El príncipe Guillermo se queda sin uno de sus 'hobbies' favoritos en la nueva casa donde vive con Kate Middleton y sus hijos
Se acabó para Guillermo de Inglaterra (43 años) lo de moverse en patinete eléctrico de un sitio para otro, como tanto le gusta hacer, al menos dentro de los terrenos donde ahora vive. El príncipe no podrá practicar el que es uno de sus 'hobbies' favoritos en su nueva casa, la que comparte desde el pasado noviembre con su esposa, Kate Middleton (44), y sus tres hijos: George (12), Charlotte (10) y Louis (7). El motivo que le impide subirse de nuevo a su 'scooter' no es otro que la prohibición existente en este área de Berkshire, donde el futuro rey se ha instalado con su familia. Un zona donde, según la normativa vigente, no se permite el uso de ningún medio de transporte motorizado.
El número uno en la línea de sucesión se mudó con los suyos a Forest Lodge hace un par de meses, a la mansión que está ubicada dentro del gran parque de Windsor, dejando atrás su residencia de Adelaide Cottage. La nueva casa forma parte de una extensa finca de casi dos mil hectáreas, donde los patinetes no tienen cabida por "razones de seguridad y gestión del tráfico", según consta en las propias ordenanzas. Al heredero no le queda más remedio que aceptarlo, si bien fuentes de su entorno señalan que este no tiene problema alguno en acatar lo que esté establecido.
Antes de cambiar de vivienda, a Guillermo le encantaba utilizar su 'scooter' para recorrer el Castillo de Windsor y circular por sus alrededores. Allí no está prohibido, según nos mostró él mismo durante su aparición el pasado octubre en el programa televisivo The Reluctant Traveler con Eugene Levy. "¡Esto no me lo esperaba!", le dijo el presentador al príncipe nada más verlo aparecer de esa guisa. "¿Este es tu medio de transporte?“, le preguntó al momento. El entrevistado asentía entonces con una sonrisa en la cara, indicando que su patinete iba "bastante bien" por esos lares.
Seguidamente, el hermano mayor de Harry reveló que "vivimos a las afueras del castillo, pero mi padre pasa mucho tiempo aquí y lo usamos para reuniones de trabajo", contaba. "Y como siempre suelo llegar tarde, pensé que esta era la mejor manera de llegar a tiempo", apostillaba con humor. Tenía mucho sentido lo que decía, puesto que la distancia que recorría entonces desde su antigua casa hasta la fortaleza no superaba los 5 kilómetros. Es decir, que se trataba del medio idóneo para moverse sin necesidad de recurrir a un coche o tener que ir a pie caminando.

