El regreso del Mesías
Reapareció el mesías desde el trópico, y cómo reapareció: muy él, con algo así como una Mañanera por escrito.
Se entiende. No se terminaba de reponer el movimiento que fundó de las solicitudes de extradición contra 10 funcionarios sinaloenses, empezando por uno de sus gobernadores consentidos, Rocha, cuando llegó la noticia de que presuntamente otros dos mandamases estatales se habían quedado sin visa mientras los gringos los investigan por huachicol y vínculos con una organización criminal. Hablamos, claro, de Américo Villarreal y, sobre todo, de Alfonso Durazo, que además fue su encargado de Seguridad. Su García Luna.
Así que el Founding Father nos regaló una carta que es para ponerle los pelos de punta a cualquiera o, más bien, para terminar de ponerle los pelos de punta a cualquiera, porque en lo muy evidente, y en lo tantito menos, va en sintonía con el mensaje presidencial de fin de semana. Lo muy evidente es terrible.
“No, no es Trump. Es la gente que lo rodea, ultra derechosos malos que intentan derrocar al gobierno del Pueblo Bueno”, dijo el Prócer. Es lo que dijo el lunes la presidenta: que la embestida contra México no venía de Trump, con el que tan bien se lleva, sino de elementos de la ultraderecha injerencista. Lo terrible radica en que es el regreso de Morena a su origen. A su esencia. Al complotismo.
El movimiento, pasan a decirnos López y Sheinbaum, es impoluto. Pero el mundo está lleno de conjurados dispuestos a descarrilarlo. Sí, el mundo. Vean la retórica de las últimas semanas. La 4T está en medio de un compló que incluye a la oposición mexa, la ultraderecha gringa y la española, encarnada en las pérfidas Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo.
Pero el mensaje también es inquietante en lo tantito menos evidente, porque implica una franca grosería contra el hombre al que pretende apaciguar, el presidente norteamericano. La presidenta, al parecer sin darse cuenta, lo trata de lo que nadie puede decir que es, o sea, de tonto. No es él, dice: son los que actúan sin que se dé cuenta.
AMLO lleva este razonamiento al extremo. “Me quitaron a mi Trump”, dice. Al que no insultaba a México, al que no amenazaba con muros, al que me consultaba antes de calificar al narco de terrorista. Otra vez, AMLO en pleno: ajeno a los hechos –Trump sí levantó el muro, y los humilló a él y a su canciller–, y regodeándose en su grandeza.
Sobra decirlo, pero va: el complotismo, desde siempre, es el aviso de que un régimen se va a dejar ir por la vía autoritaria, justificado por esa guerra santa, la de los puros contra los infieles, que implican las conspiraciones globales. Los puros, créanme, se van a atrincherar, envueltos en el nacionalismo cutre que los distingue, porque ceder ante los gringos es desmantelar el movimiento desde su esencia misma. Va a estar feo.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09
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