Aunque existen grandes profesionales en el sector de la moda nupcial, la realidad es que el punto de partida de todo vestido de novia no es una averiguación, sino las referencias. Las prometidas que acuden a un atelier a hacerse un vestido a medida o aquellas que visitan marcas con colecciones, que permiten ligeras modificaciones en sus modelos, deben llevar una inspiración previa a modo de fotografías e ideas de otros looks para este día, que permitan, al equipo de la firma, poder orientar y plantear el estilismo soñado por esa clienta. Si bien las redes sociales están repletas de recién casadas que se han hecho virales gracias a sus diseños, a veces conviene buscar entre los 'sí, quiero' del pasado para descubrir cortes, siluetas, mangas y propuestas que resulten verdaderamente novedosas y sienten bien a esas novias en busca de una pieza especial.
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Buceando entre históricas bodas de mediados del siglo XX, hemos localizado cinco enlaces a los que merece la pena prestar atención. Protagonizadas por miembros de la aristocracia, estas nupcias memorables causaron sensación en su día, no solo por lo mediático de la historia de amor que escondían, sino por los vestidos de sus protagonistas. Diseños clásicos y otros también más innovadores que en realidad no resultan desactualizados y concentran algunas de las tendencias de este 2026.
Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, y Luis Martínez de Irujo y Artázcoz
Fecha: El 12 de octubre de 1947.
Lugar: en la catedral de Sevilla.
Firma del diseño: Flora Villareal.
El vestido de novia: Gran admiradora del trabajo de la modista, la aristócrata siempre defendió que su trabajo estaba a la altura del de Balenciaga. Confió en ella para su ‘sí, quiero’ y no defraudó. Su vestido de novia de corte catedral parecía inspirado por los parisinos modelos de Dior y contaba con una cintura de avispa, mangas largas, escote de pico, hombros estrechos y falda con mucho vuelo. Lo más espectacular era, sin duda, el contraste de tejidos: raso de color marfil con encaje de Bruselas de siglo XVIII, un deleite para la vista. El velo de tul de cinco metros y la tiara de perlas y diamantes que Napoleón III regaló a Eugenia de Montijo hicieron el resto.
La historia del día: La pareja se conoció en el invierno de 1946, cuando Cayetana había ido a visitar a su amigo Rafael Solís-Beaumont y Atienza e intercambió palabras por primera vez con quien sería su futuro marido. Zarautz y San Sebastián fueron los escenarios en los que su amor se consolidó. La primera boda de la duquesa fue la más cara del mundo, según la prensa internacional, y logró un imposible: una ceremonia oficiada en el altar mayor de la catedral hispalense.
El vestido de novia: La joven era modelo, habitual en la firma Norman Hartnell, pero escogió a su eterno rival (una de las figuras que inspiró la película El hilo invisible) para este gran día. La suya era una creación de silueta princesa, con cuerpo ajustado, falda voluminosa, escote trapecio y mangas largas, perfecta para invierno. La pieza estaba elaborada con encaje floral confeccionado con hilo de plata, que dibujaba motivos florales similares a los de su fastuosa diadema de 1870, conocida como tiara Buccleuch Mayflower o tiara Mayflower de la casa de Bowhill, con diamantes de diferente tamaño y a juego con su gargantilla.
La historia del día: Ella era seis años menor que él, mientras que el conde —futuro duque de Buccleuch y Queensberry—, un apuesto soltero, había sido un voluntario destacado de la Marina Real de la Segunda Guerra Mundial, convertido entonces en político, al representar a Edimburgo Norte en la Cámara de los Comunes. Se habían enamorado y su boda reunió a más de 1.300 invitados (la reina Isabel II y la princesa Margarita, entre ellos) y a toda la prensa nacional.
Jacques, duque de Orleans, y Gersende de Sabran-Pontevès
Fecha: el 4 de agosto de 1969.
Lugar: En la iglesia románica de Ansouis, en la Provenza francesa.
Firma del diseño: Yves Saint Laurent.
El vestido de novia: Un diseño patchwork fue la propuesta que el diseñador planteó para la joven. El look presentaba una botonadura central, cuello a la caja, cinturón ancho, mangas largas y falda con volumen. Llevaba, además, un tocado de flores frescas de azahar que rodeaban su amplio moño, un accesorio ideado por Alexandre de Paris.
La historia del día: Los novios se habían conocido un año antes y habían disfrutado de unas vacaciones juntos en Quinta do Anjinho, en Sintra (Portugal), palacete propiedad de la familia de su prometido. Su enlace fue algo hippy y romántico, toda una experiencia que no se perdieron la condesa de Barcelona, la reina María José de Italia, Grace y Rainiero de Mónaco ni la infanta Pilar.
Patrick Anson, quinto conde de Lichfield, y Lady Leonora Grosvenor
Fecha: El el 8 de marzo de 1975.
Lugar: en la catedral de Chester, Inglaterra.
Firma del diseño: Dior.
El vestido de novia: La silueta línea A era la reina en este vestido confeccionado con maravillosos bordados joya, en relieve, repartidos por todo el cuerpo del diseño. Motivos florales, espigas y mariposas protagonizaban estos detalles, en un look marcado por una larga cola, mangas largas abullonadas, un cuello cisne con una flor en el lateral y un velo de tul clásico. Como complementos, se decantó por la tiara de diamantes con racimos y hojas, que también serviría, años más tarde, como collar.
La historia del día: Él era un reconocido fotógrafo de la sociedad británica, hijo de la princesa Ana de Dinamarca, que había conocido a 'la debutante del año' (diez años menor que él) y hermana del sexto duque de Westminster al hacerle unos retratos, cuando ganó este concurso en 1967. Su gran día concentró a algunos de los miembros de la realeza más ilustres de su tiempo: Ana María y Constantino de Grecia, la reina Isabel II de Reino Unido o la princesa Beatriz de los Países Bajos.
El vestido de novia: Un cuerpo ajustado, unas mangas largas, un corte línea A, un cuello a la caja y una cola de seis metros de largo fueron las elecciones del diseñador irlandés afincado en Londres para la princesa. Sin duda, lo más imponente del vestido eran sus tejidos (algo que también sabrían apreciar las novias de hoy): un encaje traído desde Francia combinado con encaje de Valciennes que pertenecieron a la gran duquesa Elena Vladimirovna, abuela de Alexandra. Para terminar el estilismo, la aristócrata se decantó por la tiara Fringe Kent City of London y el velo floral de Lady Patricia Ramsey.
La historia del día: La hija de los duques Jorge y Marina de Kent apareció en la portada del Evening Standard al día siguiente de su boda. El acontecimiento había causado tal revuelo en la sociedad inglesa que la prensa copó la salida de la ceremonia y la retransmisión televisiva superó los 200 millones de televidentes. Acudieron a esta cita aristócratas, políticos, artistas y, por supuesto, una gran representación de la realeza europea. Desde la reina Isabel II con su marido hasta la reina Victoria Eugenia de España, pasando por don Juan Carlos y doña Sofía, la reina Luisa de Suecia, la reina Helena de Rumania, el rey Olav de Noruega, la reina Federica de Grecia y la reina Ingrid de Dinamarca.