El espectacular mirador de Galicia al que se llega por unas pasarelas sobre el mar y esconde una increíble leyenda medieval

El espectacular mirador de Galicia al que se llega por unas pasarelas sobre el mar y esconde una increíble leyenda medieval

Nadie usa su nombre oficial, pues aquí impera, en parte, esa ley no escrita donde el mar (y quienes lo navegan) da, quita y dispone a su antojo. No es de extrañar en Galicia, pero menos en este punto donde la costa lucense se asoma al Cantábrico de A Coruña en un promontorio formado por tres puntas donde, a 54 metros de altura, se asentó en su día un poblado castrexo. Famoso en los últimos años por su tramo final de acceso, con una pasarela de madera serpenteante que invita a sentirse como si se caminase sobre el vacío al borde de un acantilado, el cabo esconde bajo esa experiencia varias capas que lo convierten en mucho más que una postal.

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Playas y acantilados junto a O Fuciño do Porco, uno de los miradores más espectaculares de la costa gallega, en Lugo© Shutterstock
Vista aérea de las pasarelas que hay que recorrer para conseguir las mejores vistas de este tramo de la costa lucense.

Punta Socastro: cerdos y minas

Pequeña y escarpada, la Punta Socastro se adentra hacia el océano en la misma boca de la ría de Viveiro, ocupando una posición casi fronteriza. Sin embargo, todo el mundo lo conoce por el apodo que le otorgaron unos marineros, cuya silueta les recordaba al fuciño (hocico) de un porco (cerdo) desde el agua. La denominación desde el agua guarda su sentido, pero también la que se le otorgó desde tierra, y es que socastro significa “a pie del castro”, lo que hace referencia al que ocupó el lugar, aprovechando la posición defensiva natural.

Este no es un caso aislado de la zona, pues el concello de O Vicedo conserva un total de tres castros catalogados a lo largo de su costa. Sin embargo, la historia tenía preparados nuevos capítulos para este promontorio, concretamente uno industrial, que conecta el cabo con una de las grandes referencias de la Galicia moderna. La necesidad de hierro de la fábrica de Sargadelos hizo que se abriera aquí la mina María Antonia, a la que los marineros llegaban por mar en pequeños botes donde cargaban el mineral.

Punta de Fuciño do Porco, un mirador natural sobre la playa de Pereira en el pueblo de O Vicedo, Lugo© Hector - stock.adobe.com
Entre dos playas se encuentra este espectacular mirador natural al que se accede por una escalinata.

En el tramo final del sendero que lleva hasta el cabo, todavía se distingue una veta ferruginosa muy oscura explotada en aquella antigua mina y conocida como Testa de Ferro. El detalle más sugerente es lo que esa actividad le hizo al paisaje, pues con la mano del hombre cambió el perfil de los acantilados que se observan desde el agua.

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Cómo llegar al mirador: acceso por carretera, aparcamiento y el tramo final a pie por las pasarelas

El turismo es el que ha escrito el capítulo más reciente de Fuciño do Porco. Durante el siglo XX la zona tuvo usos ganaderos, pesqueros y madereros, y no fue hasta la construcción de la baliza de señalización cuando se acondicionó el acceso y se levantaron las primeras pasarelas para salvar la caída a quienes se acercaban a admirar la belleza que hasta el momento se había reservado para quienes trabajaban la zona. 

Bosque de eucaliptos en el camino al Fuciño do Porco, Lugo© Shutterstock
Bosque de eucaliptos en el camino al Fuciño do Porco.

La llegada masiva de visitantes hizo que el Concello construyese escaleras, barandillas y caminos y pusiese coto a la llegada de coches. La visita ahora es, ante todo, un paseo: tras dejar el vehículo en el aparcamiento habilitado y caminar unos veinte minutos, se encuentra el arranque de la pasarela, con una caminata sencilla y bien señalizada rodeada de naturaleza. El sendero también puede iniciarse en la cercana playa de Abrela, pasando por las pequeñas calas de Porto de Val y Alegrín y por la antigua cetárea de Medas do Castro antes de llegar a la punta.

Playas y acantilados junto a O Fuciño do Porco, uno de los miradores más espectaculares de la costa gallega, en Lugo© Shutterstock
El recorrido hacia O Fuciño es una caminata sencilla y bien señalizada rodeada de naturaleza.

El camino forestal transcurre con la ría de Viveiro a la derecha, con una primera parte algo empinada que cede luego en un descenso hacia la punta y su baliza. A mitad de recorrido espera una sorpresa con la que el visitante no cuenta, un monolito con una pequeña campana en la que se lee “Liberty Bell”, instalada en 2020 como gemela de la de Portomarín, con el cometido de que los peregrinos del Camino Francés que la tocan se comprometan a visitar después este rincón costero.

El tramo final es, sin duda, el más espectacular y exigente, con más de cien escalones de madera que suben y bajan por la ladera en un trayecto estrecho y serpenteante que va prácticamente colgado sobre el mar. Merece la pena, pues el premio espera en el mirador. Desde la atalaya final se contemplan las islas Gabeira, Insua y Coelleira, las puntas del Faro Roncadoiro y Estaca de Bares y, al fondo de la ría, Covas, Viveiro y el puerto de Celeiro. 

O Fuciño do Porco, uno de los miradores más espectaculares de la costa gallega, en Lugo© Shutterstock
La Punta Socastro se adentra hacia el océano en la misma boca de la ría de Viveiro.
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La isla convertida en una fortaleza marina

Quien llegue a la punta quizá desconozca que la isla que se ubica a medio kilómetro frente al cabo, dominando todo el horizonte de la ría, merece un capítulo aparte. Sus 82 metros de altura y sus acantilados abruptos la convierten a la vista en una fortaleza marina casi inexpugnable. No en vano, es una de las mayores islas del Cantábrico. Entre los siglos V y VI, la isla albergó un monasterio benedictino dedicado a San Miguel que sirvió de refugio durante las persecuciones del rey visigodo Leovigildo y que fue destruido en el siglo IX por las incursiones normandas.

Costa en la zona de O Vicedo, Lugo© Shutterstock

El documento más antiguo que menciona la isla, de 1095, habla de un nuevo cenobio, el “monasterio de San Miguel de Quonicularia”, nombre antiguo de la isla. Aquel cenobio fue el que supuestamente ocuparon los caballeros del Temple en el siglo XIV más tarde, que en aquella época estaban siendo perseguidos por el rey de Francia Felipe el Hermoso. Es en este hipotético episodio de la historia en el que se enmarca la leyenda oscura del lugar. Según el relato local, una noche empezaron a sonar a rebato las campanas del cenobio mientras un grupo de atacantes se infiltraba en la isla y degollaba sin piedad a 35 templarios. 

Según la tradición, la matanza se habría llevado a cabo bajo la dominación de un noble de la familia Bernaldo de Quirós, señor de aquellos contornos, por orden del rey. Solo uno de los monjes sobrevivió, escapando disfrazado de campesino y cruzando a la costa en una barca de cuero parecida a los currachs irlandeses para esconderse en una casa de O Vicedo que todavía hoy se conoce como la “Casa do Paisano”.

Entre las historias que el propio concello asocia a este tramo de costa también hay una leyenda de las que abundan en el Atlántico. Cuenta el relato que los vecinos negaron auxilio a un náufrago y que este era en realidad un santo, que castigó su falta de caridad sepultando la aldea bajo el mar. Sea como sea, si el visitante es respetuoso, no ha de temer más que un esguince si coloca mal un pie en la pasarela.

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