
Y en casa significa algo igual de importante: la familia que no intente convertirlo en otro niño, sino que aprendan a comprender al que tienen delante. Un niño que no se siente libre de ser quien es, crece con miedo a expresarse.
Cuando un niño o una niña tiene un comportamiento que nos desconcierta, lo más fácil es etiquetarlo como 'difícil' o 'problemático', pero detrás de casi todos esos comportamientos hay una historia que no estamos viendo.
Hemos hablado de comportamientos disruptivos, de ritmos diferentes… ¿cómo demuestran los niños que algo no va bien? ¿Cómo saber que un niño tiene un problema emocional, sea este del tipo que sea, y que necesita ayuda?
Hay veces que los niños y niñas no son capaces de decirte: "me siento mal" o "algo no está funcionando". Lo que hacen es comportarse y expresarse de una forma que a los adultos tenemos que empezar a entender. Pueden aparecer rabietas constantes, agresividad, aislamiento, miedo excesivo o cambios bruscos de comportamiento.
Muchas veces pensamos que es solo una fase, y a veces lo es. Pero otras veces es una señal de que algo dentro de ese niño necesita atención. La infancia no tienen las palabras para explicar lo que sienten, por eso es su comportamiento el que habla por ellos.
Los primeros años de escolarización, en Infantil, ¿son claves para el buen desarrollo emocional de los niños?
La educación infantil es uno de los momentos más importantes del desarrollo, porque en esos años los niños aprenden algo mucho más profundo que los números o las letras. Aprenden a confiar, a esperar, a compartir, a frustrarse, a pedir ayuda y a sentirse capaces.
Todo eso forma la base emocional sobre la que después se construye el aprendizaje académico. Por eso muchas veces digo que en infantil no solo enseñamos contenidos, enseñamos a convivir. Es una etapa donde se construyen las primeras ideas que un niño o una niña tiene sobre sí mismo y sobre el mundo.
¿Intuyes, como profesor, que los problemas que puedan presentar algunos niños son producto de una crianza no respetuosa o de ciertos errores de crianza por parte de los padres?
Los profesores vemos muchas realidades familiares distintas. A veces hay errores de crianza, claro, pero casi nunca vienen de la falta de amor; vienen del miedo, del cansancio o de la desinformación. Cada familia hace lo que puede con las herramientas que tiene. Muchas familias quieren hacerlo bien, por supuesto que sí, pero están educando en una época llena de ruido: redes sociales, presión social, consejos contradictorios…
Educar hoy es complejo y genera mucha inseguridad. Por eso creo que el papel del colegio no debería ser juzgar a las familias, sino acompañarlas. Cuando escuela y familia trabajan juntas, el niño siempre sale ganando.
Cuando no sabemos por dónde empezar, la pregunta no debería ser "cómo corrijo esto", sino qué le estará pasando a este niño o niña para necesitar comportarse así.
¿Qué puede hacer el profesor para ayudar al niño en esas situaciones?
Un profesor no puede cambiar todo lo que ocurre en la vida de un niño o una niña, pero sí puede marcar una diferencia enorme. A veces algo tan sencillo como escuchar, comprender o darle un espacio seguro dentro del aula puede transformar la experiencia escolar de ese niño.
Hay alumnos que pasan muchas horas en el colegio y, para algunos de ellos, el aula se convierte en el único lugar donde alguien entiende lo que les pasa. Ser ese adulto que mira al niño con comprensión y no con juicio puede cambiar mucho más de lo que imaginamos.
¿Cómo ayudar a un niño muy tímido o introvertido o con problemas de socialización a que interactúe y se relacione más con sus compañeros?
La timidez no es un problema que haya que arreglar. Vivimos en una sociedad que premia a los niños extrovertidos y habladores, pero hay quien simplemente necesitan más tiempo y más calma para relacionarse. Cuando obligamos a alguien tímido a exponerse antes de estar preparado, lo que hacemos es aumentar su inseguridad.
Lo que realmente ayuda es crear situaciones pequeñas y seguras donde pueda interactuar poco a poco. Los niños tímidos no necesitan presión; necesitan tiempo, confianza y adultos que respeten su forma de estar en el mundo.

