Guardianes del bosque
Las esculturas de leones que hoy flanquean la entrada principal del Bosque de Chapultepec fueron concebidas en un contexto político distinto al que ocupan actualmente.
A finales del siglo XIX, el gobierno de Porfirio Díaz impulsó la construcción del Palacio Legislativo Federal como sede del poder público. El proyecto, encargado al arquitecto francés Émile Bénard, incluía un programa escultórico monumental destinado a reforzar la imagen institucional del Estado.
Dentro de ese conjunto se encontraban los leones realizados por el escultor francés Georges Gardet, pensados para colocarse en la escalinata principal del edificio. La elección del león respondía a una tradición consolidada en la escultura pública occidental, donde desde el siglo XIX se utilizó en accesos monumentales, plazas y edificios oficiales como símbolo de vigilancia, dominio y autoridad.
Ejemplos como los leones de Trafalgar Square en Londres o el León de Lucerna en Suiza evidencian ese uso extendido, asociado tanto a conmemoración como a representación del poder.
El Palacio Legislativo no llegó a concluirse. Su construcción, iniciada en 1910, quedó interrumpida por el estallido de la Revolución mexicana y la estructura fue posteriormente reutilizada para levantar el Monumento a la Revolución. Las esculturas destinadas al edificio, entre ellas los leones, fueron retiradas y permanecieron sin función definida durante ese proceso.
En 1921, en el contexto de las celebraciones del centenario de la Independencia y de la reorganización urbana posrevolucionaria, se construyó la Puerta de los Leones como acceso monumental al Bosque de Chapultepec sobre Paseo de la Reforma, integrando las piezas de Gardet en pedestales de granito y acompañándolas con rejas de hierro. La ubicación marca el inicio de la Calzada Juventud Heroica y establece un eje hacia el Altar a la Patria, articulando uno de los recorridos cívicos del bosque y conectándolo con Reforma.
El conjunto incluye, además de los leones, una estructura de herrería monumental y casetas integradas a los pedestales, lo que refuerza su carácter como dispositivo arquitectónico que organiza el tránsito entre la avenida y el bosque. Su diseño responde a criterios de monumentalidad de principios del siglo XX, cuando el espacio público comenzó a estructurarse mediante accesos formales y ejes visuales.
A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, los leones han permanecido en la Puerta de Chapultepec sin cambios en su ubicación. Las intervenciones en la zona —como la construcción del Circuito Interior en 1975— no implicaron su traslado. Y se procurado la conservación del bronce y de los pedestales.
EEZ