Esa vacuna podría tener mejor resultados si piensas en positivo, según la ciencia

Esa vacuna podría tener mejor resultados si piensas en positivo, según la ciencia

La relación entre la mente y el sistema inmunitario es más sólida de lo que se pensaba y podría abrir nuevas vías para desarrollar terapias de defensa más eficaces. Así lo sugiere una investigación reciente que demostró que los seres humanos tienen la capacidad de autoestimular funciones cerebrales vinculadas con la recompensa, la motivación y las expectativas positivas, un proceso que podría optimizar la respuesta inmune del organismo tras la administración de una vacuna.

El estudio, dirigido por Nitzan Lubianiker, neurocientífico del Departamento de Psicología de la Universidad de Yale, buscó confirmar mediante un ensayo clínico riguroso que las personas pueden influir en la eficiencia de su sistema inmunitario a través de la actividad mental consciente. El objetivo fue trasladar a humanos una hipótesis que hasta ahora se había explorado principalmente en modelos animales.


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Basta que veas a una persona enferma para que tu cerebro active el sistema inmune, según este estudio

Ver a alguien enfermo, incluso de forma virtual, puede activar tu sistema inmunitario. Un estudio mostró que el cerebro anticipa amenazas infecciosas al detectar señales visuales de enfermedad, como si se tratara de un contacto real.


Esta posibilidad ya había sido analizada en investigaciones previas con ratones, bajo la premisa de que el sistema dopaminérgico mesolímbico (encargado de procesar la recompensa y la motivación mediante la liberación de dopamina) mantiene una conexión física y funcional con la regulación de las defensas naturales del cuerpo. Sin embargo, demostrar este vínculo de manera directa en humanos representaba un reto metodológico considerable.

La conexión entre el sistema inmunitario y el sistema nervioso central se conoce desde hace tiempo, aunque todavía se entiende de forma limitada. En este sentido, la psiconeuroinmunología, un campo relativamente reciente, busca profundizar en estos mecanismos”, explica a SMC España Ignacio Molina Pineda, catedrático de Inmunología de la Universidad de Granada, quien no participó en la investigación.

Para poner a prueba la hipótesis en personas, el equipo internacional recurrió a técnicas de resonancia magnética funcional, que permiten observar la actividad cerebral en tiempo real. Gracias a esta tecnología, según describe el texto publicado esta semana en Nature, los participantes pudieron visualizar su propio funcionamiento neuronal y aprender, mediante entrenamiento, a regularlo de manera voluntaria.

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La relación entre vacunas y la esperanza de un futuro mejor

El ensayo reclutó a 85 voluntarios sin afecciones clínicas ni trastornos mentales diagnosticados, quienes fueron distribuidos en tres grupos. Al primero se le indicó que incrementara deliberadamente la actividad del área tegmental ventral (VTA, por sus siglas en inglés) utilizando estrategias de control mental basadas en expectativas o pensamientos positivos. Entre los ejercicios propuestos se encontraban evocar recuerdos felices de la infancia o imaginar experiencias futuras agradables, como un viaje deseado. La VTA es un conjunto de neuronas localizado en el tronco cerebral y desempeña un papel central en la liberación de dopamina.

El segundo grupo fue entrenado para modular la actividad de una región cerebral que no está relacionada con los circuitos de recompensa, mientras que el tercer grupo actuó como control, ya que no recibió instrucciones específicas para regular su actividad mental.

Una vez que el grupo experimental logró aprender a influir en el funcionamiento de la VTA, todos los participantes recibieron una vacuna contra el virus de la hepatitis B. El propósito era evaluar si la autoactivación de los circuitos cerebrales asociados con la recompensa podía reflejarse en la cantidad de anticuerpos generados por el organismo después de la inmunización.

Los resultados revelaron una correlación directa entre la activación voluntaria de la VTA y la producción de niveles más elevados de anticuerpos contra la hepatitis B. En términos generales, los investigadores estimaron que la actividad mental consciente explica alrededor del 10% de la variación en la respuesta inmune observada entre quienes entrenaron su cerebro y quienes no lo hicieron, aunque las diferencias entre el grupo experimental y el de control no fueron extremas.