Salvatore Cernuzio, vaticanista: "El Papa Francisco nos cambió a todos mostrándonos su lado más humano"

Salvatore Cernuzio, vaticanista: "El Papa Francisco nos cambió a todos mostrándonos su lado más humano"

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Fue el primer Papa del continente americano, argentino, jesuita y eligió el nombre de Francisco, por el de Asís, para su Pontificado. Su fallecimiento dejó a San Pedro en silencio. Un día antes, que fue Domingo de Pascua, había dado incluso una vuelta en su papamóvil. Desde que fue elegido, Jorge Mario Bergoglio pidió que se rezara por él: un gesto humilde, que dio pistas, viviendo el Vaticano como una gran parroquia. Con una mirada especial hacia los últimos, basada en una "esperanza" que "no decepciona nunca". Francisco no utilizaba móvil, pero sí que conectó con la contemporaneidad.

Salvatore Cernuzio (Crotone, 1987), vaticanista, fue en los últimos años uno de sus mejores amigos. Una relación cercana que narra en su nuevo libro, Padre - Un Ritratto Inedito di Papa Francesco (Piemme, 2026). Fue de los pocos a los que Francisco llamó para que lo visitara en el hospital Gemelli de Roma y sus últimas palabras hacia él, revela este periodista que escribe para Vatican News y L'Osservatore Romano, fueron: "Gracias, disculpe las molestias". Un año después y en plena tensión entre Estados Unidos y el Vaticano, Cernuzio recuerda a Bergoglio desde África. Para él, Francisco era como un padre.

¿Cómo han marcado las palabras de Trump el primer viaje apostólico de León XIV a África?
Al principio del viaje nos preguntamos todos qué habría dicho el Santo Padre. Se mostró muy disponible con los periodistas, dejando clara la naturaleza de su magisterio: el anuncio del Evangelio en el mundo. El Papa no es un hombre político y no quiere que haya dudas, por eso no entrará en ningún debate con el presidente estadounidense. La lógica del Papa León XIV ha sido clara, no es un jefe de Estado que se pondrá a discutir con otro. Se dedica a otra cosa. Me ha parecido un enfoque profundo e inteligente.
Hoy es el primer aniversario sin el Papa Francisco. ¿Qué sensaciones le aporta su recuerdo?
Todavía no he elaborado totalmente su marcha. Fue difícil no detenerse, entonces, ante la perspectiva de un Cónclave y la elección de un nuevo Papa. El libro ha servido para ordenar sensaciones, recuerdos y emociones vinculadas a su persona. Por un lado, siento que fue hace muchos años; por el otro, parece que nunca ocurrió. Una mezcla de confusión y de gran nostalgia: cuando viajo a un país, cuando veo un crucifijo o descubro una historia, todavía tengo el impulso de pensar: "Cuando vuelva a Roma, se lo contaré al Papa Francisco". En su primer aniversario estoy aquí en África. Pero con aquel "¡Adelante!", que a menudo me decía, en la mente.
Fue como un padre para usted y así lo llamó desde el principio.
Lo primero que dije en su primera llamada fue "¡Santidad!". Luego empecé a llamarlo "padre". No sé el motivo, fue algo natural y espontáneo. Me pareció irrespetuoso lo contrario, aplicar un tratamiento formal para un hombre que, enseguida, se mostró como alguien familiar. Ahora, después de un año, mi relación con él me resulta algo increíble. Con una óptica religiosa, la considero un regalo de Dios. Con una humana, una suerte. No sólo haber podido llamar "padre" a un Pontífice, sino el haber conocido una persona especial: un hombre bueno, inteligente, agudo, imprevisible y con muchos matices. Que además era Papa.
Además, un buen amigo suyo.
Siempre pensé que yo pertenecía simplemente a un gran colectivo de personas a las que apreciaba. Pero fue al final, cuando me invitó estando él ingresado en el Hospital Gemelli de Roma, que entendí la amistad especial que nos unía. Me siento muy agradecido por aquello.
El día que murió, tanto en la Plaza de San Pedro como en todo el mundo, uno de los adjetivos que más se escucharon fue cercano. ¿Cómo era Francisco en persona?
Un hombre listo, una palabra que él empleaba a menudo. Listo entendido como inteligente, despierto, que sabía moverse, una persona intuitiva. Tenía un gran sentido del humor, era muy simpático. Era increíble ver cómo se movía, desde una parroquia hasta un palacio presidencial, con una desenvoltura con la que rompía el hielo, poniendo a prueba la humanidad de las personas. Uno de los aspectos menos conocidos de su personalidad fue su gran sensibilidad. Se preocupaba por los demás de verdad.
En el libro, afirma que "cambió la vida de todos" y "el corazón de muchos". ¿Cómo lo consiguió?
Lo logró de forma extraordinaria, no sólo en privado sino hacia todo el mundo, mostrarnos su lado más humano. Fue una persona extraordinariamente abierta. "Me gusta escuchar la vida de la gente cotidiana", es una frase que decía y que lo describe plenamente. Hablaba como los verdaderos sacerdotes que han pasado mucho tiempo entre la gente, entendiendo sus problemas. Sus respuestas, como él, siempre fueron concretas. Le gustaba averiguar el lado humano de las personas. Le hacía sentir bien, para no perder la perspectiva.
¿Por qué pasará a la Historia el Papa Francisco?
El Papa Francisco ha implicado un antes y un después. El concepto de Iglesia en salida, por ejemplo, es una puerta que él ha abierto y que será difícil de cerrar. Dio a todos la dignidad de sentirse parte de la Iglesia católica, en un auténtico cambio de percepción de la misma. Choque y encuentro, es así cómo llegó al corazón de todos: unos se han emocionado y otros no tanto. Pero nadie ha permanecido indiferente frente al Papa Francisco.
¿Puede recoger la esencia del Papa Francisco en una anécdota?
Es difícil escoger sólo una. Pero es imposible no recordar su último Jueves Santo en las cárceles de Roma. Para él aquello encerraba muchos significados: "¿Por qué ellos y no yo?", se preguntaba siempre. Lo hizo incluso cuatro días antes de fallecer, en la que sería su última Semana Santa. Lo veía como algo sagrado donde, tal vez, veía cuál era el sentido en sí de su ministerio. Humillarse ante los últimos.