Dr. Marco Heppe, neuropediatra: "Las pantallas deben estar fuera de la habitación a la hora de dormir para mejorar el descanso infantil"

Dr. Marco Heppe, neuropediatra: "Las pantallas deben estar fuera de la habitación a la hora de dormir para mejorar el descanso infantil"

Hay muchos elementos que pueden condicionar una mala calidad del sueño, pero uno de ellos es lo que se hace justo antes del momento de dormir. En este sentido, la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP) advierte de que la exposición de los niños a las pantallas en la hora previa al sueño nocturno se relaciona con una menor duración total del número de horas de sueño, lo que redunda en más somnolencia diurna y una peor calidad del descanso.

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Así lo destaca el Dr. Marco Heppe, neuropediatra del Grupo de Trabajo de Trastornos del Sueño de la SENEP, que advierte de cómo el uso habitual de móviles u otro tipo de dispositivos electrónicos antes de acostarse, "puede aumentar el riesgo de dormir menos de lo recomendado en hasta un 50% de los casos". ¿Qué otros efectos tiene este mal hábito?

El contenido digital resulta cognitivamente estimulante y dificulta la desconexión del menor, al tiempo que la luz emitida por los dispositivos electrónicos puede inhibir la secreción de melatonina, retrasando el inicio del sueño.

Dr. Marco Heppe, neuropediatra

Por qué las pantallas son especialmente dañinas por la noche

Distintos estudios han demostrado, en la línea que apuntaba el experto, que los niños que usan pantallas de noche en su habitación duermen, de media, entre 20-40 minutos menos que aquellos que no usan estos elementos. Pero no influye solo el tiempo nocturno tecnológico, sino que en el descanso global también hay que considerar las horas totales que el menor pasa a lo largo del día mirando el móvil, la tableta, la consola o el ordenador.

Si nos centramos en la noche, "el contenido digital resulta cognitivamente estimulante y dificulta la desconexión del menor, al tiempo que la luz emitida por los dispositivos electrónicos puede inhibir la secreción de melatonina, retrasando el inicio del sueño", alerta el especialista.

Los problemas de sueño afectan a entre un 20 y un 40% de los menores en algún momento de su vida, y muchos de ellos tienen que ver con hábitos inadecuados como los horarios irregulares. Cuando no hay una buena higiene del sueño se puede dar lugar a trastornos del sueño, que tienen influencia en muchos ámbitos vitales. “Se deben mantener horarios regulares para acostarse y despertarse; establecer rutinas predecibles antes de dormir; evitar actividades estimulantes al final del día; y asegurar un entorno adecuado para el sueño (habitación oscura, tranquila, y sin dispositivos electrónicos). La evidencia muestra que cuando los niños mantienen horarios regulares y rutinas estables presentan menor latencia de sueño, menos despertares nocturnos, y mejor rendimiento diurno”, insiste el Dr. Heppe.

Por eso, las principales sociedades pediátricas internacionales están de acuerdo en que debe haber una exposición cero a pantallas hasta los seis años de edad, y entre los 6 y los 12 no debe superar la hora diaria, "algo que en la mayor parte de los casos no se cumple", subraya el neuropediatra. Otra de las recomendaciones comunes es que hay que evitar estos dispositivos una hora antes de dormir y que hay que mantenerlos fuera de la habitación durante la noche, "una medida sencilla que puede mejorar significativamente el descanso infantil".

Adolescente mirando el móvil en la cama© Adobe Stock

Los riesgos de una mala calidad del sueño en niños

El sueño es un proceso básico en el neurodesarrollo del menor, ya que durante esas horas de descanso se consolidan los aprendizajes adquiridos durante el día, se activan los circuitos de regulación emocional y se favorece la maduración cerebral. 

Estas son las recomendaciones de la Academia Americana del Sueño según la edad:

  • 4-12 meses de edad: 12-16 horas al día.
  • 1-2 años: 11-14 horas al día.
  • 3-5 años: 10-13 horas al día.
  • 6-12 años: 9-12 horas al día.
  • 13-18 años: 8-10 horas al día.

"El objetivo es optimizar la atención, la conducta, el aprendizaje, la memoria y la regulación emocional", explica el especialista de la SENEP. Ahora bien, al igual que hay percentiles en talla y peso, "también hay menores que precisan dormir menos horas y estas son suficientes para ellos". 

No obstante, cuando el descanso es insuficiente, hay una serie de repercusiones claras sobre la salud, que el neuropediatra cita en un peor rendimiento escolar, problemas emocionales y de conducta e hiperactividad (con respecto a los niños que duermen bien). "Pero, además, la falta de sueño también tiene otras consecuencias para la salud, ya que los niños que duermen mal tienen casi dos veces más de probabilidad de obesidad infantil, de hipertensión arterial y de depresión", alerta.

Niña mirando absorta un móvil tumbada en el sofá© Adobe Stock

Problemas de sueño y trastornos del neurodesarrollo

En los niños con problemas del neurodesarrollo los trastornos del sueño son más habituales. "Los estudios estiman que la prevalencia de trastornos del sueño en los niños con TDAH oscila según series entre un 35% y un 70%; mientras que en el caso de los niños con TEA, la prevalencia de trastornos del sueño está entre un 40 y 80%”, puntualiza. Es un efecto bidireccional, puesto que "los niños con trastornos del neurodesarrollo tienen mayor riesgo de sufrir problemas del sueño, y estos problemas del sueño, a su vez, empeoran los síntomas del trastorno del neurodesarrollo si no se solucionan”.  

La detección y el manejo inicial de estos problemas de sueño corresponde al pediatra de Atención Primaria, pero cuando el cuadro es persistente, grave y tiene un impacto considerable sobre la vida del menor o provoca otros problemas neurológicos, es el neuropediatra el más indicado para tratar al niño.