El secreto de Lady Di y Kate Middleton para bajar del coche: la guía definitiva para hacerlo como una estrella
Ser una royal o una celebridad implica tener pensado meticulosamente el atuendo con el que te vas a presentar ante la esfera pública, el peinado, incluso lo que vas decir (y lo que no) pero, hay un factor, más antecesor que quizás no se mide ni se piensa y que queda en otro plano: el cómo bajar del vehículo de buenas formas. Los paparazis no van a esperar a que llegues, te acomodes el pelo y esboces una sonrisa, ellos están ahí desde antes de que tu coche haga la parada, las conocidas guardias, y empiezan a disparar ráfagas hasta reventar blancos incluso antes de que toques la manilla. Cualquier instantánea puede venderse bien, sin embargo si el famoso osa resbalar y toparse con el suelo antes que con los flashes, esa puede venderse por cifras doblegadas en valor. Ningún paparazi dará un alto fuego a callar flashes, todos van a aprovechar en llevarse la imágen más dramática y que pueda colmarse de más portadas.
Aunque no todo el mundo pasa esto por alto, algunas llevan todo estudiado, incluso el gesto del rostro y las muecas que ponen al bajarse (otro eminente que se tiende a pasar por alto). Hoy, desempolvamos los archivos y buscamos el ranking de las mejores que lo han sabido hacer y que no han puesto como excusa el calzado, los nervios, ni el largo de su falda. Por qué hasta cómo acomodar un pie en el asfalto se puede trabajar en una industria en la que cada error cuenta.
Diana de Gales
Hablando de royals, una de las más perseguidas fue Diana de Gales, la queridísima Lady Di. A menudo era perseguida por paparazis, incluso más que el príncipe Carlos (una situación que él no llevaba muy bien). Lo asombroso es que ella jamás salió mal, quizás en parte por el amor que le tenían incluso aquellos que con una instantánea suya podían lograr traspasarse al bando de los ricos. Ella sabía cómo ganarse el corazón de las personas y de la cámara, cuando lanzaba esa media sonrisa, con pizca de timidez que bastaba para conquistar a un reino entero. Su manera coqueta de sujetar su clutch, su bolso de mano, quedó inmortalizada en cientos de fotografías. Y esta es solo una de ellas.
Kate Middleton
Kate Middleton, la ahora royal, empezó a codearse con la realeza desde que coincidió con el príncipe Guillermo en la Universidad de St. Andrews y un inevitable flechazo atravesó el corazón de dos jóvenes que después acabarían pasando por el altar. De eso hace más de dos décadas, lo que se traduce en una plétora de años de ser instruida en la máxima etiqueta. Un entrenamiento que ya recoge frutos, solo hay ceñirse a ver la postura corporal (hombros, espalda, barbilla, manos, cruce de piernas, rostro) que Middleton arrojaba al bajarse del coche oficial en su llegada a Castle Hill Academy en New Addington, Croydon. Su misión era participar en la Semana de la Salud Mental Infantil de Reino Unido como patrona de la organización benéfica Place2be. Un porte real que nos recordaba a la princesa Diana, no solo en su faceta tremendamente solidaria, sino también en esa elegancia innata (pero disciplinada) con la que apoyaba su mocasín burdeos sobre el asfalto.
Audrey Hepburn
La actriz de Vacaciones en Roma (1953) rompió los cánones que Hollywood imponía a las actrices de su época: cuerpos voluptuosos, senos grandes y mujeres concebidas como meros objetos de deseo. Se abrió camino entre figuras como Sophia Loren, Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor, destacando gracias a su sencillez, minimalismo y elegancia. Por eso, incluso fotografías cotidianas, como bajándose de un coche, reflejan esa gracia aparentemente innata. Solo le bastaba enfundarse en un dos piezas de tweed y apoyar con firmeza el pie derecho para que la elegancia, en ella, estuviera asegurada.
Kate Moss
Dicen que el hábito hace al monje y parece cierto cuando Moss, tras su desliz a comienzos de los 2000, la catapulto a crear una nueva estética en las modelos, el heroin chic. A partir de ese momento era perseguida por cientos de paparazis que buscaban pillarla en otra comprometida situación (o en la que fuera, de ella se vendía todo). Fue esa turbulosa experiencia que bajarse de un coche se convirtió en pan comido, sobre todo para alguien que desfilaba en pasarelas de alta costura. Sus malos tragos, también la concienciaron en que cualquier escena que protagonizase iba a ser pólvora. Así que se propuso bajarse de los coches, con sus stilettos Louboutin de suela roja, incluso de la manera más chic.
Cameron Diaz
La estrella rubia de Los Ángeles de Charlie (2000) tenía un arte único al pisar el asfalto: incluso lo más improvisado parecía sacado de un anuncio diseñado para un spot de colonia. Al bajar de los coches, no era solo su compostura lo que captaba las cámaras, sino la expresividad de su rostro. Ese magnetismo también se reflejaba en cada movimiento, desde cómo acomodaba su bolso y jugueteaba con su pelo cortado en capas hasta la sonrisa pícara que parecía desafiar al mundo.




