Identificar: el instante en que empiezas a cambiar tu vida
Una de las lecciones más profundas que me dejó mi paso por la investigación de distintas terapias, fue entender algo aparentemente simple, pero transformador: identificar.
Identificar qué siento y desde donde viene la emoción y el pensamiento, que detona mis reacciones.
Platicando este tema con mis papás les decía, que el día que supe identificar desde donde venía el pensamiento o alguna incertidumbre, fue descubrir como cuando te dicen que Santa Claus no existe, fue así de revelador descubrir que IDENTIFICANDO todo comienza a tener sentido directo sin caer en un espiral sin fin, simplemente no hay vuelta atrás …. ¡Ahora ya lo sabes! y no te puedes hacer pato. Es fascinante porque ahora me detengo y comienzo a gestionar la energía que le doy a mis pensamientos
Desde que aprendí a identificar, descubrí que muchas veces la paz no llega pensando más, sino observando mejor.
Existe una inteligencia sutil y poderosa: la capacidad de observarte mientras piensas. De darte cuenta de lo que ocurre dentro de ti mientras está sucediendo, y créeme el camino es directo a la respuesta.
La mayoría vivimos atrapados dentro de nuestra mente, reaccionando automáticamente, defendiendo heridas antiguas, interpretando el presente desde experiencias pasadas. Pero pocas personas logran mirar su mente desde afuera. Y ahí comienza el verdadero cambio.
Porque el instante en que te preguntas: ¿De dónde nace esta sensación? ¿Por qué reaccioné así? ¿Por qué esto me activó tanto?
Y algo se empieza a modificar dentro de ti, tu cerebro deja de operar únicamente desde la reacción y comienza a entrar en conciencia.
Y esto cambia todo, durante mucho tiempo creímos que la personalidad era fija, que “así somos” y punto. Pero hoy la neurociencia habla de algo fascinante: el cerebro se adapta constantemente a la identidad que repetimos todos los días.
Cada pensamiento recurrente, cada emoción sostenida, cada historia que nos contamos sobre nosotros mismos fortalece conexiones neuronales que terminan convirtiéndose en hábitos emocionales.
Por eso hay personas que, aun cuando su vida mejora, siguen sintiéndose insuficientes.
Otras reciben amor, pero continúan esperando abandono.
Llegan oportunidades, pero el cuerpo sigue reaccionando desde la supervivencia.
Porque no vivimos según lo que deseamos, vivimos según lo que nuestro sistema aprendió a reconocer como familiar.
La identidad no cambia solo por entender algo intelectualmente, cambia cuando empezamos a observar nuestros programas inconscientes sin seguir obedeciéndolos.
Ese momento exacto donde reconoces el patrón, pero decides no actuar igual.
Donde sientes miedo, pero ya no permites que dirija tu vida.
Donde tu cuerpo quiere volver al personaje antiguo, pero tú eliges sostener una nueva versión de ti porque la honestidad con la que te hablas lo cambia todo
Y la vieja versión de ti comienza a sentirse más incómoda que la nueva.
Lo que antes era automático ya no encaja igual.
Las reacciones impulsivas desaparecen
Las heridas dejan de justificarse.
Los personajes que construiste para sobrevivir empiezan a quedarse pequeños.
Y aunque al principio el cambio se siente extraño, incómodo e incluso incierto, en realidad es una señal de que algo dentro de ti ya empezó a reorganizarse.
Porque la transformación verdadera no sucede cuando el mundo cambia primero, sucede cuando cambia el sistema desde el cual interpretas el mundo.
La realidad externa puede seguir siendo la misma, pero tus ojos ya no reaccionan igual, tu cuerpo ya no responde igual y tu mente deja de vivir secuestrada por historias antiguas.
Ahí empieza una nueva manera de habitarte.
Porque el día que aprendes a identificar lo que antes controlaba tu vida en automático, dejas de ser prisionero de tus patrones… y comienzas, por fin, a convertirte conscientemente en la persona que realmente viniste a ser.
Con cariño: Marcela.