La forma más realista de acercarse a la felicidad, según la psicología

La forma más realista de acercarse a la felicidad, según la psicología

Durante años, la felicidad se ha presentado como una meta incuestionable. Se habla de alcanzarla, de mantenerla, incluso de medirla. Sin embargo, desde la psicología, cada vez más especialistas advierten de que convertirla en un objetivo constante puede tener el efecto contrario: generar más frustración que bienestar.

La razón es sencilla, aunque a menudo se nos olvide. La vida emocional no se compone únicamente de momentos agradables. Pretender sostener un estado continuo de felicidad implica ignorar una parte esencial de la experiencia humana. La tristeza existe, por ejemplo. Así como la rabia, la incertidumbre u otras emociones que nos hacen tan felices. 

Mujer feliz bailando en una calle con una taza de café© Getty Images

El error de querer estar bien todo el tiempo

La psicóloga Pilar Conde sostiene que “la felicidad, entendida como la búsqueda de las sensaciones asociadas a la misma, va a ser frustrante, dado que a lo largo de nuestro día a día vamos a experimentar otro tipo de emociones, como frustración, tristeza o miedo. Por lo tanto, no dar espacio a todo tipo de emociones implica exigirnos mantener un estado emocional que no solo no es real, sino que es imposible”.

Este planteamiento introduce la idea de que no es realista aspirar a sentirse bien de forma constante. De hecho, esa exigencia puede convertirse en una fuente de malestar.

En esta línea, la experta afirma que “es una exigencia que no se va a cumplir, y lleva a la persona a sentir frustración e incapacidad, privándole de experimentar todas las emociones del día a día”.

Además, esta presión suele derivar en lo que se conoce como evitación emocional: el intento de apartar cualquier emoción incómoda, lo que, lejos de ayudar, intensifica el malestar a medio plazo.

Una pareja desayunando en la cama© Getty Images

Por qué buscar la felicidad puede generar más frustración

La paradoja es evidente: cuanto más se persigue la felicidad como único estado deseable, más difícil resulta alcanzarla. Y es algo que puede suceder, porque constantemente nos vemos bombardeados por mensajes, titulares e invitaciones a ser felices.

Según señala Pilar Conde, “si el enfoque de la felicidad es absolutista, es decir, centrado únicamente en experimentar emociones de alegría, sí es contraproducente, dado que llevará a las personas a no dar espacio a todas las emociones, que son necesarias en nuestra vida diaria”.

Este rechazo de las emociones consideradas negativas, como la tristeza, el enfado o el miedo, rompe el equilibrio emocional. En lugar de comprender lo que ocurre internamente, se intenta silenciarlo, lo que puede dar lugar a otros problemas emocionales.

Una mujer sonriente en la calle© believe_athletics

El papel de las emociones incómodas

Lejos de ser un obstáculo, las emociones incómodas cumplen una función esencial. Permiten interpretar lo que sucede, adaptarse a las circunstancias y tomar decisiones.

En este sentido, la experta explica que “la forma en la que nos relacionamos con estas emociones, así como el hecho de que aparezcan, nos permite comprendernos, atender lo que nos está sucediendo, darle sentido y aprender de ello”.

Aceptar estas emociones no implica resignación, sino una mayor capacidad de regulación. Supone reconocerlas, entender qué indican y permitir que sigan su curso sin necesidad de rechazarlas.

mujer con el pelo rizado sonriente mirando a cámara© Adobe Stock

La presión social por ser feliz

A esta exigencia interna se suma un factor externo cada vez más presente: la presión social por mostrarse feliz. Redes sociales, mensajes culturales e incluso determinados estilos educativos refuerzan la idea de que las emociones desagradables deberían evitarse.

Pilar Conde apunta que “la presión social hacia lo positivo se presenta como un factor de estrés. Lo vemos en las redes y en los estilos de crianza (‘no te enfades’, ‘no estés triste’, ‘no tengas miedo’)”.

Esta tendencia contribuye a idealizar la felicidad y a reducir el espacio para otras emociones, lo que puede aumentar la sensación de desconexión con la propia experiencia.

Una mujer feliz comiendo frutos secos© Getty Images

Cuando perseguir la felicidad aleja de lo importante

Uno de los riesgos menos evidentes de esta búsqueda constante es la desconexión de las propias necesidades. Las emociones no solo se sienten, también orientan.

Como señala la psicóloga, “las emociones tienen un papel y una función: nos permiten entender lo que nos está sucediendo, adaptarnos al contexto y a las situaciones, regularnos, atender y procesar lo que vivimos”.

Cuando se intenta evitar determinadas emociones, se pierde esa información. Y con ello, la capacidad de responder de forma ajustada a lo que ocurre.

Una mujer sonriendo© Getty Images

Bienestar emocional frente a felicidad constante

Por todo ello, frente a la idea de felicidad permanente, la psicología propone un concepto más amplio y realista: el bienestar emocional.

Tal como indica la psicóloga, “quien se siente estable y satisfecho, y da espacio a sus emociones sin que esto genere un desequilibrio emocional significativo, mostrará un mayor bienestar emocional”.

En cambio, cuando predominan la frustración, la ansiedad o la insatisfacción de forma recurrente, puede ser señal de que ese equilibrio no está presente.

La experta concluye recordando que también es importante construir "una vida con sentido, donde tengan cabida todas las emociones, no solo las agradables, desarrollando recursos para gestionarlas y fomentando una relación más amable con uno mismo”.

Este cambio de perspectiva no elimina las dificultades, pero permite relacionarse con ellas de una manera más saludable. En lugar de perseguir un estado ideal inalcanzable, se trata de construir una base emocional más estable, en la que todas las emociones tengan su lugar.